Dentro del año litúrgico establecido por la Iglesia, existen celebraciones fijas, como la Navidad o la fiesta de Todos los Santos, y otras móviles, como la Semana Santa o Pentecostés, que no siempre se celebran en las mismas fechas pues su cómputo depende del calendario lunar.

La Semana Santa cristiana y La Pascua Judía

La Semana Santa es el momento litúrgico más intenso de todo el año para los católicos. En ella se conmemora la última semana de Cristo en la tierra, recordando todos aquellos acontecimientos que vivió y que le llevaron a morir en la cruz, resucitando a los tres días de la muerte, tal y como avanzaban las Escrituras.

En los primeros años del Cristianismo, estos días fueron denominados “Gran Semana” o “Semana Mayor”. Comenzaban las celebraciones el Domingo de Ramos, con el recuerdo de la entrada de Jesús en Jerusalén -que hoy se conmemora con la bendición de palmas en la misa- y terminaban el Domingo de Resurrección. Pero existía entonces mucha confusión con el momento del calendario en que debían celebrarse, ya que no se conocía con exactitud cuando había nacido Cristo.

Sí se conocían las fechas de la Pascua judía que Jesús celebró los últimos días de su vida y que conmemoraba la salida de su pueblo de Egipto, el fin de la esclavitud que allí había sufrido y su paso por el Mar Rojo.

Según la tradición judía, el día que salieron de Egipto había luna llena y por ello pudieron descartar el uso de lámparas que les habrían delatado ante los soldados egipcios, por ello la Pascua Judía o “Pesaj” se festeja siempre una noche de luna llena.

Ello sirvió para establecer el Jueves Santo, en cuya noche Jesús celebró con sus discípulos una cena a la manera tradicional. En esta ocasión los judíos se reunían para brindar por la liberación de la esclavitud, cenando normalmente cordero asado con ensalada, vino y pan ácimo. Éste les unía aún más a la tradición ya que se creía que en su rápida huida de Egipto, el pueblo judío no tuvo tiempo de cocer el pan con la levadura y hubo de realizar el viaje consumiendo pan ácimo.

La tradición católica conmemora ese día como “La Ultima Cena”, cuando Jesús instauró la Eucaristía, repartiendo el pan ácimo entre sus discípulos. La oblea que actualmente el sacerdote consagra en la celebración de la misa es un recuerdo de aquellos hechos y del pan ácimo que entonces se utilizó.

Los Concilios que establecieron la fecha de la Semana Santa

A pesar de conocerse la fecha del Jueves Santo, la confusión dentro de la Cristiandad en relación a la celebración de los acontecimientos de la vida de Jesús, seguía siendo un hecho, y no todas las iglesias la conmemoraban al mismo tiempo.

En el año 314, el concilio de Arlés, estableció también que sería el Papa la única autoridad válida para establecer la fecha de celebración de la Semana Santa y que por medio de una circular informaría a toda la Cristiandad. No debió tener mucho éxito la iniciativa, pues las iglesias de la parte oriental del Imperio continuaron sus celebraciones basándose en sus propios cálculos.

Hasta el primer Concilio de Nicea, diez años después, no se establecieron unas normas para toda la comunidad cristiana.

Se acordó entonces que, para no coincidir con la celebración judía, la Pascua de Resurrección debía celebrarse el primer domingo después de la primera Luna llena durante el equinoccio de primavera. Esta fecha, que podía caer en marzo o en abril, se calcularía en Alejandría, cuya Iglesia trasladaría estos datos a Roma, que la difundiría a toda la Cristiandad.

Con esto acuerdos se lograban varios objetivos. Por un lado, terminar con el continuo enfrentamiento entre la Iglesia de Roma y la de Alejandría otorgando a ambas el suficiente protagonismo en estas y otras cuestiones, como para poder acallar los disturbios y las protestas. Por el otro, asimilar celebraciones cristianas a fiestas paganas ya arraigadas tradicionalmente en la población y con una raíz astronómica relacionada con los cambios de estación y el calendario agrícola.

La Resurrección se hacía coincidir con el equinoccio de primavera, cuando los días se alargan, y la oscuridad del invierno deja paso al sol, con el que se identifica a Jesús, la Luz de la Verdad para los cristianos que aleja las “tinieblas”, término que las Sagradas Escrituras identifican con la ignorancia y la idolatría paganas.

Las fechas de la Semana Santa cristiana y Dionisio, el exiguo

No obstante, y a pesar de las buenas intenciones del momento, no fue en entonces cuando se establecieron las fechas que celebrarían la pasión y muerte de Cristo, sino un siglo más tarde, cuando Diosinio el exiguo, realizó nuevos cálculos.

Curiosamente los trabajos de este monje escita, cuya corta estatura le hizo merecedor de tan curioso sobrenombre, no estaban encaminados al principio a establecer las fechas de la pasión de Cristo, sino la del año de su nacimiento.

Con el deseo de cristianizar el calendario que seguía basándose en fechas paganas como el nacimiento de la ciudad de Roma, Dionisio el exiguo, fue autorizado en el año 525 por el Papa Juan I a establecer la fecha del nacimiento de Cristo para poder contar con ella como cómputo general de toda la Cristiandad.

Dionisio estableció que Jesús había nacido en el 753 ab urbe condita, o de la fundación de Roma. Este Año del Señor, que añadimos a las fechas históricas con la siglas A.D (Anno Dominni) o A.C (Antes de Cristo), fue considerado el “año 1”, a partir del cual se realizan los cálculos cronológicos de nuestro tiempo histórico.

Con independencia de los errores históricos que este cálculo lleva consigo, y que suponen que el año cero no existe, Dionisio se equivocó al establecer la fecha del nacimiento de Jesús, que debió ocurrir 4 o 7 años antes de lo que él dijo, ya que no tuvo en cuenta entonces que fue coetáneo de Herodes, y sabemos que este último murió en el 750 de la fundación de Roma, por lo que según los cálculos del monje nunca hubieran coincidido en vida y el pasaje de la matanza de los niños judíos no hubiera sido posible.

Con todo, los cálculos de Dionisio sirvieron para establecer las fechas del año litúrgico católico a través de sus “Tablas de Pascua”, que calculan las fechas en las que se ha celebrar esta festividad desde el 532 al 626.

Su trabajo estableció, por tanto, las fechas oficiales de la Semana Santa para todo el mundo cristiano, ya que la Pascua de Resurrección no podía ser nunca antes del 22 de marzo, ni después del 25 de abril.

La instauración de esta fecha era de suma importancia para la comunidad cristiana, pues de ella dependen otras celebraciones religiosas, como la de Pentecostés o la de la Ascensión, establecida cuarenta días después del día de Resurrección. Era también importante para la sociedad civil, ya que estas festividades quedaban reflejadas en el calendario laboral.

Curiosamente y a pesar de que la Semana Santa varía por las causas que hemos visto, hay fechas que se repiten con una mayor frecuencia. El 19 de abril es la fecha más frecuente para la celebración del Domingo de Resurrección, ya que cae en esa fecha casi 4 veces cada cien años. Lo infrecuente, sin embargo, es que caiga el 22 de Marzo, o el 25 de Abril.