Los seres humanos nos diferenciamos de los demás mamíferos por nuestra conciencia y la posibilidad de pensar, clasificar, juzgar, nombrar y ordenar. Y parte de ese poder se utiliza muchas veces para controlar, o al menos intentar controlar, no solo los acontecimientos que suceden en la vida sino también a las demás personas.

Recibiendo lo que da la vida

Más de una vez te habrá pasado que a pesar de desear algo con todas tus fuerzas y haber aplicado diligentemente la visualización creativa no lo has conseguido, sólo para darte cuenta más tarde que ha sido lo mejor y que la vida te esperó con algo totalmente superior. Eso sucede porque, al momento de pedir cualquier resultado, nos aferramos al modo de obtenerlo en lugar de dejarlo en manos del universo. No solo queremos eso, sino que a través de cierto camino. No somos capaces de abrir nuestra mente a otras posibilidades y maneras y, de ese modo, nos perdemos de mucho.

Todos somos diferentes

Otro de los aspectos en los cuales nos hemos convertido en manipuladores y controladores, es en las relaciones humanas. Muchas veces sutilmente y otras de manera imperativa, queremos que las demás personas actúen como nosotros queremos, aunque en su lugar quizás ni siquiera nosotros actuaríamos así como les pedimos. Sin embargo, no hay nada mejor que dejar que los demás sean como quieren ser, y poder conocerlos realmente y en profundidad, sin el uso de máscaras sociales e impuestos culturales o por amistad.

Cómo practicar la aceptación

  • En primer lugar, amigarse con el pasado. Un pilar importantísimo de la aceptación es poder mirar hacia atrás sin rencores hacia la vida, comprendiendo que lo que nos sucedió era necesario para nuestra evolución espiritual y nos ha permitido llegar hasta aquí.
  • La próxima vez que desees algo, suelta el resultado y las maneras de acceder a él confiando en que la vida te irá guiando de donde estás, a donde deseas ir.
  • Presta atención a las señales que te envíe el universo. Cuanto más abierta tengas la mente, más rápido captarás las indicaciones.
  • Aceptar la muerte como algo que, aunque a veces es esperable, siempre nos sorprende. Procesar el duelo y encontrar maneras de superar el dolor y seguir adelante.
  • Cuando te descubras juzgando o criticando a alguien por su modo de ser, recuerda que cada persona es diferente y tiene derecho a ser así por mucho que nos duela o nos moleste. Podemos sugerirle que cambie de actitud, o que actúe como nosotros quisiéramos, pero puede decir simplemente que no y tendremos que aceptarlo. Después decidiremos si podemos seguir al lado de alguien que actúa así o no, pero sabiendo que no tiene porqué cambiar.
  • Tener en cuenta que cuando nos molesta algo del otro, hay que trabajar en uno mismo. Siempre. Siempre es uno mismo el problema, no el otro.

Adiós preocupaciones

Evita preocuparte por las cosas que pueden pasar. Confía en que todo sucederá como tiene que ser, y disfruta del resto. Cuando te encuentres preocupándote en exceso, cierra los ojos, respira profundo, conéctate con su parte espiritual y deja todo en sus manos. Haz lo que debes hacer, pero lo que ya no depende de vos, suéltalo. Intenta relajarte usando algunas técnicas como meditación, Reiki o respiraciones profundas. En tu interior sabes que solo te espera lo mejor.

Aceptación no es pasividad

Contrariamente a lo que mucha gente cree, aceptar o “decir sí” a lo que presenta la vida no significa quedarse pasivo y no tomar cartas en el asunto. Por ejemplo, si nos quedamos sin trabajo, en lugar de despotricar contra la vida y el destino, podemos intentar entender que por algo sucedió, respirar profundo, observar qué podemos aprender de la situación y ¡salir a comprar los clasificados!

Da la bienvenida a la vida en todo su esplendor, con todas sus emociones, las que nos gustan y las que no tanto. Todo el arcoíris es importante y necesario para crecer. Acéptalo!