Evita, la Pionera

Se puede considerar a María Eva Duarte (Evita) la pionera en cuanto a una inclusión femenina de peso en el ámbito presidencial. Pero jamás llegó ostentar un cargo oficial, sólo en la práctica fue responsable de los ministerios de Salud y Trabajo.

La política y actriz argentina, segunda esposa de Juan Domingo Perón, nació en 1919 en Los Toldos, Buenos Aires, iniciando su carrera artística a los 15 años de edad. Conoció a Perón en 1944, cuando era una conocida actriz de radionovelas y se casó con él un año más tarde.

Evita, como la proclamó el pueblo, buscó apoyo para su marido durante la campaña presidencial, logrando con ello una gran popularidad personal. Tras la investidura presidencial de Juan Domingo Perón, comenzó a desempeñar un papel muy activo en el gobierno, convirtiéndose en su enlace con los sindicatos, creando la Fundación de Ayuda Social Eva Perón y organizando la rama femenina del partido peronista. Para 1949 ya era la segunda figura más influyente de Argentina y la más querida por las clases trabajadoras, a las que llamaba los “descamisados”.

Adorada por sus seguidores, pertenecientes en su mayoría a las clases obreras, fue en cambio odiada por sus rivales, la elite tradicional, que se sintieron especialmente ofendidos cuando cortó las subvenciones gubernamentales a la Sociedad de Beneficencia. Trató de alcanzar la vicepresidencia en 1951, apoyada por la Confederación General del Trabajo (CGT) pero el Ejército la obligó a retirar su candidatura. Murió en Buenos Aires en 1952, tras padecer una larga agonía.

Isabel, la sucesora

María Estela Martínez nació en La Rioja en 1931 y fue presidenta de la República durante dos años (1974-1976). Era bailarina de ballet antes de conocer a Juan Domingo Perón, de quien se convirtió en su tercera esposa en 1961, casándose con él en España, donde vivía exiliado.

Cuando Juan Domingo Perón regresó a Argentina en 1973 y ganó las elecciones presidenciales, nombró a Isabelita vicepresidenta de la República, a pesar de que el pueblo no la apreciaba. Debido al mal estado de salud de su marido, Isabel solía sustituirle en el desempeño del cargo.

Luego que Perón murió en 1974, le sucedió como presidenta. Rechazó las demandas de dimisión ante el agravamiento de los problemas argentinos y fue depuesta por la Junta Militar presidida por Jorge Rafael Videla. Acusada de malversación, permaneció encarcelada hasta 1981, año en que se exilió en España.

Aunque bajos circunstancias de sucesión y no de elección representativa popular, María Estela Martínez fue la primera mujer que ejerció la jefatura del Estado en una nación latinoamericana. Lo hizo durante un periodo muy turbulento, marcado por una inflación desenfrenada, una gran agitación y un auge de la violencia en la vida política nacional.

Importancia de la inherencia e inserción femenina en la política actual argentina

Quizás el asombro de la sociedad en su conjunto no advierta los vestigios transgresores que tiene el ascenso al poder de una figura femenina en la actualidad. Pero con seguridad, seremos las mujeres, quienes identificadas con un género en común -lejano a cualquier color político o feminismo arbitrario- apreciemos con genuino orgullo el grandioso paso que dio la mujer argentina en el año 2007. Hecho sin precedentes, con respecto a todo un periodo histórico e inalterable de figuras masculinas que integraron la cúspide del sistema político nacional.

Tras casi dos siglos de romper lazos con España, logrando la independencia argentina, una mujer asumió la dirección del estado bajo un sistema democrático. Es otras palabras, Cristina Fernández de Kirchner, fue elegida por sufragio popular -o en un sentido aún más explícito- el pueblo en su conjunto y en facultad absoluta de sus derechos civiles, decidió llevar al poder a una mujer por primera vez en ciento noventa y siete años de vigencia demócrata.

Rompiendo esquemas estereotipados

El rol nulo de la mujer en cualquier cargo jerárquico es un hecho que lamentablemente no despierta asombro desde hace mucho tiempo. Tanto así, que el pontificado de una mujer en el trono papal es sólo una leyenda, incluso la misma Iglesia desmitifica el hecho. Afortunadamente, la figura femenina en la jefatura nacional argentina ya no correrá la suerte de la Papisa Juana en el estado eclesiástico. Puesto que las elecciones del 28 de octubre del año 2007 lo convirtieron en un hecho irrefutable.

Quizás expectantes por romper con el clasicismo del género político tradicional o como una rotunda oposición frente al reiterado fracaso de la gestión masculina, los habitantes del país que ocupa la mayor parte de la porción meridional del continente sudamericano quisieron que, siete años más tarde de llegado el nuevo milenio, una mujer santacruceña marcará historia en las páginas que escriben la política argentina.

No sólo un suceso excepcional por la nulidad de precedentes que reviste, sino el inicio de un completo giro en la concepción de la ideología social.