Durante siglos en Europa el tabaco ha sido compañero del hombre como un artículo de placer desde el primer momento. La mujer se sumó a este hábito social paralelamente al desarrollo de sus libertades, que en la mayoría de los países sería a partir del final de la II Guerra Mundial y en el caso de España, bien entrada la década de los setenta del pasado siglo.

Se tiene la certeza histórica que el primer fumador europeo fue un hombre, uno de los marineros del almirante Colón, Rodrigo de Jerez, quien a su vuelta a España siguió con la costumbre aprendida de los nativos cubanos de fumar una planta que llamaron tabaco, quizás por el tabac, que era como nombraban al tubo de madera donde la prensaban. Y este marino fue también la primera víctima del tabaquismo. Introducir esta nueva moda le costó un alto precio, la Inquisición le encarceló por practicar algo tan humeante e infernal como el echar fuego por la nariz y la boca.

Hábito social universalmente aceptado

El siglo XVI es la plena Edad Moderna en la vieja Europa, es desde luego el mejor momento para consolidarse un hábito, el fumar, que adquirió elementos tanto de signo aristocrático como popular desde sus comienzos. Fue algo así como el consumo del vino, que acompañaría a los grandes banquetes, pero también a las celebraciones populares. El paso de los años no hace más que acrecentar el carácter de costumbre social, que acompaña las veladas de sobremesa y las reuniones sociales de todo tipo.

Los románticos del XIX consolidan su rol de innovación social. Sólo es moderno el que fuma. Se entra en el siglo XX y el tabaco adquiere su verdadera dimensión, descubre su lado más oscuro. Es la droga que ayuda a los soldados a sobrellevar en las trincheras lo inhumano de una contienda mundial. Llegan los años cuarenta y el cigarro está en su máximo esplendor, es cuando la industria de Hollywood y la industria tabaquera se alían en los labios de las más glamurosas estrellas del cine.

El tabaco: de compañero fiel del protagonista a malo de la película

El humo del tabaco que envuelve el rostro pétreo de Humphrey Bogart en la película “Casablanca”, el cigarrillo en la comisura de los labios de Clark Gable cuando cabalga en “Vidas rebeldes”, o incluso, los pitillos en la boca de Lauren Bacall, Bette Davis, Carole Lombard, Barbara Stanwyck o Myrna Loy, son sólo algunos de los ejemplos del uso de la imagen de los actores en la época dorada del cine americano para impulsar la aceptación social del consumo del tabaco, una de las industrias más influyentes de la economía mundial.

Un estudio sociológico de varias universidades de los EEUU, demuestra que hoy día estas secuencias con los carismáticos fumadores siguen teniendo un fuerte tirón publicitario a favor del consumo de cigarrillos, precisamente ahora que está regulada universalmente (por la OMS) la prohibición de publicitar tabaco (y alcohol, el otro viejo vicio social).

Sin embargo, los movimientos sociales y los progresos científicos en la década de los sesenta del pasado siglo van a ir configurando los cambios de actitud hacia el tabaco en las sociedades occidentales. Las investigaciones médicas no dejan lugar a dudas sobre la responsabilidad del tabaco y su adición, el tabaquismo, en las enfermedades de pulmón y corazón más mortales.

Cruzada de salud pública

En la actualidad, se preparan leyes antitabaco muy restrictivas en todos los países europeos. En España, la nueva ley de prohibición de fumar entrará en vigor el 2 de enero de 2011 y supondrá que en espacios públicos cerrados de cualquier tipo no se podrá encender un cigarro. La mayoría de la población está concienciada y asume que se trata de una gestión más a favor de la salud general.

No obstante, este tipo de prohibiciones tan rigurosas siguen afectando al entramado social que se montó alrededor del tabaco. Como decíamos, el cigarrillo está asociado al ocio, al placer, desde sus inicios en la historia moderna, por lo que bares, restaurantes y lugares de tradicional reunión lúdica y social se verán abocados a renovarse, a hacer el mayor sacrificio en este nuevo papel que la sociedad ha dado al tabaco.

Quizás estemos comenzando a ver el principio del final de un fenómeno social, el tabaco, que empezó su historia en Occidente hace más de 500 años.