Mientras muchos niños y jóvenes colombianos se dirigen hacia sus lugares de estudio, Cindy, (nombre que protege su identidad) una niña de 14 años, camina hacia una residencia vieja de Bogotá para descansar, luego de una larga jornada nocturna en la que se expone a los peligros de la prostitución. Hace 6 meses ella tuvo que venderse para escapar del maltrato físico de su padre. Desde ahí, su vida dio un giro total.

Historias como la de Cindy, existen miles, algunas inimaginables. Unicef estipula que en Colombia más de 35 mil niños y niñas, entre los 8 y 17 años, son víctimas de explotación sexual y que un gran número de ellas sufren problemas físicos y psicológicos, lo que impide su integración en un entorno social normal.

Aunque la prostitución es un problema que profesionales de diferentes áreas sociales han tratado, son muy pocos los resultados positivos obtenidos. Terminar con este tipo de vida, al que han tenido que optar muchas personas en el mundo, sería pretender acabar con la pobreza; y no se trata de discriminaciones. Más allá de responder a temas económicos, la explotación sexual es un conflicto social y cultural que obedece a conductas y modelos de educación familiar errados entre padres e hijos.

¿Por qué la prostitución?

Violencia física, conflictos familiares, padres adictivos, crianza a través de terceros, abandono, embarazos no aceptados y obligaciones que imponen padres sobre sus hijos, son las principales causas de por qué tantos menores llegan a esta clase de trabajos.

"La prostitución es una opción de supervivencia, un modo de desaparecer de los problemas que se viven en el interior de los hogares colombianos. Estos aspectos son aprovechados por personas que se dedican al negocio para ofrecerles trabajo, alimentación y hospedaje", explica Sandra Duque, psicóloga infantil.

La enorme necesidad por ganar dinero hace que, por ejemplo, cientos de niños lleguen a otros países engañados. Personas sin escrúpulos convencen a sus familias o a ellos mismos de ir a hacer otro tipo de trabajos y acaban siendo integrantes de redes de prostitución. Países como Japón, Holanda y España concentran el mayor número de estos destinos de prostitución.

En el caso colombiano, en la zona caribeña es frecuente encontrar barrios invadidos de jovencitas esperando por turistas para acompañarlos y complacerlos en lo que les pidan. Algunas reciben hasta 300 dólares y otras, según la zona, entre 3 y 4 dólares.

En esta región del país, en sectores muy marginales, no es extraño ver que un familiar "vende" a una niña a cualquier hombre a cambio de recibir periódicamente el sustento familiar. El 90% de las jóvenes sienten frustraciones y culpas que las conducen a consumir alcohol y drogas.

Vicios y problemas físicos

A pesar de que un bajo porcentaje de niños y niñas tratan de vincularse a la sociedad desempeñando otro tipo de actividades, hay quienes intentan dejarlo pero no pueden hacerlo y reinciden o simplemente se sumergen en otro tipo de vicios que acaban con sus vidas.

El caso de Cindy ha sido ajeno a otro tipo de refugios como la droga. Sin embargo, Marcela (nombre que protege su identidad), una joven de 16 años, corre otro tipo de suerte. Todo el dinero que ella pueda hacer en una noche lo gasta en basuco y marihuana.

Según Marcela, es su forma de sobrevivir al trabajo. "A veces me gustaba salir con mis amigos a bailar pero ya no puedo porque me siento enferma", afirma Marcela, quien lleva 2 años en la prostitución y 8 meses en las drogas.

La Cámara de Comercio de Bogotá estudia diferentes casos en los que un alto número de jóvenes tienen enfermedades de transmisión sexual y, dentro de ese rango, la gran mayoría no tiene idea de lo que es el VIH-SIDA. De lo único que parecen estar conscientes es del uso del preservativo, exigen al cliente que lo utilicen pero si les pagan más por no hacerlo, ellas acceden.

¿Hacia dónde va la prostitución?

Miles de mujeres, niños y jóvenes quieren salir de este mundo, pero tanto las cifras de desempleo como los conflictos sociales que aquejan a Colombia hacen de ésta una labor difícil.

Las autoridades colombianas han logrado, en los últimos 10 años, desvincular bandas dedicadas al tráfico de menores y rescatar a un gran número de mujeres jóvenes, víctimas de redes de prostitución.

La creación y el trabajo de instituciones y fundaciones que ayudan a esta población no ha sido en vano.

Fundación Vida nueva, Fundación Esperanza y varias más, luchan día a día para que el mundo de la prostitución no sea un problema de generaciones, ya que existen historias en las que se repiten casos de abuelas, madres e hijas del mismo núcleo familiar.

El trato digno es otra parte fundamental para la recuperación y el reconocimiento de las propias víctimas en la sociedad: "Trabajamos mucho con los hijos en prevención y apoyamos la educación y la parte espiritual que es bien importante; tenemos capacitación pre y post sacramental y acompañamientos de muchos sacerdotes. Además, un programa de educación para hijos de ellas, que no han tenido ningún tipo de escolaridad", cuenta Nohora Cruz, directora de la Fundación Vida Nueva, para la organización "Somos más" de Colombia.

Actualmente, son más los esfuerzos de este tipo de instituciones que del mismo gobierno. Algunos políticos del país como la senadora Gilma Jiménez, gran protectora de los derechos de los menores, han querido trabajar en pro de las normas que deben regir para brindar mejores condiciones de vida a esta sociedad vulnerable. En Colombia hay mucho por hacer y por debatir ante la moral de una sociedad que se atreve a considerarse "muy libre".

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