La elección del 1º de mayo como fecha conmemorativa del día del trabajador se instituyó en 1890, pero su legitimidad vino tras el acuerdo en el Congreso Internacional Obrero Socialista que tuvo lugar el año anterior en París. Entre los participantes en el congreso que estableció esa fecha como ‘Día Internacional del Trabajo’ estaba Pablo Iglesias, fundador del Partido Socialista Obrero Español (PSOE). El Primero de Mayo pronto se vincula a los movimientos sindicales de entre siglos (XIX-XX), como una fecha de movilizaciones y a la larga, cuando se obtuvieron los derechos manifestados, en una día festivo que celebra los derechos del trabajador en las sociedades industrializadas.

La lucha por las 8 horas

En los Estados Unidos las asociaciones de trabajadores llevaban años reclamando la jornada laboral de 8 horas. En el IV Congreso de la AFL (American Federation of Labor) de 1884 se inician los preparativos para una ‘Gran Huelga General’ que de costa a costa de EEUU reclamase como derecho laboral innegociable la jornada de 8 horas, que debía hacerse oficial en todo el país el 1 de mayo de 1886. Se argumenta la necesidad de que el trabajador/a tenga una jornada de 8 horas de trabajo, 8 horas de esparcimiento y 8 horas de descanso (sueño), para su salud física y mental y a favor de una mejor productividad.

La ‘Revolución Industrial’ había requerido la mano de obra excedente de los campos, pero también acogió a los artesanos y profesionales de oficios urbanos, a las mujeres y a los niños que no pudieran vivir de sus rentas o patrimonio. Estos últimos podían llegar a trabajar hasta 12 horas diarias desde muy corta edad, las mujeres trabajaban entre 12 y 15 horas al día y su salario era siempre más bajo que el de los hombres (eso sigue igual, inexplicablemente, hasta en las sociedades más avanzadas). La lucha obrera en Estados Unidos, observando y envidiando al movimiento sindical europeo (sobre todo al inglés), se fijó como derecho fundamental la jornada de ocho horas.

Un epílogo sangriento y triste para la exitosa huelga del 1º de Mayo

Las represiones (ejércitos privados de la patronal revienta huelgas) de la burguesía propietaria de las fábricas, amparada por el gobierno de Washington, hicieron peligrar el éxito de esa gran huelga general con el único propósito de imponer las ocho horas y que se cumpliese en la fecha pactada, el primero de mayo de 1886. Finalmente, al llegar la fecha anhelada, la huelga fue masiva y los logros fueron tan notables que casi todas las federaciones de trabajo de los diferentes estados consiguieron la jornada laboral de 8 horas. Incluso, donde se fijaron 10 horas laborales fue a costa de subidas salariales.

Sin embargo, en Chicago, la ciudad más industrializada de los EEUU, la mano dura de los dueños de las fábricas contra sus trabajadores radicalizó las posturas obreras, que pasaron a una defensa activa de los derechos laborales. Se dieron casos similares a los trabajos forzosos, con jornadas de 24 horas, durmiendo apenas media hora los trabajadores en los mismos corredores de las industrias. En la fábrica de maquinaría agrícola McCormik, el 1º de mayo se trabajó gracias a la represión de los “matones” contratados por su dueño; la tensión entre esquiroles y huelguistas llegó en los días siguientes, del 2 al 4 de mayo, a provocar cargas policiales con el saldo de 6 muertos.

Los ocho mártires de Chicago

Estas muertes y el conflicto sangriento entre los trabajadores en huelga y los “forzados a trabajar” (esquiroles), llenó de indignación a los líderes sindicales e izquierdistas de Chicago. Entre ellos el anarquista de origen alemán August Spies, que el día 3 de mayo había pronunciado una arenga ante más de 5.000 huelguistas y les propuso acudir en masa a la planta industrial McCormick, para denunciar la situación de esclavitud de sus trabajadores. Spies fue uno de los activistas obreros más destacados, que en un número de ocho, serían ajusticiados a muerte o cadena perpetua en un juicio sin garantías al mes siguiente.

Los ocho mártires de Chicago, así se conoce históricamente a los enjuiciados en la represión que siguió a la huelga del 1º de Mayo. Cinco fueron ahorcados, el mencionado August Spies (31 años, periodista); Adolf Fischer, como Spies de origen alemán (30 años, periodista); Georg Engel (50 años, origen germano, tipógrafo); Albert Parsons (39 años, estadounidense, periodista) y Louis Linng, carpintero de tan sólo 22 años y de origen alemán (se suicidó antes de que le ahorcasen). Los otros tres reos fueron condenados a penas elevadas de cárcel, pero a los siete años de celebrado el juicio éste fue declarado nulo y fueron absueltos.

Tres años después de estos hechos, en 1889, como decíamos, la primera Internacional Socialista celebrada en París decide declarar el 1º de Mayo como ‘Día de la Solidaridad Internacional’ y poco después como ‘Día Internacional de la Clase Trabajadora’; hoy es más conocido como, sin más, Día de los Trabajadores.