La visión de un avión de combate armado en vuelo puede retrotraer a escenas un tanto peliculeras como la del filme “Top-Gun” con el apuesto piloto a los mandos de un avión de alta tecnología. Pero esta escena un tanto glamorosa oculta el exigente trabajo de preparación que lleva poner un avión de combate presto para actuar pues es un proceso lento, concienzudo y que carece del glamour cinematográfico pero que es vital para que el sistema de armas pueda funcionar.

Capacidad y carga bélica del F-18

Si tomamos un caza F-18 del Ejército del Aire como modelo encontramos que este tiene nueve puntos de anclaje donde instalar armamento y equipo, para identificarlos imaginémonos sentados en la cabina del piloto, cockpit, y empecemos a contar de izquierda a derecha el número 1 estará en la punta del ala o punta de plano, el 2 y el 3 bajo la misma ala en sendos pilones, el 4, 5 y 6 bajo el fuselaje justo bajo los reactores y encastrados en la misma célula del avión, el 7 y 8 serían los pilones bajo el ala derecha y el noveno en la punta de plano de ese ala.

A estos anclajes de armamento se suman el cañón de la aeronave insertado en el morro. Hay que recordar que un caza como el F-18 puede transportar hasta 7.700 kilos de carga bélica repartida en estos nueve anclajes. Para armar un avión de este tipo se emplea un equipo básico de seis personas dirigidos por un suboficial especialista.

Anclar las armas en avión

El primer movimiento es anclar las armas a los diferentes puntos para ello se usa desde la mera fuerza física subiendo los misiles más ligeros desde los carros de transporte a sus puntos de anclaje o un carro de carga con grúa para elevar las cargas más pesadas, así el proyectil es guiado a sus anclajes, encastrado en ellos y cerrado. El suboficial a cargo comprueba con un zarandeo que esta efectivamente sujeto antes de pasar al siguiente paso.

Comprobar los sistemas eléctricos

El segundo paso es la comprobación eléctrica del armamento, hoy día un avión de combate es un ordenador que vuela y la mayor parte de su armamento también vendría a ser como un ordenador con explosivos destinado a impactar contra un objetivo, así con el armamento ya encastrado este se conecta a los sensores del avión y se les da corriente, se energizan las cabezas de guerra de las armas, desde la cabina del caza un técnico comprueba que los ordenadores de la aeronave están conectados y alineados con los de los misiles y que estos están bajo control de los sistemas del caza.

Sistemas de puntería del armamento

Se comprueban los sistemas de guía que varían según el arma, si es un misil infrarrojo que busca el calor se certifica que este da tonos de búsqueda ante un señuelo de calor, si es por guía radar se comprueba que está enlazado con el radar del caza y que de ser disparado este seguirá con su propio radar el objetivo que el piloto del avión le ha seleccionado.

Si las armas tienen una cámara de televisión adaptada que esta recibe señal y que envía las imágenes a los sensores del avión, si es por guía láser que el arma recibe las indicaciones láser adecuadas y que seguirán una guía precisa y no otra, pues esta guía láser puede ser apuntada por el propio caza, por otro avión o por un equipo de tierra usando un señalador láser.

De hecho, las escenas de guerra recientes en que se ve la imagen del armamento impactar directamente al objetivo se deben a que este estaba siendo iluminado por una guía láser que guiaba el proyectil hacia ese blanco y no otro.

Tercer paso. Armado de la carga bélica y listo

Comprobado el funcionamiento de las armas se procede a su armado, se colocan los cartuchos impulsores a cada misil se comprueba eléctricamente que reciben las órdenes de la cabina del piloto y al verificarse esta última comprobación el caza se da como “listo para el despegue” y es colocado en la cabecera de pista listo para ir al aire solo en espera de que el mando de la orden.

Cuando esta se da se retiran las pinzas de seguridad a cada arma que desde el principio han impedido que los misiles se disparen accidentalmente durante el proceso, por ejemplo un misil infrarrojo como el Sidewinder, que el F-18 transporta en la punta de los planos, lleva tres pinzas: una bloquea los sistemas, otra el armado del misil y la tercera la cabeza de guerra.

Con el piloto a bordo, el avión encendido, los sistemas en marcha y las pinzas retiradas y recogidas por los armeros, se enciende la luz verde y el avión despega hacia su misión.

Análisis del proceso de armado de un avión de combate

Todo este proceso realizado en un avión en vacío duraría unas cinco horas en una situación normal sin alarmas, pero en una emergencia el avión tiene que ser puesto en operaciones en solo una hora. Así para las misiones de alerta aérea los aviones están permanentemente equipados y armados y solo hace falta ponerlos en marcha, el resto de misiones se planifican siempre con un día de antelación como mínimo y mientras los aviones son armados los pilotos aprovechan el tiempo planificando la misión y perfilando los planes.

Hay que recalcar que es un tiempo simultáneo pues todos los aviones son puestos en operaciones a la vez por sus equipos correspondientes, de modo que en un proceso de cinco horas un escuadrón entero, 12 aviones, puede estar presto para el combate. De hecho, durante la Crisis de Perejil el Ejército del Aire aprestó para la batalla la totalidad de sus efectivos en una sola una noche teniendo la totalidad de su fuerza lista para la batalla justo cuando se inicio la reconquista del islote.

Una muestra de lo trascendental que es esta clase de labor, aunque quede oculta bajo el glamour cuasi cinematográfico de pilotar un avión de caza.