El hombre, ante la necesidad de garantizar una correcta interacción entre sus semejantes, ha ido forjando constituciones políticas, reglamentos y normas que se enfocan a todo tipo de actividad que realiza para lograr el bien común.

Avances en los derechos de la humanidad

Acontecimientos históricos como la Revolución Francesa dieron la vuelta al mundo para así iniciar una reflexión profunda sobre la lucha por la obtención legal de derechos que garantizaran una mejor calidad de vida. Ocurrió primero con la “Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano” en 1789, para después introducir la igualdad del género masculino y femenino con la “Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana” en 1791.

Durante 1886, la ausencia del cumplimiento de la Ley Ingersoll promulgada en Estados Unidos por el presidente Andrew Johnson (que estipulaba la jornada laboral máxima de ocho horas) conllevó a una manifestación organizada el día primero de mayo de dicho año que determinó un aspecto importante del trabajo: la cantidad justa de horas a realizar.

Por una jornada de trabajo de ocho horas

La jornada laboral de 12 a 14 horas fue uno de los motivos para el obrero exigir la reducción de tiempo. Remontado en 1884 durante el cuarto congreso de la Federación de Trabajadores de Estados Unidos y Canadá, se insistió a la instauración de ocho horas laborales al día (requerido desde 1829), declarando que entraría en vigor el primero de mayo de 1886 y en caso de ser ignorada, se recurriría al método de huelga.

Despertando y alertando a diferentes segmentos obreros para acudir al llamado en todo Estados Unidos, la ciudad de Chicago fue el eje donde destacó el movimiento, dando como resultado un efecto alentador para la causa y un desenlace fatídico.

Primero de Mayo, la huelga prometida

Durante esa fecha, fábricas, con excepción de la empresa McCormik (a huelga desde el 16 de febrero del mismo año atribuido al descuento del salario para construir una iglesia), padecieron la parálisis de labores y 350.000 trabajadores acudieron a las calles a la manifestación.

Ignorando las advertencias de no acudir a la cita por parte de la organización de trabajadores “Noble Orden de los Caballeros de Trabajo”, con el mote “¡A partir de hoy, ningún obrero debe trabajar más de 8 horas por día! ¡8 horas de trabajo! ¡8 horas de reposo! ¡8 horas de recreación!”, se hizo palpable la fuerza de la exigencia de cada hombre.

Siendo Chicago el sitio donde más se explotaba a trabajadores, se dio una extensión de la marcha por tres días más, originando altercados entre huelguistas y policías. La prensa descalificó a la iniciativa de la marcha.

Los "Mártires de Chicago"

El 4 de mayo de 1886, más huelguistas reunidos en la plaza Haymarket en Chicago expresaron su indignación ante la presencia del alcalde Carter H. Harrison. Al dar por terminada la reunión, la policía quiso detener a los obreros, pero a causa de una inesperada explosión de un artefacto que mató a un oficial, inició una confrontación, dejando gran cantidad de heridos y muertos. Al altercado se le conocería después como “Revuelta de Haymarket”.

A raíz del incidente, se realizaron detenciones y allanamientos a obreros y dirigentes de la marcha, entre los que se encontraban los periodistas alemanes August Spies y Adolf Fischer, iniciándose un juicio en su contra en junio del mismo año.

El jurado, basándose en razones políticas y considerando a los acusados como anarquistas, se les declaró culpables, rectificado tiempo después como un juicio de error judicial en 1893 por falta de pruebas contundentes.

Señalados por la frase “Ahorcadles y salvaréis a nuestra sociedad”, Samuel Fielden, Oscar Neebe y Michael Swabb fueron condenados a prisión, mientras que a Georg Engel, Adolf Fischer, Albert Parsons, Auguste Spies y Louis Linng se les condenó a la horca, muriendo en noviembre de 1887. Estos hombres pasarían a la Historia como los “Mártires de Chicago”.

La situación actual del trabajador

El resultado de este suceso hizo eco: Se alcanzó el propósito y creó repercusiones en otros países que llevó a declararse a manera oficial como Día Mundial del Trabajo en 1889 por el Congreso Obrero Socialista en su reunión acontecida en Francia. Muchos países recuerdan esta fecha y rinden a manera de tributo desfiles y marchas.

Instituciones como la Organización Internacional del Trabajo, derechos de respeto, retribución y sindicatos, luchan por lograr y mantener el beneficio del trabajador. La crisis económica internacional actual y la creciente tasa de desempleo, sin embargo, obligan a reflexionar en la búsqueda de nuevas y más efectivas soluciones para generar mayores y mejores oportunidades de empleo, un salario apropiado a las funciones de cada sector laboral y una calidad de vida adecuada para el individuo.