La proctitis es una inflamación del recto con enrojecimiento, hinchazón que puede ocasionar sangrado y, más ocasionalmente, secreción de moco y pus. La proctitis puede presentarse una vez o hacerlo con una sintomatología prolongada y recurrente. En este caso hablaríamos de proctitis crónica. También es posible que la inflamación se extienda al colon, con lo que tendríamos una colitis ulcerosa.

Causas de la proctitis

Las causas de la proctitis son diversas, algunas de ellas desconocidas. En general se agrupan en categorías. Una de las principales es la enmarcada dentro de las enfermedades de transmisión sexual, que se presenta con mayor frecuencia entre las personas que practican sexo anal. Entre las enfermedades que pueden derivar en proctitis está la gonorrea, la amibiasis, el herpes, el linfogranuloma venéreo o el herpes.

Otra de las categorías engloba las infecciones cuya causa no es de transmisión sexual, con una incidencia menor y en la que destacan las patologías infantiles. El desencadenante más habitual es la bacteria causante de la amigdalitis estreptocócica.

Una tercera categoría la conforma la proctitis autoinmunitaria, una patología que se asocia con otras enfermedades como la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn.

Y en la última categoría está la proctitis cuya causa se debe a ciertos medicamentos, al tratamiento con radioterapia o a la inserción de sustancias dañinas en el recto.

Síntomas de la proctitis

Los síntomas característicos de la proctitis son el estreñimiento, el sangrado rectal, dolor en las deposiciones, dolores o molestias rectales o secreciones rectales, en ocasiones, acompañadas de pus. Paralelamente pueden presentarse otros síntomas como dolor abdominal e hinchazón, fiebre o inflamación de la ingle y los ganglios linfáticos.

Considerando que la proctitis es, en buena parte, una enfermedad de transmisión sexual, los síntomas son mucho más extensos cuando se hallan asociados a enfermedades como la sífilis, el virus del papiloma humano, la clamidia u otras.

Tratamiento de la proctitis

El tratamiento de la proctitis deberá llevarse a cabo atendiendo a la causa subyacente de la patología. Por ejemplo, si el problema se debe a una alergia alimentaria, bastará con un cambio de dieta.

En muchos casos la proctitis deberá tratarse con medicamentos. Cuando la infección esté causada por bacterias se emplearán antibióticos, de igual manera que deberán emplearse antivirales cuando la infección se deba a un virus. Otros fármacos que suelen utilizarse son antiinflamatorios o los esteroides, que ayudarán a reducir la inflamación. Estos últimos, aunque resultan efectivos, no están exentos de efectos secundarios, por lo que habrá que valorar la relación beneficios/riesgos antes de tomar la decisión, hacer un seguimiento exhaustivo y no suspender el tratamiento una vez iniciado.

Otros procedimientos empleados incluyen la terapia por calor; un tratamiento para controlar el sangrado y la diarrea provocada por la radiación. La formalina, también para el control del sangrado, es una solución química que se aplica a las paredes del recto.

En algunos casos, cuando los demás tratamientos no han dado resultado o cuando se trata de una proctitis crónica, puede ser recomendable y necesaria la cirugía para extraer la parte dañada.

Con el tratamiento adecuado la proctitis tiene un pronóstico favorable. Ello no es óbice para que, ocasionalmente, puedan presentarse algunas complicaciones como una fístula anal, anemia, sangrado intenso o fistula vaginal en el caso de las mujeres.

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