La visión humanista aplicada a la psicología tiene sus orígenes en la década de los 60 del siglo pasado. Surge como la “tercera fuerza” en oposición a las corrientes predominantes en la época, representadas por el psicoanálisis y el conductismo, y rechaza aquellas teorías que circunscriben al ser humano como un mero producto de su ambiente.

Sus precursores contemplan y engloban al ser humano, el método y las patologías junto al tratamiento, en una relación muy directa con la tradición filosófica humanista. Este movimiento se organiza a partir de influencias filosóficas, culturales y sociales, además de las propiamente psicológicas.

La perspectiva humanista

Se podría decir que existen una serie de ideas básicas que definen la psicología humanista. Entre las más importantes está el valor que se le otorga al individuo como tal: a la libertad personal, el libre albedrío, a su capacidad creativa y a la espontaneidad. Al contrario de lo que ocurre con otras corrientes psicológicas, la psicología humanista presta una especial atención a la experiencia consciente. En general, su principal punto de mira se centra en todo aquello relacionado con la naturaleza humana.

La psicología humanista rehúye buena parte de los preceptos freudianos, ya que no comulga con la idea de analizar la psique humana partiendo de aspectos deterministas y enraizados en las vertientes más negativas del ser humano, como pueden ser el dolor, el sufrimiento, el odio, el egoísmo o los celos. La perspectiva humanista prefiere centrarse en aquellos atributos positivos como la felicidad, la generosidad, la autoestima o la satisfacción.

Los orígenes de la psicología humanista

Las raíces de la psicología humanista recogen conceptos de la fenomenología, aunque adoptando una perspectiva más amplia. También contempla aspectos de la teoría de la Gestalt, así como del existencialismo, tomando como referencia a los seres humanos en cuanto a su forma de entender la vida, huyendo de las especulaciones abstractas y del cientifismo racionalista. Igualmente bebe de fuentes filosóficas, en este caso representadas por Sartre, Kierkegaard, Unamuno o Heidegger, entre otros.

Entre sus máximos exponentes están Carl Jung, discípulo de Freud y fundador de la escuela de psicología analítica, Alfred Adler, creador de la psicología individual y precursor de la moderna psicoterapia, William James, profesor de psicología en Harvard y fundador de la psicología funcional, Abraham Maslow, pionero de la psicología transpersonal y uno de los máximos exponentes de la psicología humanista, Eric Ericsson, que modificó y amplió la teoría freudiana e hizo importantes contribuciones a la psicología evolutiva, o Gordon Allport, famoso por su teoría de la personalidad, lo que le convirtió, en cierta manera, en el padre espiritual de la psicología humanista.

La autorrealización de Maslow

Abraham Harold Maslow fue un eminente psicólogo estadounidense de origen ruso, y fue también quien introdujo el término de Psicología humanista.

A partir de sus investigaciones surgió la teoría de la autorrealización. Según Maslow, todo ser humano aspira a realizar todo su potencial mediante sus aptitudes y capacidades para alcanzar una sensación de plenitud. Para lograr esta autorrealización deben satisfacerse una serie de necesidades que guardan un orden jerárquico. En primer lugar están las necesidades fisiológicas a las que le siguen lo que atañe a la seguridad. Posteriormente están las necesidades de amor y pertenencia, seguidas de la necesidad de aprecio. Continuando esta escala aparecen las necesidades cognitivas –adquisición de conocimientos– y las necesidades estéticas –relacionadas con el arte–. El último escalón es la autorrealización; llegar a ser todo lo que uno es capaz de ser.

Esta jerarquía de las necesidades humanas es lo que se conoce como la Pirámide de Maslow, postulando que a medida que se satisfacen una serie de necesidades se aspira a otro escalafón de la pirámide, hasta lograr la autorrealización que, entre otros aspectos, contempla la moralidad, la aceptación de los hechos, la resolución de problemas, la falta de prejuicios o la creatividad.

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