Porto Belo, magia perdida entre exuberantes ciudades. Un lugar prodigioso localizado en el estado de Santa Catarina, al sur de Brasil. Su peculiar sencillez lo convierte en uno de los destinos románticos que más seduce a enamorados. Un sitio con encanto para viajar de vacaciones, ahorrando unos centavos.

Una guía con la información básica sobre hoteles, actividades y todo lo necesario para visitar aquel rincón poco promocionado de tan seductora belleza.

Breve reseña de los primeros habitantes de Porto Belo

Antigua comuna indígena, sus primeros moradores fueron un grupo de cazadores y recolectores. Lentamente, se extinguieron sus raíces, dejando legados arqueológicos invaluables.

Aun cuando fuera abolida la esclavitud hacia fines del siglo XVI, tras los asentamientos colonizadores, cincuenta años más tarde seguían falleciendo los habitantes originarios. La progresiva desaparición fue consecuencia de la falta de defensas naturales para sobreponerse a las enfermedades traídas por los extranjeros.

La mejor forma de llegar a Porto Belo: desde Florianópolis

Emplazado a solo sesenta kilómetros de la majestuosa imponencia de Florianópolis, se convierte en la mejor puerta de acceso.

Conservando intacta aquella magia de los pequeños lugares, Porto Belo no posee aeropuerto propio. Si se prefiere llegar en un vuelo, habrá que hacerlo a través de la capital del estado.

Floripa, tiene acceso desde diferentes ciudades de Brasil, como San Pablo o Rio de Janeiro. Y también desde otras capitales sudamericanas como Buenos Aires.

Desde allí, hay dos formas de llegar.

  • En auto rentado: un viaje para los amantes de las aventuras sobre ruedas. Estas travesías en Brasil son para valientes y habilidosos al volante, ya que los brasileros simulan tener sus propias leyes de tránsito.
  • En ómnibus locales: un viaje de corta duración para los enamorados que prefieran dejarse llevar, disfrutando del paisaje entre morros y playas. Una alternativa interesante para viajar relajado.

Una sencilla oferta de alojamiento: hoteles y posadas

Por su pequeñez no se ve una gran oferta hotelera. Quizá también aquel sea el motivo de los buenos precios, convirtiéndolo en un destino para viajes en plan de ahorro o, al menos, anti despilfarro.

La mayoría de las opciones se consolidan en dos tipos de alojamiento.

  • Posadas: unas pocas con piscina, para amantes de las vacaciones alejadas de la natural belleza del mar.
  • Hoteles: de exclusiva sencillez, en su mayoría cubren las necesidades básicas sin grandes encantos.

Qué recorrer en Porto Belo y sus alrededores

Como en casi todo Brasil, el encanto se esconde entre morros y mar. Algo extraño por sus dimensiones, en Porto Belo pueden realizarse todo tipo de excursiones y actividades.

  • Las playas: maravillosas, íntimas y solitarias. Ideales para caminarlas por la mañana o caída la tarde, un paseo romántico a la luz de la luna que resalta la negrura del mar. Se destaca la playa de los pescadores, que induce a perderse entre trofeos con el exquisito aroma de los camarones frescos.
  • Los morros: una caminata al corazón de la naturaleza. Entre aves autóctonas y las más bellas flores y especies vegetales, se puede espiar la bahía desde un punto panorámico.
  • Actividades acuáticas: una travesía a nado hacia la isla, para deambular por aquella tierra desconocida probando exquisiteces de mar. Con un viento irreverente y cambiante, se puede practicar desde windsurf hasta dejarse tentar por los locales que ofrecen paseos en velero.
  • Recorrido cultural: de los principales atractivos se destacan la iglesia del buen Jesús de los afligidos, y los molinos harineros construidos por los esclavos originarios.

Viajar en pareja a Porto Belo

La soledad de aquellas playas protegidas por la isla. Los barquitos pesqueros que acercan sus conquistas a la costa. La escasa oferta hotelera que garantiza una vuelta a casa con la más calma y profunda paz.

Aquella inocencia y simplicidad de Porto Belo, lo convierten en uno de los destinos ideales para hacer de un viaje en pareja, un regreso al interior del corazón.