
- Teleton - homovespa
Los próximos 2 y 3 de diciembre, se realizara una nueva versión de la Teletón, dos jornadas llenas de sentimentalismo barato, aparente evasión de impuestos por parte de las empresas donantes y la odiosa figuración farandulera casi a codazos. Independiente de sus beneficiarios finales que son los niños discapacitados, quiera o no, este escenario genera un rechazo creciente en sectores de la sociedad chilena que buscan nuevas formas de financiamiento.
La primera observación que se le puede realizar a la Teletón es el hecho de porque se sigue entregando a la bondad del sector privado la seguridad social de los más indefensos en Chile. Aunque las finanzas públicas chilenas se encuentran en sus mejores niveles en toda la historia republicana y de sentirse parte aunque sea por fuera del Primer mundo (pertenencia de Chile en la OCDE). Pese a todo esta aparente bonanza del Estado, este sea incapaz de aportar decisivamente en el presupuesto de la Teletón, debido a la concepción neoliberal del rol público, dependiendo de la patética súplica de dinero por parte de privados a través de la mayoría de la mass media chilena, siendo la Teletón una cadena nacional de carácter orwelliana, en circunstancias que ya tendría que haber una partida presupuestaria anual para los chilenos menos favorecidos, como es el caso de los niños con capacidades especiales.
En segundo lugar, otro elemento que genera ruido es la actitud oportunista de las empresas que durante un mes bombardean con el hecho de que son los productos de la Teletón, pero cuando llegan a donar, con suerte dan a lo sumo unos 100 millones de pesos chilenos (menos de 200,000 dólares) o en el mismo día de la Teletón, piden al público que compren y dependiendo de las compras, podrían donan algo más, siendo una práctica propia de las tiendas del retail como Ripley o Walmart Chile (Lider). Esto realmente es una actitud pueril por parte de las empresas, en circunstancias que la danza de los millones que les genera las compras es de varios millones de dólares, lo que llevaría a pensar que por la donación a la Teletón exista una eventual evasión de impuestos por parte de las empresas.
En tercer lugar, la patética actitud de las figurillas de la farándula local, las cuales por arte de magia se convierten en seres sensibles con conciencia social, con llantos fingidos por los niños lisiados, pero muchas veces lo hacen sólo por figurar y poder mantenerse vigentes, para luego firmar contratos en cualquier festival de verano.
Finalmente, esa suerte de fascismo mediático que se da con la Teletón que en el caso que cualquiera que cuestione a la misma o no querer dar dinero a la Teletón, este sujeto se conviertes en un monstruo, en un ogro insensible, en un ser repudiable. Lo anterior demuestra la doble moral vigente en sectores de la sociedad chilena, donde se cuestiona al tipo que critica la Teletón, pero se queda callada cuando se realizan homenajes a chilenos que participaron en las violaciones a los derechos humanos en la dictadura de Pinochet, como el reciente homenaje a Krasnoff Marchenko en Providencia.
Es más, si la sociedad chilena proclama su solidaridad con los chicos de la Teletón y para no depender de la caridad ¿Por qué mejor no se crea un impuesto específico adicional de 100 o 200 pesos chilenos (0,20 a 0,40 centavos de dólar, noviembre de 2011) en cada cerveza o cajetilla de cigarros que se comercialice en Chile, en vez de este circo patético que es la Teletón? Esa sería una mejor manera de aportar no sólo a los niños de capacidades especiales, sino como parte del proceso de redistribución que tanto se pregona como necesario.
