Prince abrió el pasado fin de semana en el Air Canada Centre de Toronto su gira Welcome2Canada, en lo que supuso el regreso del cantante norteamericano a la ciudad en la que residió durante varios años. Con dos conciertos en los que prácticamente colgó el cartel de “no hay entradas”, Prince dejó constancia de que sus 53 años no han hecho mella en su poderío físico y en su energía sobre el escenario. Todo lo contrario. Roger Nelson maneja con madurez y sabiduría los tiempos del espectáculo y sigue siendo el mismo volcán en erupción que irrumpió en la década de los 80 en el panorama musical mundial. Con la misma receta de siempre.

Bien es cierto que a esa época pertenece lo más brillante del inabarcable repertorio de Prince, circunstancia que él bien conoce a tenor de los temas elegidos para esta gira. Su hiperactiva capacidad compositora quedó fijada en discos esenciales para entender la música del final del siglo XX, como Purple Rain, Around a World in a day, Parade o el definitivo Sing’n ‘O’ the Times. Todo lo que vino después ha seguido teniendo el marchamo de calidad que sólo puede aportar un artista excelso, pero sin la relevancia histórica y musical de los anteriores. De esas obras maestras y de algunos de sus primeros trabajos se nutre esta gira que se presenta como un “acta de fe” de la carrera del de Minneapolis.

Prince de nuevo con Maceo Parker

Como siempre, Prince se ha rodeado de excelentes músicos para arropar su sofisticado funky psicodélico entretejido con telas de diversas texturas. No son The Revolution ni The New Power Generation, pero se trata de buenos músicos que saben hacer bien su trabajo y, sobre todo, son conscientes de quién es el patrón. Entre ellos destaca el saxofonista norteamericano Maceo Parker, que fuera músico habitual de James Brown en su última etapa. Curiosamente, el Prince de los últimos años cada vez se da más un aire al inolvidable cantante de Carolina. En su madurez se ha instalado en el inmenso hueco que dejó con su muerte el “padrino del soul”.

Tres voluptuosas cantantes, de voces tan espectaculares como excesivamente engoladas, dieron réplica a Prince en efectistas duelos vocales, y reposo en los interines de los momentos más intensos. Y todo se desarrolló sobre un escenario luminoso que reproducía el icónico logotipo de Prince. Esta plataforma es la clave de todo el espectáculo; sin ángulos muertos y con una visión panorámica completa, los espectadores se sintieron parte de un concierto en el que podían interactuar con la estrella y observarla de cerca a través de las inmensas pantallas que coronaban el escenario. No tan cerca, sin embargo, como los privilegiados que pudieron ver el concierto y tomar al mismo tiempo unas copas como si de una cafetería se tratara, a escasos centímetros del epicentro del espectáculo.

Kiss”, “Purple Raín” y las demás

Prince tiene más de 30 discos en estudio y una capacidad única para componer canciones comerciales que trascienden al tiempo. Esa desbocada actividad, incompatible en algunos casos con los parámetros economicistas de las disqueras y con la lógica de la racionalidad creativa, ha dispersado la calidad de su producción en los últimos años. El talento desmedido ha generado también una discografía tan extensa como irregular. Pero en su gira canadiense Prince ha puesto el énfasis en sus grandes clásicos y, por lo tanto, el éxito estaba asegurado. Rasperry Beret, When Doves Cry, I Would Die 4 You, Let’s Go Crazy o Little Red Corvette sonaron en el inmenso Air Canada Centre como pelotazos de vigente actualidad. Y él supo recrearse con su extraordinaria versatilidad como instrumentista y su arrebatadora personalidad de showman sexual y fogoso.

Los momentos esenciales del concierto coincidieron, como era de esperar, con sus clásicos imperecederos; Kiss y Purple Rain, interpretados de manera vibrante y desgarradora desde la constancia de su trascendencia popular. También cuando sobre el escenario pudieron bailar algunos de los espectadores que ocupaban la privilegiada Fila 0 del auditorio. Ahí se mostró un Prince cercano y humano, lejos del personaje inaccesible y extravagante que suele proyectar en Europa. Fue la apoteosis con la prestada Play That Funky Music.

Prince es uno de los grandes clásicos de la música universal. Su excelente estado de forma y un repertorio memorable auguran una fiesta en cada una de sus actuaciones. Los canadienses van a tener la oportunidad de disfrutar de él hasta el 17 de diciembre en Victoria, Edmonton, Saskatoon, Winnipeg, London, Ottawa y Montreal. Prince ha vuelto a casa.