El triptófano es uno de los 20 aminoácidos esenciales y como tal, nuestro organismo necesita obtenerlo del exterior, dado que no estamos capacitados para producirlo. Se ha observado que en determinados estados carenciales, un bajo nivel de dicha substancia puede provocar alteraciones del sueño, síntomas depresivos y ansiedad.

Funciones básicas del triptófano

En efecto, el triptófano es un aminoácido esencial y como tal, es la materia prima para generar proteínas. Pero además, está directamente relacionado con la liberación y síntesis de la serotonina en el cerebro. La serotonina es un neurotransmisor (una substancia química que se encarga de transportar información de una neurona a otra) llamada también "hormona del placer", puesto que está implicada en procesos como la regulación del apetito, el deseo sexual, la angustia, la ansiedad y el miedo. Por ello, un descenso significativo de serotonina puede desencadenar un aumento de la ansiedad, de la agresividad, un cuadro depresivo o problemas para conciliar el sueño (debido a que también es responsable de la fabricación de la hormona melatonina, que regula el ciclo de sueño-vigilia).

Siguiendo esta línea, en su libro La revolución de las medicinas (Editorial Paidotribo, 2001), Thierry Souccar cita algunos estudios científicos en que se administró esta substancia a determinados pacientes aquejados de depresión ligera, en contraste con un grupo placebo y un grupo al que se administró amitriptilina (un antidepresivo tricíclico). Los resultados obtenidos apuntaron que los pacientes tratados con triptófano manifestaban una mejora similar a la de los tratados con amitriptilina y ambos grupos obtuvieron mejorías significativas en relación al grupo placebo.

Otra de las características del triptófano es que puede ayudar a sintetizar y eliminar las grasas dada su implicación en la liberación de la hormona del crecimiento. También la serotonina afecta directamente en la sensación de apetito, por lo que puede ayudar a controlar el peso en problemas de ingesta por ansiedad.

También se están haciendo investigaciones para determinar su eficacia en pacientes aquejados de migrañas, dolores dentales o los provocados por algunos cánceres puesto que los núcleos cerebrales en los que interviene la serotonina tienen relación directa con este tipo de patologías (los núcleos del rafe). Otros estudios recientes también analizan la repercusión que puede tener en la fibromialgia: por lo visto, se ha observado que los pacientes aquejados con esta patología muestran un bajo nivel de serotonina por una mala absorción del triptófano a nivel digestivo (Miranda, Juan Pablo et al, "Opioides y Gabapentoides en el tratamiento de la fibromialgia", revista El Dolor, julio de 2008).

¿Para qué se recomienda tomar triptófano?

El triptófano básicamente se consigue con la ingesta de algunos alimentos (leche, quesos, huevos, algunos frutos secos, jamón, entre otros). Sin embargo, en algunos casos no es suficiente con la cantidad que se obtiene con la dieta, y tampoco es efectivo si no se tienen niveles suficientes de magnesio y vitamina B6, puesto que ambas substancias se encuentran directamente involucradas en la metabolización del triptófano en serotonina.

Actualmente, se comercializa un derivado del triptófano, el 5-HTP, que estaría más cerca de la composición química que nuestro organismo utiliza y, por ello, sería más efectivo. También se recomienda tomarlo con un intervalo de mínimo 30 minutos de cualquier comida para evitar que el organismo lo utilice para la fabricación de proteínas. Aunque parecería más fácil administrar directamente serotonina a los pacientes que manifestaran bajos niveles en plasma de dicha substancia, es importante recordar que este neurotransmisor no atraviesa la barrera hematoencefálica, por lo que solo podemos aumentar la cantidad de la misma enviando un elemento que ayude al sistema nervioso a fabricarlo en mayor cantidad (o mantenerlo durante más tiempo en las conexiones neuronales para que sea más efectivo).

Algunas opiniones contrarias a su utilización

Como pasa con la mayoría de productos novedosos, la comunidad científica cuenta con voces discrepantes respecto a su fiabilidad. Durante los años ochenta fue una substancia muy estudiada con fines terapéuticos, pero una intoxicación con una partida contaminada en Estados Unidos que afectó a más de 1.500 personas interrumpió su utilización, dado que no se acabó de concretar si el aminoácido había sido del todo inocente en el incidente. A partir de este momento y hasta hace bien poco se había abandonado su estudio y sus posibles aplicaciones terapéuticas.

Otros expertos en la materia (como el Dr .Víctor Navarro, colaborador de Forumclínic del Hospital Clínic de Barcelona) defienden que su uso no es efectivo, puesto que "los estudios realizados hasta el momento sugieren que la administración de cantidades extras de tirosina y triptófano no se asocia a un aumento de los niveles de serotonina, noradrenalina y dopamina en el cerebro". Dicho de otro modo, cuando nuestro organismo detecta una cantidad excesiva de una substancia no la procesa sino que la elimina; solo la utilizaría en caso de detectar una carencia.

En definitiva, aunque todo apunta a que hay una correlación entre ciertos niveles de triptófano en el organismo y un estado emocional positivo, lo que todavía está por determinar es hasta qué punto la administración continuada de esta substancia aumenta significativamente los niveles de los neurotransmisores implicados en patologías como la depresión, el trastorno bipolar o la ansiedad. Los estudios científicos que se realicen a partir de ahora determinarán si se trata de una alternativa válida para las personas afectadas por estas dolencias, dado que los escasos efectos secundarios que produce aumentarían su calidad de vida.