
- Portada de 'Prisionero en Mauthausen' - Edicions De Ponent
Al leer una obra como ‘Prisionero en Mauthausen’, un escalofrío recorre la espalda en cada página. Parece fácil hablar de los horrores de un campo de concentración, pero no lo es. Si lo fuera, cualquier autor se lanzaría a este oscuro lugar de la imaginación. Javier Cosnava logra estremecer con sus palabras tanto como Toni Carbos con sus personales dibujos. Y, por ello, ‘Prisionero en Mauthausen’ es una lectura imprescindible.
Javier Cosnava y ‘Un buen hombre’
La historia empezó con ‘Un buen hombre’, editada en 2008 por Glenat, un compendio de historias cortas realizadas por diferentes dibujantes con un campo de concentración como escenario. ‘Prisionero en Mauthausen’, publicada por Edicions De Ponent al precio de 18 euros, puede considerarse una segunda parte de lo que Cosnava espera convertir en una trilogía próximamente.
Dibujo de Toni Carbos
El primer segmento de ‘Un buen hombre’ tenía dibujo de Toni Carbos. ‘Prisionero en Mauthausen’ es suya por completo, demostrando una espléndida sintonía entre guionista y dibujante. Y aunque no tiene un trazo realista, resulta difícil imaginarse esta durísima historia en manos de otros dibujante. O de otro guionista. Su simbiosis, explotando todas las posibilidades que ofrece a un autor la novela gráfica (narrativa y visualmente), es sencillamente perfecta.
‘Prisionero en Mauthausen’ sigue las andanzas de Juan Placambó, un español que inicia el relato siendo un luchador contra el fascismo y que pronto se revela como un traidor dispuesto a todo para salvar su vida. Incluso a matar a un amigo luchador, traicionar todos sus ideales en su beneficio propio trabajar para los nazis como kapo en un campo de concentración.
“Juan Placambó, muy pronto, comprenderá que los muros de un Lager van mucho más allá de lo que ven sus ojos, tocan sus manos o advierten sus sentidos. No se necesita estar en un campo de concentración para ser un prisionero del nazismo”. Así concluye la tercera de las cinco partes (más un brillante epílogo) en que está dividido este relato, desvelando uno de los temas de esta novela gráfica.
Nazismo y fanatismo
Uno, la lucha contra los demonios interiores, pero no el único. Es una historia de redención, pero también de temor. Es un relato sobre el fanatismo, pero también sobre los límites de la naturaleza humana. Es, también, un recordatorio de hechos que sucedieron, por increíbles que puedan parecer. Su narrativa es tan dura como intensa, pero siempre con la base de unos perfiles psicológicos profundos y muy bien desarrollados.
Con total naturalidad, se va estableciendo una muy interesante dicotomía entre Juan Placambó y Paul Winzer, comandante nazi que primero compra, después traiciona y finalmente juega con el alma del primero. Y todo para llegar a un espeluznante epílogo en el que tanto él como el lector se dan cuenta de que ambos hombres sufren un temor parecido aunque hayan recorrido caminos bien distintos, con la experiencia en Mathausen como nexo.
Cada una de sus cinco partes comienza de la misma forma, con la narración de Juan dividida en dos páginas, una primera con el texto (cuyo fondo cambia magistralmente de simbología) y una segunda con una ilustración muda. Y cada parte finaliza con cartas cruzadas de los militares nazis, personajes que existieron en la realidad. Imaginación y realismo se dan la mano con maestría.
El magistral uso del color
La elección de Carbos de jugar con el color y la textura es muy adecuada. Los episodios anteriores a Mauthausen parecen sacados de una vieja película en blanco y negro, salvo por los siniestros toques rojos de la bandera nazi. Y Cosnava subraya con maestría esa sensación. “Su pobre universo ha pasado del gris de la desesperanza en el vagón del tren al beige y al azul de su nuevo hogar entre nosotros”, dice la narración en ese momento de transición.
Cosnava y Carbos construyen una joya realista y trágica, un pedazo de la historia del nazismo y de España, pues en el campo de concentración en el que se desarrolla el relato murieron 6.000 españoles. ‘Prisionero en Mauthausen’ es toda una lección sobre cómo hacer un cómic inteligente y trascendente.
