
- Drug prohibition: harmless? - BasuraBlog
El experimento de la prohibición de drogas, justificado en la preservación de la salud pública y en un afán de control de las sustancias, ha supuesto el efecto contrario al que pretendía: merma de la salud pública (adulteraciones, contagios, aumento del número de usuarios...) y un descontrol difícil de reparar debido a las desorbitadas sumas de dinero negro puestas en circulación, con el consiguiente impacto en especulación inmobiliaria, corrupción política o mafias.
Frente a su función teórica como instrumento de la voluntad popular, la legislación se ha empleado en ocasiones como arma de la mayoría para criminalizar a las minorías, distanciándose del objetivo ideal de justicia. Se trata de una intromisión en la libertad personal que, para colmo, no ha conseguido sino agravar el problema que pretendía subsanar.
Escaso beneficio
La prohibición supone desterrar a las sustancias de los procesos farmacéuticos de control de calidad. Los informes del Observatorio Europeo de Drogas y Toxicomanías muestran una tendencia al aumento en los consumos, en el tráfico y en el número de detenciones, sin que se pueda establecer relación directa entre represión y consumo. Pese al enorme desembolso social, los beneficios resultan prácticamente insignificantes.
El informe de 2008 afirma: "En los últimos cinco años se ha incrementado en Europa el número de notificaciones de infracciones a la legislación antidroga. La mayoría […] están más relacionadas con el consumo y la posesión para el consumo que con el suministro y, si bien el número de infracciones relacionadas con el suministro de drogas ha aumentado en un 12%, el número de delitos relativos a la posesión de drogas se ha incrementado en más del 50%".
Como afirma Jonathan Ott en Pharmacotheon, "la guerra contra las drogas fomenta y propaga enfermedades venéreas, impide la investigación biomédica y corrompe a la sociedad, obstaculizando el sistema judicial". Las sustancias causantes de ebriedad, legalmente utilizadas, de manera natural, durante milenios, nunca suscitaron el mayoritario problema que suponen en la actualidad.
Represión
Cualquier nueva iniciativa legal debería someterse a un análisis en términos de eficacia y seguridad. En este sentido, la ley antidroga, con menos de un siglo de vida, arroja cifras preocupantes, mientras que los gobiernos eluden con insistencia su diagnóstico, que forzaría el planteamiento de estrategias diferentes. En su lugar, se persevera en la actitud represiva, más centrada en castigar al consumidor que en reducir la oferta, con una eficacia marginal, en un vano intento por cambiar el comportamiento de la sociedad.
Según el último informe de la Comisión Europea, la estrategia internacional contra las drogas entre 1998 y 2007 no ha conseguido que haya menos consumidores, ni menos violencia, ni más dificultad de acceso a los estupefacientes. Al contrario, "se amplió el número global de consumidores de cocaína y heroína", y su precio se ha abaratado en un 24% y 13%, respectivamente.
"No hay indicios de que las drogas sean más difíciles de obtener", concluye el análisis. Además, menciona las negativas consecuencias de las políticas de control de drogas, destacando que las drogas prohibidas generan grandes ingresos ilegales que alimentan la corrupción y la violencia.
Los ingentes fondos económicos destinados a la represión podrían ser utilizados con fines constructivos, hacia la normalización y regulación definitiva de las drogas, que engrosarían las arcas estatales con sus gravámenes, ofreciendo a los usuarios garantías y controles de calidad sobre los productos consumidos.
Las políticas sobre drogas han de tener en cuenta a los consumidores para construir una sociedad integradora, reducir riesgos y evitar los daños que pudieran derivarse de un uso incorrecto de las sustancias.
Sentido común
Mo Mowlan, ex ministra por Irlanda del Norte, afirmaba en The Guardian el 9 de enero de 2003: "Las drogas en este país son casi más fáciles de conseguir que el alcohol: […] un número importante de personas, sobre todo adolescentes y jóvenes, fuman marihuana y muchos consumen también éxtasis y cocaína. No son delincuentes; son personas que usted conoce. Es gente que perfectamente podría estar sentada junto a usted en el trabajo, o viviendo en su casa. Y se les está obligando a un contacto casi diario con el crimen organizado. ¿No es una situación delirante?".
Mowlan añade: "Deberíamos encontrar algo de sentido común […] y empezar a pensar cómo legalizar las drogas y cómo despenalizar nuestra sociedad. Reconozcamos la realidad y empecemos por reducir la cantidad de presos que están saturando las prisiones. Empecemos a distribuir las drogas a través de establecimientos autorizados y debidamente regulados […] Admitamos que lo estamos haciendo mal, dirigiendo nuestros miedos y prejuicios contra ciertas drogas para cumplir unas políticas obcecadas que tienen efectos sociales nefastos".
Solución
"La legalización es la solución menos mala" (The Economist). Ésta implica la derogación de los convenios y convenciones internacionales antidroga: Convención Única de Estupefacientes (1961), Convenio sobre Sustancias Psicotrópicas (1971) y Convención de la ONU contra el Tráfico Ilícito de Estupefacientes (Viena, 1988).
Cien años de sobriedad
Gabriel García Márquez, en su "Manifiesto a favor de la legalización de las drogas", apuntaba que "la polémica sobre la droga no debería seguir atascada entre la guerra y la libertad, sino […] centrarse en los diversos modos posibles de administrar la legalización. Es decir, poner término a la guerra interesada, perniciosa e inútil que nos han impuesto los países consumidores y afrontar el problema de la droga en el mundo como un asunto primordial de naturaleza ética y de carácter político, que sólo puede definirse por un acuerdo universal con los Estados Unidos en primera línea. Y, por supuesto, con compromisos serios de los países consumidores para con los países productores".
Otra política de drogas
En conclusión, hace falta otra política de drogas, no represiva y preocupada realmente por la salud pública, que deje de generar enormes cantidades de dinero negro, llenando las prisiones de delincuentes sin víctimas. Asimismo, se deberían fortalecer las estrategias de reducción de riesgos, proporcionando a los consumidores la capacidad para integrar las drogas en la vida cotidiana.
