Llega el buen tiempo y junto a él las ganas de salir y tomar el sol, ya que es un magnífico antidepresivo que levanta el ánimo y mejora nuestro humor. Además, nos proporciona una agradable sensación de bienestar y nos broncea mejorando nuestro aspecto.

Los médicos aseguran que el sol nos va a hacer bien al cuerpo y a la mente; por eso, con la llegada de los meses con más luz solar, nos predisponemos a tener más actividad al aire libre, hacer más deporte, pasear y, de paso, ponernos guapos mientras nos beneficiarnos de sus aportes.

Pero los especialistas también nos advierten de los peligros de una exposición excesiva al “astro rey”. De nosotros depende hacer caso y tomar las medidas de precaución necesarias. La responsabilidad es siempre nuestra.

El sol es bueno

La parte buena de tomar el sol es que la radiación UV permite producir vitamina D, que actúa en nuestro organismo de forma muy benefiosa. Según la revista Sportlife, líder en España en deporte y salud, algunos de estos beneficios son:

  • Mejora el aspecto de la piel: Además de embellecer, el bronceado se asocia con un mejor estado de salud. Igualmente, el sol es recomendable si tenemos problemas de acné o psoriasis.
  • Bueno para la hipertensión: El sol disminuye la presión sanguínea. Provoca una vasodilatación de los vasos sanguíneos superficiales y aumenta la circulación de la sangre en la piel, disminuyendo los valores de presión arterial.
  • Es antidepresivo: El sol es bueno contra el cansancio, la depresión y el estrés. Los rayos UV aumentan la producción de un neurotransmisor relacionado con la sensación de bienestar: la serotonina, que también interviene en la temperatura del cuerpo.
  • Estimula la inmunidad: El sol es capaz de aumentar el número de glóbulos blancos o linfocitos, las células encargadas de la primera defensa frente a la infección.
  • Mejora la calidad del sueño: Nuevamente, los rayos UV actúan en otra hormona: la melatonina, que, entre otras cosas, regula los ciclos de sueño.
  • Fortalece huesos y dientes: los rayos UV ayudan a producir vitamina D en la piel, muy importante para la mineralización de los huesos al favorecer la absorción del calcio y el fósforo y evitar su pérdida en el riñón.
  • Bueno para el colesterol: Las grasas se disuelven al sol. Así, los niveles de colesterol son menores en verano, en parte porque la luz UV es necesaria para metabolizar el colesterol. Al tomarlo con más frecuencia, evitamos que se pegue a las arterias.
  • Ayuda a prevenir el cáncer: La luz solar y el efecto protector de la vitamina D frente a los tumores ayuda a proteger del cáncer de mama, colon, ovario, vejiga, útero, estómago y próstata, así como de los linfomas.
  • Favorece la vida sexual: Al parecer, el sol tomado con moderación aumenta los niveles de testosterona en la sangre, y esta hormona es una de las responsables del apetito sexual.
  • Reduce el riesgo de padecer esclerosis múltiple: La exposición solar en la infancia reduce el riesgo de desarrollar esta enfermedad en el futuro y, una vez más, parece que es gracias al aumento de los niveles de vitamina D.

Pero el sol también puede ser malo

Del mismo modo que hablamos de los beneficios, es necesario insistir en las precauciones que debemos tomar en playas, piscinas o en la montaña. Por mucho que se avise, por lo general, no somos muy conscientes de los peligros de una excesiva exposición al sol.

La debilidad de la capa de ozono hace que estemos más expuestos a la radiación solar. En este punto, debemos tener especial cuidado con los niños, ya que son más vulnerables al tener la piel más delicada. Bajo ningún concepto deben recibir el sol de manera directa.

En este sentido, los principales problemas con los que nos podemos encontrar si no tomamos el sol con las debidas precauciones son:

  • Quemaduras provocadas por una exposición excesiva.
  • Deshidratación, que es la pérdida excesiva de agua y sales minerales.
  • Estados febriles.
  • Insolaciones (dolores de cabeza).
  • Cáncer de piel.

Precauciones

Para evitar estos peligros, la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME) recomienda utilizar siempre el mayor índice de protección posible al tomar el sol, aunque nuestra piel sea morena, y explica que el bronceado no depende del factor de la crema solar, sino de la capacidad de la piel para fabricar melanina, defensa natural ante el sol.

Igualmente, desde la Asociación para el Autocuidado de la Salud (Anefp) se nos advierte de que la piel constituye el órgano más extenso del cuerpo, protege nuestro organismo y actúa como barrera contra los agentes externos y, por ello, debemos brindarle todos los cuidados necesarios para mantenerla sana. Nos aconseja tomar algunas precauciones:

  • No tomar el sol entre las 12:00 y las 16:00 horas.
  • Aplicar el protector solar adecuado media hora antes de tomar el sol, renovarlo cada 2 horas o después de cada baño y hacerlo en cantidad suficiente, cubriendo toda la superficie corporal expuesta.
  • Evitar llevar ropa que deje amplias zonas de la piel al descubierto.
  • Utilizar protectores labiales para evitar quemaduras, deshidratación y sequedad. Los labios carecen de protección natural contra las radiaciones UV.
  • Utilizar gafas de sol para proteger los ojos.
  • Evitar el uso de productos cosméticos, perfumes y lociones que contegan alcohol, ya que irritan la piel.
  • Hidratar el cuerpo con ducha y crema hidratante después de tomar el sol.
  • Beber mucha agua (o bebidas isotónicas) para reponer las pérdida de agua y sales minerales, indispensables para el organismo.
Así, con el buen tiempo procuramos tomar el sol por los beneficios evidentes para la salud y para alcanzar un bronceado natural. Pero no podemos olvidar que una prolongada exposición a sus rayos puede traernos graves problemas si no la hacemos de forma responsable.