En los festejos de la Revolución Mexicana, es común escuchar que el movimiento armado surgió ante la gran necesidad que tenían los mexicanos de derrocar al dictador Porfirio Díaz, quien se había establecido en el poder presidencial por más de treinta años.

Sin embargo, resulta importante el considerar su papel como militar y los aspectos positivos que trajo para el país su periodo de gobierno, además de resaltar sus logros que obtuvo en materia económica, política y social, que le dieron a México mayor identidad y un reconocimiento en el extranjero.

Porfirio Díaz antes de ser presidente

Porfirio Díaz Mori nació en Oaxaca, curiosamente un 15 de septiembre, pero de 1830. Durante su vida estudió para ser seminarista, y años más tarde abandonó los hábitos para estudiar en el Instituto de Ciencias y Artes del estado la carrera de derecho. Tiempo después, durante la Reforma, Porfirio Díaz descubrió lo que realmente sería su vocación, que era la milicia. Durante llamada “Guerra de los tres años” se unió a Benito Juárez en contra de los ejércitos conservadores, y más adelante, ya con un buen posicionamiento militar, se convirtió en todo un estratega que contribuyó de manera notable en la derrota del ejército francés durante su intervención en México para imponer un imperio encabezado por Maximiliano de Habsburgo.

Al término del conflicto armado, Porfirio Díaz era uno de los generales más reconocidos en el país, lo que le ayudó a escalar en la política hasta instalarse por fin en la presidencia de México en 1876, haciendo a un lado las aspiraciones de Benito Juárez para reelegirse como primer mandatario.

Porfirio Díaz, presidente de México

Si hay algo que reconocer en el gobierno de Porfirio Díaz es el crecimiento económico que se desarrolló durante ese periodo. Historiadores como Armando Ayala Anguiano aseguran que de 1894 hasta el final de su presidencia en 1911, el país logró superávits económicos sin precedentes.

Dejando la hacienda pública en manos de José Yves Limantour, la administración porfirista revitalizó el comercio, la industria y agricultura, la deuda externa se renegoció de manera que México pagara réditos menores por los empréstitos pendientes de liquidar; la infraestructura ferroviaria creció por lo menos 5 veces más que en el gobierno anterior, se sextuplicó la producción minera; en 1903 se puso en funcionamiento el primer alto horno de América Latina en Monterrey que producía alrededor de 85 mil toneladas de acero y por si fuera poco México se convirtió en una potencia industrial como productor de cemento, además de que el índice de pobreza disminuyó un 10% en promedio.

Esto sin olvidar que en 1910, en pleno proceso revolucionario, el presidente Porfirio Díaz encargó a su secretario de Educación, Justo Sierra, la inauguración de la Universidad Nacional, heredera de la Real y Pontificia Universidad de México, lo que le dio un reconocimiento especial a México en el extranjero en lo que a la educación se refiere. Además, hay que recordar también que parte de la riqueza histórica y cultural que actualmente se puede percibir en la ciudad de México se debe precisamente a la política porfirista, prueba de ello son el Ángel de la Independencia, el Palacio de Bellas Artes y la mayoría de la arquitectura del centro histórico.

Porfirio Díaz, presidente dictatorial

Sin embargo, todo el progreso económico desatado en el gobierno de Porfirio Díaz fue de la mano con una férrea represión a la libertad de todos los grupos o individuos que osaran desafiar al gobierno. Desde el control militar de las revueltas hasta una asfixiante censura informativa de la prensa fueron las medidas que Díaz aplicó en la población durante más de treinta años.

Algo que resulta muy interesante para resaltar es que precisamente en 1910 el dictador fue entrevistado por el periodista norteamericano James Creelman de la revista Pearson´s, donde declaró que el pueblo mexicano estaba preparado para la democracia, por lo que no aceptaría otra reelección presidencial e incluso, promovería la creación de nuevos partidos políticos. No obstante, varios meses después de esa entrevista sorprendió a los mexicanos y se adjudicó nuevamente la presidencia, desatando con esto el nacimiento del movimiento revolucionario de Francisco I Madero, que abanderado en su libro “La Elección Presidencial de 1910” recuperaba la frase que el mismo Díaz le expresó a Benito Juárez cuando pretendía elegirse nuevamente como presidente: “Sufragio efectivo, no reelección.

A través de los años, la historia de México ha marcado a Porfirio Díaz nada más como un dictador al que era necesario sacar del poder de cualquier forma, sin embargo, si se hace un balance objetivo, ninguno de los gobiernos emanados de la Revolución pudo lograr mejoras significativas en las condiciones económicas sociales en México como las vistas en el porfiriato. De hecho, no fue sino hasta el gobierno de Álvaro Obregón que se establecieron bases sólidas en lo que se refería a la industrialización y la tan peleada reforma agraria; es decir, desde la salida de Porfirio Díaz del poder, pasaron diez presidentes revolucionarios en un lapso de nueve años y ninguno de ellos logró que el país encontrara el camino a la estabilidad y consolidación de México como nación, al contrario, durante todo ese lapso el país se sumió más en la miseria que se generaba ante la inestabilidad en la que estaba México en el periodo revolucionario.

¿Por qué no se le reconoce su heroico papel ante la intervención francesa?

¿Por qué no se le reconoce el progreso que tuvo México durante su presidencia?

Esas son las preguntas que habría que hacerse en este aniversario de la Revolución Mexicana.