El culto a la Bona Dea era exclusivamente femenino, absolutamente prohibido a los varones. Fue Aurelia, la madre de Cesar, quien descubrió al intruso disfrazado de mujer. El motivo de la presencia de Clodio en los ritos sagrados era que este se había encaprichado de Pompeya, en aquel entonces la esposa de Cesar y anfitriona del evento.

Publio Clodio Pulcro (92 - 52 a.C)

Político romano de finales de la República, de origen patricio, pertenecía a la familia de los Claudii. Tras su cuestura en Sicilia, y con la aprobación por parte del Senado, Clodio abandona su rango de patricio al ser adoptado por Publio Fonteyo, perteneciente a la rama plebeya de su familia. Este hecho le permite optar al tribunado de la plebe en el que desarrolló un importante programa legislativo en el que cabe destacar: una ley frumentaria, para distribuir grano de forma gratuita, el restablecimiento de los gremios o colegios de trabajadores, y la prohibición a los censores de infringir cualquier castigo sin juicio previo.

Publius Clodius en los ritos de la Bona Dea

Plutarco,Los doce cesares”, narra en la biografía de Cesar el episodio de Clodio. Plutarco relata la historia de un Clodio todavía imberbe que, disfrazado de mujer, entra en la casa de Cesar en busca de Pompeya Sila, con la que tenía grandes dificultades para citarse debido a la estricta vigilancia de Aurelia.

Mientras esperaba, que la esclava de Pompeya informará a su ama de su presencia Clodio, fue descubierto por una criada de Aurelia, la voz varonil de Clodio le delató. Aurelia, alertada por los gritos de la doncella, ordenó cerrar puertas y cancelar los ritos. Sin embargo, las mujeres no consiguieron apresar al muchacho.

El juicio

Los hechos relacionados con los ritos de la Bona Dea condujeron a Clodio a un juicio en el que participaron importantes personajes de la élite romana y de la plebe. Gayo Escribonio Curión se encargó de la defensa y Marco Tulio Cicerón de la acusación.

Clodio, tras enviar a los familiares que podrían haber sido interrogados fuera de Roma, alegó que se encontraba esa noche en Terni en la casa de un amigo.

Sin embargo, Clodio no tuvo necesidad de probar su coartada puesto que las mujeres que estuvieron presentes en la profanación del culto, incluidas la madre y la esposa de Cesar, no fueron capaces de identificar a Clodio como el mismo hombre que se había introducido subrepticiamente en la sagrada morada pontificia.

Ante semejantes testimonios la sublime oratoria de Cicerón no fue capaz de impedir la absolución de Clodio.

Consecuencias en la política de Roma

El deseo de Cesar era que, una vez suspendidas las celebraciones, el lance clodiano no levantara gran revuelo, sin embargo, los enemigos de Julio Cesar vieron el caso como un motivo fácil para ridiculizar al que entonces ostentaba el cargo de Pontifex Maximus. Los senadores llevaron el suceso hasta el senado romano. Tras la investigación vino el juicio de Clodio y el repudio de Pompeya Sila. .

Cesar justificó el repudio de Pompeya alegando no a su culpabilidad, sino a la necesidad de que la familia del Cesar no podía albergar ni tan solo la sospecha.

La sentencia causó el furor entre la nobleza romana que no pudo impedir que el asunto se resolviera sin consecuencias y que Cesar, con un ligero retraso, partiera hacia la España Ulterior en calidad de propretor con imperium militar.

Tatum “Cicero and the Bona Dea Scandal” no duda en afirmar que el incidente en el culto de la Bona Dea es un elemento muy importante dentro de la carrera política de Clodio, ya que es a partir de entonces cuando se descubre su tendencia popular que culminará en el tribunado de la plebe.

Clodio supo observar el potencial apoyo como fuerza política constituido por la plebe urbana y esta le brindó popularidad y poder.

Clodio visto por Cicerón

A raíz de su fracaso como acusador en el juicio, Cicerón consideró a Clodio entre sus enemigos. Esta es la causa principal de que la figura de Clodio pasase a la historia como la de un ser en el que convergían los peores vicios tanto a nivel político como moral, en el se centraban todos los “defectos” de los populares, que Cicerón veía como potenciales destructores de la Republica, Clodio se nos presenta como un personaje sin escrúpulos, violento, irreflexivo, alborotador y de tendencias adúlteras e incestuosas.

Al respecto en su artículo “Cicerón contra Clodio”, Francisco Pina Polo afirma:

En una sociedad como la romana tardorrepublicana, tan importante es

moldear la imagen política y humana que uno desea mostrar de sí mismo a los

conciudadanos como generar una imagen negativa, aunque sea distorsionada, del

contrincante. Eso es lo que intenta en todo momento Cicerón: desacreditar a

Clodio. Es dudoso que lo consiguiera plenamente respecto a sus contemporáneos.

No obstante el punto de vista ciceroniano es ha dejado huella en la historiografía clásica.