¿Quién determina qué es un problema social? Desde el situacionismo, heredero del enfoque construccionista, aquello que es digno de ser transformado emerge directamente de los agentes sociales implicados dispuestos a actuar en pos de una redefenición de lo que los paradigmas tradicionales consideran problema social.

Funcionalismo, conflictivismo y construccionismo

Para el funcionalismo, la sociedad posee mecanismos de autorregulación (todo puede y debe volver a su cauce para mantener el "statu quo" por el bien social).

Según el enfoque participativo o conflictivista, siguiendo a Marx, cada época se caracteriza por un modo de producción que se corresponde con el sistema de poder establecido en perpetuo conflicto con una clase oprimida (problemas que hay que atajar de raíz y "solucionar").

Para el construccionismo, cuando hablamos de problemas sociales se trata siempre de entablar un diálogo y eliminar las barreras entre expertos y afectados, situándolos sociohistóricamente, enlazados a las construcciones culturales y las convenciones lingüísticas, y al poder, entendido éste, siguiendo a Foucault, como forma de control social.

Asimetría interventor-intervenido

Para el situacionismo, es la propia acción colectiva la que explicita el motivo del descontento que no está en la "realidad" tenida ésta por objetiva (representacionismo), ni en el sujeto (esencialismo), sino en la definición que de ella se da situadamente por los distintos actores sociales.

Desde esta perspectiva, cualquier intento por diagnosticar desde fuera el problema conlleva una asimetría interventor-intervenido, y con esto, efectos de dominación.

Libertad finita y felicidad limitada

De acuerdo con Donna Haraway (Ciencia, cyborgs y mujeres: la reinvención de la naturaleza, Madrid, Cátedra, 1995), hablamos de conocimiento situado como herramienta útil contra el discurso hegemónico para darle a la realidad un sentido "que sea favorable a los proyectos globales de libertad finita, abundancia material adecuada, de modesto significado en el sufrimiento y de felicidad limitada".

Ningún "experto" puede ser neutral ante otro sujeto. De acuerdo con Gergen (Gergen, K.J., Construir la realidad, El futuro de la psicoterapia, Paidós, 2006), construimos significados relacionalmente. Hablamos de comunicación como acción coordinada. "El agente individual ha sido desposeído de su capacidad para ser la fuente de saber. La atención se centra en lo que pasa entre y no en lo que pasa dentro, en el interior", lo que impide que abarquemos con nuestra mirada el todo al mismo tiempo.

Diálogo y responsabilidad civil

Para Haraway (Haraway, D., 1991, Manifiesto para cyborgs, ciencia, tecnología y feminismo socialista a finales del siglo XX, p. 254, citado por García, B.A., 2008, Hormonas, tacones, transformaciones identitarias y otras críticas al sistema sexo-género. Hacia una etnografía de cuerpos disidentes, feminismos y experiencias transgéneros), solo desde determinados posicionamientos "algunas verdades son posibles", lo que es un llamamiento a la responsabilidad civil y al diálogo con el diferente, a una interconexión provisional con otros agentes sociales. Es justamente la diferencia la que permite que haya interconexiones. Todo está en proceso de definición y redefinición.

Ningún puesto privilegiado en el entramado social es "constituyente". Continúa Haraway: "Las conexiones parciales a las que nos referimos (...) construyen espacios sociales y políticos relativamente unificados, que adquieren su significado en contextos y relaciones específicas. (...) espacios (...) construidos por juegos de poder, asimetrías, negociaciones, intereses, alianzas, afinidades, compromisos, etc. (...) que posibilitan, y a la vez limitan, los discursos y prácticas de definición".

Marginación y discurso hegemónico

Los situacionistas llaman la atención acerca de la cuestionable necesidad de las instituciones políticas, administrativas, judiciales, universitarias, escolares, sociomédicas, de reivindicar las calles, normalizarlas, de hacerlas transitables y ascépticas para el viandante, homogeneizarlas, someterlas a una higienización de modo tal que las cosas funcionen

Una intenta eludir el marchamo de miserables, homosexuales, transexuales, travestis, exconvictos, drogatas, desempleados, inmigrantes, grafiteros, vendedores ambulantes, trabajadores/as del sexo, enfermos mentales, alcohólicos, gentes sin techo, porque el influjo del discurso hegemónico hace difícil no apartar los ojos, no hacer oídos sordos.

Los "sin derechos" y las prácticas de dominación

Ya no nos hablan de concienciar a estas gentes. No hay mejores o peores árbitros del presunto problema ni nadie en particular con quien dialogar desde la exterioridad.

Hasta la crítica a la ideología queda aparcada, porque de lo que se trata es de denunciar prácticas de dominación, estigmatización y discriminación; el que desde fuera puedan identificarse a los problemáticos, se les asignen roles, y se los considere como colectivos homogéneos, categorizables, anónimos, sin voz, plausibles de ser tratados de manera que se reajusten nuevamente a la norma social, no reincidan, no perturben la calma ni sean vistos.

Rebeldía, lucha y liberación

El hecho que aquí se nos presenta es, fundamentalmente, que ordenanzas y sanciones no toman en cuenta los derechos de estas personas, sino que solo miran el modo de eliminar todo rastro de ellas. Pero, desde dentro, muchos de estos sujetos, que no quieren ser "salvados", reivindican el poder ejercer su trabajo simplemente en condiciones dignas y de seguridad.

"Las trans cuestionamos un patriarcado que se ha querido implantar desde nuestros cuerpos, por eso las hormonas, las siliconas, los tacones que usamos –pese a que reproducen estereotipos de lo femenino–, podrían verse como elementos de rebeldía, de lucha y de liberación" (García, B.A., 2008, ibidem).