Cuando se acaba el postnatal o hay que retomar las actividades laborales luego de un tiempo dedicada a la maternidad, es imprescindible dejar al bebé o al niño con personas de confianza. Algunas mamás optan por entregarlo al cuidado de las abuelas u otro familiar, en tanto otras prefieren o deben dejarlo en una sala cuna o jardín infantil. Para estas últimas, la angustia suele ser mayor, pero ese sentimiento es justamente lo que se debe evitar.

El temor y pena que genera la idea de que estén al cuidado de personas extrañas, por más profesionales que sean, es inevitable. Esa sensación junto con el nerviosismo y la ansiedad puede traspasarse al pequeño, lo que trae como consecuencia una mala experiencia del niño en la institución: él puede “leer” a partir de la actitud de sus papás que el lugar donde lo llevarán es espantoso y algo malo le puede suceder ahí.

Para evitar este escenario, hay que escoger el centro que parezca más adecuado, sólamente así se podrá tener una actitud segura y tranquila que hará sentir protegido al niño. Los expertos explican que un pequeño cuya sensación es ser querido, reconocido y respetado, tendrá una actitud positiva ante el ingreso a la sala cuna o jardín infantil, puesto que se sentirá seguro. Por el contrario, si la experiencia previa a este nuevo ciclo es de incertidumbre, lo más probable es que tarde más en adaptarse.

El ingreso paso a paso

Para evitar desconfianzas, cuando se escoja una sala cuna o jardín infantil, hay que considerar que el centro sea un lugar muy seguro y acondicionado para niños; asimismo, debe permitirte el libre acceso para que, a toda hora, los padres puedan ir a ver a su hijo. También es importante que el personal sea altamente calificado, cálido y alegre con los pequeños.

Antes de iniciar las jornadas, sobre todo si se trata de chico tímidos, es aconsejable llevarlo para que conozca el lugar y a las tías que lo cuidarán. Es la mejor forma de que se acostumbre y no tenga ningún tipo de sufrimiento cuando llegue el momento de dejarlo ahí.

También es conveniente llevarlo de manera progresiva, es decir, dejarlo un tiempo breve e ir aumentando las estadías hasta completar el horario establecido o necesario.

Muy importante es conversar con las educadoras que estarán a cargo del niño, hay que comentarles acerca de las cosas que le gustan al pequeño y de lo que le desagrada. La idea es que en la sala cuna se continúen los gustos y rutinas, al menos durante el primer período, el tiempo de adaptación.

Para que se sienta mejor es buena idea permitirle llevar algún objeto que le guste mucho, un elemento significativo para que se sienta en casa: su chupete o el juguete favorito, por ejemplo.

Una vez que ya se ha logrado cierto ajuste, no hay que romper el hábito para no interferir el proceso de adaptación; debe asistir todos los días a la sala cuna o jardín infantil, a menos que se encuentre enfermo o por causa de un motivo de fuerza mayor.

Conversarle del lugar

Cuando un niño ya comprende lo que se le dice y se tiene la intención de matricularlo en una sala cuna o jardín infantil, es conveniente hablar espontáneamente y en familia acerca de lo entretenido que es asistir a ese tipo de lugares, conversar de los juegos en los que se puede participar y los nuevos amigos que se logran hacer. Esto permite que el chico cree una idea positiva de manera natural, sin presiones.

También es útil contarle de manera simple la razón por la que hay que llevarlo al centro educativo, decirle por cuánto tiempo estará ahí y hablarle acerca de quién lo irá buscar.

Potenciar sus capacidades

Aunque el ingreso a una sala cuna o jardín infantil depende de factores como la disponibilidad de tiempo que tengan los padres para cuidar ellos mismos a su hijo o dejarlo con alguna persona de confianza, se estima que cuando los pequeños tiene alrededor de dos años ya cuentan con la autonomía necesaria para asistir a un centro educativo para lactantes y párvulos. En esta etapa de su desarrollo, además, poseen la capacidad para socializar adecuadamente con sus pares.

A la vez, de acuerdo con investigaciones científicas, en los primeros tres años de vida, el cerebro se desarrolla en gran medida y presenta la mayor cantidad de conexiones cerebrales; se potencian las habilidades de todo tipo, entre ellas, el aprendizaje y las condiciones sociales. Por esta razón, el jardín infantil y previo a este, la sala cuna, juegan un importante rol en la vida de los niños.