El estudio fue publicado en la edición de enero de 2013 de la revista Astrobiology. Intervinieron los astrónomos René Heller del Instituto Leibniz de Astrofísica en Potsdam, Alemania y Rory Barnes, de la Universidad de Washington y el Instituto de Astrobiología de la NASA, EE.UU..

De la enorme cantidad de exoplanetas que se vienen descubriendo últimamente, se sabe que la gran mayoría son gigantes gaseosos que van de un rango de ser mayores que Júpiter hasta los que son algo menores que Neptuno o Urano, es decir que su tamaño y composición no los hacen aptos para la vida, aunque orbiten en la llamada zona habitable de su estrella, es decir la zona en la que los planetas no están demasiado cerca ni demasiado lejos de aquella, como para que el agua permanezca líquida y se pueda mantener una atmósfera.

Los menos de esos exoplanetas encontrados, son rocosos y pequeños, y menos aún los que están en la zona habitable con posibilidades de albergar vida, tal como la conocemos.

Probabilidades de vida en las exolunas de planetas gigantes gaseosos

La investigación comprende los presupuestos teóricos en los que se plantean las posibilidades de que los satélites de esos exoplanetas gigantes gaseosos puedan ser habitables. La realidad es que hasta ahora no se han encontrado esa clase de lunas, pero según el estudio, las posibilidades no son remotas.

Clima en las exolunas

Uno de los temas considerados es el clima. Sin duda que los satélites deben estar relacionados gravitaconalmente con su planeta por el llamado acoplamiento de marea, es decir la posición que aquellos tienen de dar siempre la misma cara al planeta, como la Luna y la Tierra.

Esto generaría zonas de permanente influencia del calor emitido por el planeta. Recordemos que estos satélites tienen por lo menos dos fuentes de luz, provenientes de la estrella principal del sistema y de sus planetas orbitados. Un caso curioso sería el de los eclipses, en los que se daría por períodos largos una oscuridad total de la luz del sol del sistema. En este sentido dice Heller: “Un observador de pie en la superficie de tal exoluna experimentaría los días y noches de una forma totalmente diferente de como los percibimos en la Tierra”, y añadió: “Por ejemplo, los eclipses estelares podrían provocar una repentina oscuridad durante mediodía”.

Calentamiento de las mareas

Barnes y Heller determinaron que el calentamiento de marea es un criterio válido para pensar en la habitabilidad de los exosatélites. Dependerá de la distancia a su planeta, pero sin duda que es una fuente importante adicional de energía geotérmica: si el satélite orbita cerca del planeta, más fuerte será el calentamiento de marea, de ahí que demasiada cercanía generaría un efecto invernadero, con el agravante que implica la cara oculta permanente, por los vientos y centros de presión que el cambio abrupto de clima generaría respecto de la cara visible.

¿Europa y Encélado habitables?

De hecho, muchas de estas conjeturas surgen de los ejemplos que tenemos en nuestro propio sistema solar. Son los casos de Europa, uno de los satélites cercanos a Júpiter, cubierto de hielo y rajaduras, por las que se cree que podría haberse filtrado el material primigenio de la vida hacia su océano interno de agua líquida. La fuente de energía sería el enorme calentamiento de marea por fricción que le produce girar alrededor de Júpiter y la protección del frío y la radiación, la daría la capa de hielo.

Otro caso similar es Encélado, satélite de Saturno. Se han detectado enormes géiseres de agua, que sale disparada al espacio. También es un mundo de superficie de hielo, dentro del cual hay agua líquida sometida al calentamiento de marea por su cercanía a Saturno.

No son pocas las versiones que refieren a próximas misiones espaciales que taladren las superficies heladas y permitan el ingreso de robots submarinos para explorar estos mundos, en los que se piensa que podría haber vida como la que se encuentra en las fumarolas hidrotermales de los océanos terrestres.

Zona habitable de las exolunas

Por otra parte, en la investigación se estimó una distancia mínima a la que una luna podría estar del planeta, de modo tal que pudiese ser habitable; esta distancia fue denominada “borde habitable”. Es un concepto que dependerá del tamaño del planeta, pero que permitirá a los astrónomos considerar la posibilidad de vida en esos satélites. En este sentido dijo Barnes: “Hay una zona habitable para las exolunas, es un poco diferente de la zona habitable de los exoplanetas”.

Los investigadores creen que la misión Kepler tiene las herramientas fotométricas de precisión para encontrar un exosatélite de una masa como la de Marte por lo menos, lo que podría ocurrur a la brevedad. De esta forma, se haría en parte realidad la ficción del film Avatar, en el que hay vida en el satélite Pandora - algo menor que la Tierra - que orbita al gigante gaseoso Polifemo, del sistema estelar de Alfa Centauro A.

Fuente: Cosmonoticias