¿Cuántas veces te has encontrado diciendo: “Tengo que ingresar este dinero” o “Debería organizar mi armario”, y luego te has olvidado por completo o lo has dejado por otra actividad más apetecible? ¿Y cuántas veces te has enojado contigo mismo por procrastinar? Esta palabra deriva del latín y significa "dejar algo para más adelante constantemente".

Ante ciertas tareas que repetidamente vamos aparcando y acumulando, no queda otra solución que afrontarlas, puesto que sabemos que tarde o temprano su presencia nos va a pesar o nos va a crear un problema que posteriormente tendremos que solucionar.

Coger al toro por los cuernos

Cuando nos damos cuenta de la cantidad de cosas importantes, unas recientes y otras ya más añejas, que tenemos por resolver, la situación se vuelve inmanejable y no queda otra que dejar de hacer lo que estamos haciendo para atender y resolver las actividades urgentes. O como dicta el dicho popular: "coger al toro por los cuernos".

Cuanto antes nos dediquemos a realizar las tareas que nos suelen pesar, aquellas que vamos acumulando y se convierten en un lastre, antes nos liberaremos de ellas y sentiremos un bienestar y una ligereza que nos permitirán dedicarnos a esos otros asuntos que nos apetecen más.

Cuando lo urgente se convierte en lo prioritario

Según el doctor Timothy Quek, podemos dividir las tareas en tres categorías para decidir cuáles debemos atender antes. Estas son:

  • Lo prioritario/urgente: es importante y lo tienes que hacer ya.
  • Lo prioritario/no urgente: es importante, pero no necesariamente lo tienes que hacer hoy.
  • Lo no prioritario/urgente: no es importante, pero lo tienes que hacer ya.
Mientras el postergador se dedica a hacer las tareas confortables no urgentes y no prioritarias, sigue ocupando su tiempo y tiene la sensación de que está haciendo algo; pero, en realidad, está acrecentando el problema porque las tareas que debería realizar siguen pendientes. El resultado es que al final se convierte en esclavo de lo urgente y del estrés, y no es capaz de establecer las prioridades reales.

Comer el pastel en porciones

Una gran parte de la desorganización por causa de la postergación viene de acumular tareas, en la creencia errónea de que esas actividades conforman una única e indivisible mole, que no puede ser subdividida ni atendida de manera gradual. Un ejemplo de esto lo encarna el adolescente que piensa que “asear su habitación” es una sola tarea gigantesca y desagradable que prefiere postergar, en lugar de pensar que puede subdividirla en varias tareas pequeñas: retirar la ropa sucia, hacer la cama, organizar sus cajones, limpiar su escritorio, colocar sus CD, etc.

Las distracciones son malas consejeras

Relativamente unido a la tendencia a realizar tareas confortables se encuentra el problema de las distracciones. No es raro que uno justifique el haber dejado una tarea pendiente porque “algo ha sucedido que...”. Establecer mejores fronteras emocionales (como por ejemplo, decirse "no" a uno mismo) para centrarse en resolver una tarea, usualmente ayuda a enfocar nuestra atención para no hacer caso a la multitud de estímulos que nos distraen, como la televisión, el partido de fútbol, las noticias o Internet.

La fórmula mágica para liberarte

Cada vez que tu acción o inacción hace que te enfades contigo mismo, estás atrayendo energías no deseables hacia ti, lo que se convierte en un malestar creciente. La forma de conseguir hacer las cosas sin tanta dificultad es creando un hábito, y éste se desarrolla a través de la repetición.

Varios estudios científicos aseguran que la forma de instalar un hábito es crear una acción y repetirla durante 21 días naturales consecutivos. Para automatizar este hábito (hacer que surja sin esfuerzo) se requieren 40 días.

Una cita de William James lo expresa poéticamente: “Siembra una acción y cosecharás un hábito; siembra un hábito y cosecharás un carácter; siembra un carácter y cosecharás un destino”.

Siendo que somos aquello en lo que nuestros hábitos nos convierten, utilizar el mecanismo de "autoarranque" mediante la repetición guiada por nuestro deseo de autoimplantarnos un nuevo comportamiento nos permitirá conseguir aquello que queramos de nosotros mismos. Naturalmente, este mecanismo tiene, como principal ingrediente, el mandato que nos guía a la acción: “Hazlo ahora. De otro modo, volveríamos a caer en las redes de la postergación.

Si cuando la sugerencia del "hazlo ahora" surja de tu subconsciente, irrumpiendo en tu conciencia e induciéndote a hacer lo que debes, emprendes inmediatamente la acción necesaria, ahí estarás creando el principio de un hábito.