Es un hecho mencionar que el documental creado por Roberto Hernández y Layda Negrete se ha convertido en un problema que ha incomodado a la comunidad política mexicana y ha indignado no solamente a las personas involucradas en el ámbito cinematográfico sino que se trata de un asunto que ha acaparado la atención de todo un país que parecía estar dormido intelectualmente hablando.

Por primera vez de manera pública y sin temores se presenta una realidad que es triste y a la vez frustrante. También hay que resaltar que nunca en las salas comerciales, un documental de tal naturaleza había sido exhibido y distribuido masivamente y con absoluto compromiso social.

La postura de las salas cinematográficas

La cadena comercial Cinépolis, el conjunto cinematográfico más importante en México, se ha mantenido al márgen de la situación mediante diálgos y propuestas razonables a través de su director general de operaciones, Alejandro Ramírez Magaña.

Antes de que surgiera la censura, dicha organización tenía al público informado mediante comunicados que aparecían en su página web. El día 7 de marzo fue cuando, ajustándose a las medidas legales y orden judicial, tuvo que suspender provisionalmente la proyección de este ilustrativo trabajo. Duró poco este acatamiento, ya que al día siguiente, otra anuncio proveniente del Tribunal de Justicia del Distrito Federal, se indicó que podría volver a exhibirse en los cines.

Las reacciones de los ciudadanos mexicanos

En un inicio de la distribución del documental, este se había presentado en festivales de cine independientes y la comunidad cinéfila es la que tuvo la primicia y no se hicieron esperar las opiniones en las redes sociales. En su mayoría, la postura era la de apoyar la película, pedir que se proyectara en salas comerciales para que la sociedad pudiera ver los actos llenos de anomalías que investigaron dos jóvenes abogados (Hernández y Negrete) en contra de José Antonio Zúñiga.

Actores, directores, productores y guionistas mexicanos se encargaron de darle una promoción intensa a través de internet. Para ellos, "Presunto culpable" es más que hablar de cine, es hablar de un pendiente que aún no se ha resuelto.

La educación cívica y el derecho a estar informado

Cuando consultamos en algún diccionario el significado de lo que es ser una persona cívica, generalmente se hace mención de aquel o aquella cuyo comportamiento es respetuoso con respecto a la comunidad. Parte de la educación que debe ser inculcada y después aplicada en cada uno de nosotros es ese respeto y valor por el lugar en el que vivimos y cómo es nuestro actuar dentro de el.

Una gran equivocación se comete al momento de no querer ver la realidad o fingir que un problema no existe. Siempre que hay un elemento que falla en un sistema, es lógico que todo se altere y por ende, un país no es la excepción.

Al existir una censura a la libertad de expresión, se viola una garantía individual y se pone una barrera para combatir la ignorancia y eso aumenta el grado de dificultad para que todos conozcamos nuestros derechos y también nuestras obligaciones.

Presunto culpable como medio didáctico

Sin duda, este documental ha dejado una importante huella y un llamado a la impartición verdadera de justicia.

Si queremos ser ciudadanos responsables y conscientes, es necesario el análisis y sacar nuestras propias conclusiones.

Si queremos vivir en la absoluta apatía y permanecer quejándonos de los problemas pero no emprendemos un cambio de conducta y más aún, otra actitud, es poco probable que se genere un crecimiento no solamente individual sino colectivo.

Este argumento de prohibir el conocimiento, irónicamente ha dado resultados positivos. Incluso aquellas personas que no les gusta el cine y sobre todo, el cine no comercial y mucho menos, los documentales, han aplaudido la labor de Hernández pues, en ocasiones, por una completa ignorancia no se habla de casos como el de "Toño".

"Presunto culpable" es aleccionador, abre conciencias y es fundamental para la formación cívica de un país. No basta con un video o con imágenes, no basta con saberlo. Primero es quitarnos la venda de los ojos para después educarnos a nosotros mismos.

¡A medida que tengamos más educación y más información, se tendrá más poder y mejorará el sistema de impartición de justicia!