El negocio de la pornografía, estimado anualmente en más de 97 mil millones de dólares, edita revistas para caballeros, calendarios y posters de desnudos femeninos y produce películas y videos que muestran actos sexuales explícitos. Esos materiales se expenden en diversos establecimientos, se exhiben en cines para adultos, se transmiten por la televisión de paga (pay per view) y se comercializan a través de Internet.

La masturbación va de la mano con la pornografía la cual es inofensiva, sólo cuando el usuario tiene el control por no ser adicto. De no ser así, constituye un “vicio” progresivo que alimentándose de la fantasía, puede restar valor a la mujer y a los niños, promover el inicio prematuro de la actividad sexual, propiciar la promiscuidad, fomentar el aislamiento emocional, atentar contra la naturaleza de la relación erótica y aumentar el riesgo de trastornos sexuales.

Además de las posturas críticas que satanizan a la pornografía, algunos sexólogos sostienen que en los hechos no es buena ni mala y destacan presuntos beneficios de los materiales pornográficos.

Proceso de adicción a la pornografía

La mercadotecnia para la adicción a la pornografía empieza con un “gancho” (promociones, descuentos, inscripciones gratuitas, etc.) mediante el cual se busca motivar el “apetito” del usuario para luego pasar al escalamiento, donde se crea la necesidad de material más explícito: grafico y fílmico. Después de cierto tiempo, cuando acceder al material pornográfico se considera normal y necesario, la adicción queda establecida.

La pornografía estimula diversas fantasías sexuales, las cuales suelen llevar a que hombres de todos los estratos sociales perciban a las mujeres como meros cuerpos con ojos desprovistos de sentimientos. Mostrar cómo las mujeres son seducidas, desnudadas y tratadas como objetos constituye un ataque contra la dignidad femenina. Para no parcializar el análisis conviene profundizar sobre las opiniones de las feministas anti-porno y pro-sexo.

Aunque actualmente el negocio de la pornografía también incursiona en el sector femenino de la sociedad, esta industria está principalmente orientada a los hombres. Cabe subrayar que en ambos nichos del mercado, la pornografía constituye, en principio, un apoyo para el autoerotismo. Lo único que el usuario mantiene en su mente son imágenes de parejas apareándose como animales aunque parezca muy duro decirlo así.

Adicción a la pornografía y delitos

La adicción al sexo compulsivo y a la pornografía, genera un índice de violencia, expresión de diversos delitos sexuales. Las escandalosas cifras de mujeres, homosexuales y niños maltratados, hostigados, abusados y violados por seres perturbados se ha convertido en un problema de salud mental en varios países del mundo donde se han establecido fundaciones y centros especializados para el tratamiento de esos trastornos.

Esta industria produce materiales que en manos de personas sanas dadas a prácticas sexuales “atrevidas”, optan por tener sexo imaginario con una pareja distinta a la habitual, participan virtualmente en tríos o practican el sexo en grupo como simulación. A estas prácticas también se suma el llamado negocio de la “infidelidad”.

Desafortunadamente los mismos materiales en manos de personas con problemas psicológicos vinculados a la sexualidad enferma, llegan a potenciar su peligrosidad en términos de tendencias delincuenciales. Este tipo de adictos a la pornografía a menudo creen que todas las mujeres están prestas a tener relaciones sexuales con hombres "ardientes".

Si una mujer se resiste a la relación coital, esta conducta es interpretada por el adicto como un mensaje de que el hombre se imponga y la tome por la fuerza. Bajo este patrón se cometen a diario innumerables delitos de abuso sexual infantil, estupro, violaciones, pedofilia y sadismo, entre otros. La pornografía puede aumentar la intención criminal de delincuentes peligrosos. En pocas palabras, la pornografía no es glamorosa.

La pornografía y sus impactos en las parejas convencionales

Por tanto, ver a mujeres atractivas realizando todo tipo de actos sexuales con cualquier número de hombres (o animales), los adictos comienzan a desear que sus esposas se prestarsen a relaciones un poco más atrevidas a las usuales entre ellos.

Cuando la pareja de esos adictos no satisface las fantasías que la pornografía les ha vendido, entonces se sienten decepcionados, sobre todo cuando reparan en las imperfecciones físicas de sus esposas. Como salida a menudo buscan prostitutas, acostumbradas a lidiar con todo tipo de peticiones extravagantes.

Tratamiento para adicción a la pornografía

La adicción a la pornografía, combinada con la masturbación, agrava los síntomas de este trastorno, el cual debe diferenciarse del adicto al sexo compulsivo. Los modelos de intervención también deben ser específicos.

Quien decide atenderse debe intuir la gravedad de su adicción y estar dispuesto al cambio de hábitos. Desgraciadamente personas muy dañadas a menudo suponen que su afición a los materiales pornográficos es inocua o sólo constituye una práctica de personas liberales (open mind). “Lo que mejor predice el éxito en las terapias sexuales, es el grado de implicación del paciente”.