El acervo cultural popular da cuenta de cientos de dichos que, expresados de muchas maneras, muestran la composición de los pensamientos comunes y recurrentes.

Se van transmitiendo de generación en generación, muchos de ellos de una manera tan soterrada que no nos damos cuenta de cómo van impregnando la cosmovisión de pueblos y sociedades, constituyéndose en el tejido del pensamiento masivo.

Algunos están llenos de sabiduría popular, de esa que se consigue a fuerza de repetición y de ensayo y error. Sin embargo, otros son lugares comunes productos de estereotipos y conceptos falsos, pero que repetidos hasta la saciedad parecen correctos.

A continuación, la reacción frente a algunos de esos dichos que sirven de justificantes del derterminismo, del destino, del fatalismo y de una visión pesimista de la existencia humana.

El que nace chicharra muere cantando

Otras variantes de la misma idea dicen: "El que nace burro muere rebuznando"; "El que nace para mulo del cielo le cae el arnés" o "El que nace para centavo nunca llega a dólar".

Es un lugar común, pero obedece a un pensamiento fatalista.

Se supone que una persona no debe luchar contra su destino, que debe aceptar de manera pasiva que los "astros", "la divinidad" o cualquier otro poder externo determine su vida.

La historia revela la falsedad de este concepto. Muchas personas han nacido en condiciones deplorables y a fuerza de tesón, voluntad y confianza han logrado construir vidas extraordinarias.

Creer en este dicho es renunciar a la reflexión positiva y negar las evidencias que muestran lo contrario.

Aunque la mona se vista de seda, mona se queda

Cuántas veces al escuchar esta frase absurda, la gente ríe con complicidad como si se estuviera diciendo una verdad probada, cuando no es más que un estereotipo que no admite un análisis serio.

Otras versiones del mismo dicho dicen: "Mona queda aunque se vista de seda", o una variante caribeña: "Bacalao, siempre bacalao, aunque venga disfrazao".

Supuestamente las personas no deberían aspirar a ser otra cosa que "mona", y aceptar la "fealdad" de las "monas" (con respeto a esos hermosos animales cuya belleza es extraordinaria en su contexto).

El determinismo de esta idea es evidente. Aceptar que la realidad sea un destino, es negar que el ser humano posee voluntad y capacidad para cambiar las condiciones de su existencia.

De tal palo tal astilla

Otra necedad popular, que supone que la herencia determina. Una variante de este "mal dicho" sería "Hijo de tigre sale manchado".

La realidad es muy distinta. Padres extraordinarios no necesariamente generan lo mismo en sus hijos, y a la inversa; padres que han hecho un desastre de sus vidas, tienen hijos que logran ser gente reconocida y exitosa.

Se heredan los rasgos físicos, ciertas capacidades, pero no es prerrogativa heredada el decidir qué hacer con la vida, qué caminos tomar, dónde ir, qué proyecto de vida construir, dónde vivir, etc.

Un hijo no tiene por qué repetir los éxitos ni fracasos de sus progenitores. Cada persona es arquitecto de su propio porvenir.

Unos nacen con estrella, y otros nacen estrellados

Una variante diferente del dicho anterior, pero el supuesto es el mismo: "No se puede luchar contra el destino".

El mundo griego fue determinista. Transmitieron a Occidente la idea que las estrellas controlan nuestro futuro.

Esa idea ha sido fuente de muchos sinsabores para millones de personas que han luchado denodadamente para salir de un contexto determinista. Una persona emocionalmente inteligente no debería admitir ningún condicionamiento determinista; esto no sólo niega la libertad, sino que convierte al ser humano en una máquina sin voluntad.

Genio y figura hasta la sepultura

Muchos grandes personajes de la historia niegan este dicho cargado de fatalismo.

Ha habido genios y personas que han tenido todo para triunfar y han terminado sus vidas en un patetismo triste. Otros, teniendo todo en contra, habiendo superado miles de obstáculos insalvables, han logrado salir adelante y convertirse en personas de éxito y plenas.

El que con monos se cría mono se queda

Una versión distinta de la misma idea sostiene: "El que de pocilga viene en pocilga muere".

Esta vez el dicho asume que el contexto en el que se forma una persona es determinante para su vida.

La realidad es otra. Se puede ser hijo de un santo y terminar siendo el más mísero de los seres humanos; o a la inversa, vivir entre ladrones y convertirse en una persona honrada.

El contexto influye, pero nunca determina. Si fuera así, ¿cómo explicar todos los casos de personas que teniendo contextos míseros a su alrededor se han convertido en antípodas de sus realidades de nacimiento?

No les des habas al que no tiene muelas

En el pasado, y probablemente en el presente, muchos han sufrido de discriminación simplemente porque algunos creen que las condiciones en que han nacido no les permiten ser otra cosa.

La historia demuestra que en muchas ocasiones los "expertos" se equivocan en sus apreciaciones respecto a las personas.

Es inspirador ver a personas que no han hecho caso a los determinismos de sus pares y han logrado superar las condiciones más adversas: físicas, mentales, sociales y morales.

Conclusión

No es fácil luchar contra la "cultura popular". Es más, en ocasiones quien se oponga a estas ideas es visto como subversivo o ignorante, cuando en realidad la majadería está en seguir repitiendo frases que no sólo muestran un fatalismo absurdo, sino que además no contribuyen al desarrollo emocional de las personas.