Son más bien recientes las aportaciones de la psicología en el campo de la investigación criminal. No fue hasta el 1970 en Estados Unidos cuando se estableció el perfil psicológico del criminal como técnica de investigación policial gracias a la creación de la Unidad de Ciencias del Comportamiento del FBI. Esta técnica se continúa utilizando en la actualidad, principalmente en homicidios y violaciones, contribuyendo a arrojar algo de luz sobre las investigaciones.

La diferencia entre un asesino simple y un asesino en serie radica en el hecho de que el asesino serial mata de forma reiterada, a un mínimo de tres personas, de forma individual y sin móviles claros, según la definición de Holmes y De Burguer (1988).

Clasificación de los asesinos en serie

  • Asesinos en serie organizados: preparan de forma meticulosa el crimen, toman precauciones con el fin de no dejar huellas, suelen buscar un lucro económico, ganancia personal o gratificación sexual y son más difíciles de capturar por la policía. Normalmente no conocen a su víctima.
  • Asesinos en serie desorganizados: sus crímenes no suelen ser premeditados o están mal planeados, dejan muchas huellas, tienen un móvil extraño o buscan gratificación sexual aberrante, son detenidos fácilmente o suelen entregarse. Pueden tener algún tipo de relación con la víctima.

Escena del crimen

Según el tipo de asesino en serie del que se trate encontraremos diferencias en la escena del crimen.

En el caso de los asesinos organizados, podemos descubrir que el autor ha intentado evitar ser identificado a través del control de la escena. Puede haber desplazamiento de la víctima, el arma ha sido recogida y no hay agresividad innecesaria, pero sí personalización de la víctima.

Por el contrario, la escena de un asesino desorganizado es caótica, con evidencias de lucha, huellas y despersonalización de la víctima. El arma utilizada suele ser de oportunidad, como si se tratase de una agresión espontánea o violencia repentina. Si hay evidencias de abuso sexual, suelen ser post-mortem.

Enfermedad mental detrás del asesino

Se ha especulado mucho acerca de la perturbación mental que sufren las personas que cometen crímenes atroces. Una de las fuentes principales de conocimiento acerca de la clase de personalidades capaces de matar a sangre fría es el cine que, además de haber reflejado a lo largo de su historia un gran número de trastornos psicológicos, nos ha impactado con relatos realmente espeluznantes relacionadas con los asesinatos en serie.

En lo que respecta al ámbito de la psicopatología, podemos hablar de dos tipos de trastornos relacionados con la actividad criminal:

  • Psicopatía: dentro de la personalidad psicopática encontramos el trastorno antisocial de la personalidad que cuenta con características como un nivel normal o superior de inteligencia, tendencia a la mentira y manipulación, crueldad, falta de remordimientos, poca capacidad de juicio y dificultad para aprender de la experiencia. Normalmente, carece de relaciones afectivas sanas y pueden adoptar una personalidad encantadora y carismática.
La psicopatía está más relacionada con el perfil del asesino en serie organizado. Algunas parafilias como el feticihismo o la necrofilia suelen acompañar en numerosas ocasiones este tipo de asesinatos.

  • Trastornos psicóticos: engloban una serie de trastornos entre los cuales destaca la esquizofrenia. La principal característica es la pérdida de contacto con la realidad, además de la posible presencia de delirios y/o alucinaciones y unas capacidades cognitivas y volitivas disminuidas.
Esta clase de trastornos se corresponden con el perfil del asesino en serie desorganizado.

¿Existe tratamiento para los asesinos en serie?

No son muy conocidos pero existen algunos tratamientos específicos para criminales que se llevan a cabo en algunas instituciones penitenciarias.

  • DEVI: programa de Delitos Violentos
  • SAC: Sexual Agresión Control
  • VIDO: programa de Delitos de Violencia Doméstica
Son programas intensivos desarrollados en el marco de las técnicas cognitivo conductuales. La intervención es de carácter individual, grupal y familiar, de larga duración y llevada a cabo por equipos multidisciplinares especializados en el tratamiento de la conducta violenta.

Estos programas comenzaron a ponerse en práctica en algunas prisiones de Cataluña durante los años 1996 y 1997 y están en continua revisión y adaptación.