La mandíbula se tensa, se abre la boca e inspira una gran cantidad de aire seguida de una rápida espiración que deja una gran sensación de bienestar.

Solo de leerlo entran ganas de bostezar, es una de las conductas más contagiosas.

Charles Darwin expresaba en sus notas: ”todos los animales están construidos con la misma estructura. El bostezo aparece prácticamente en todos los vertebrados, por el aburrimiento el cansancio o la digestión. La supervivencia del bostezo, inmutable durante millones de años, indica que debe tener una función evolutiva fundamental”.

¿Sirve para enfriar el cerebro? ¿Para despertar la atención? ¿O más bien está relacionado con la excitación sexual? Hasta ahora no se han encontrado respuestas definitivas.

Los pacientes de Parkinson y autismo apenas lo experimentan

¿Por qué?

El momento de bostezar desencadena un verdadero torbellino de señales bioquímicas en el cerebro. En este proceso neuronal intervienen un seguido de substancias como la acetilcolina, la serotonina o la dopamina, esta en concreto, parece jugar un importante papel. Esta substancia escasea en el cerebro de los enfermos de Parkinson, los cuales presentan una casi total desaparición del bostezo.

Los niños autistas tampoco se infectan de este impulso. La total desaparición del fenómeno en individuos con una escasa empatía, lo vincularía pues con la capacidad de conectar con el prójimo.

Cuándo se bosteza

¿Qué lleva al bostezo?

Muchas de las situaciones que llevan a bostezar se relacionan con el aburrimiento, el cansancio o el sueño, después de una comida abundante, al despertar, el mareo en los viajes, y muchas otras, pero ninguno de estos escenarios parece justificar la complejidad cerebral y la permanencia milenaria del bostezo.

Hay otras circunstancias totalmente contrarias que muy a menudo también llevan al bostezo: los atletas antes de las competiciones, los paracaidistas en los momentos previos al salto, los estudiantes cuando se enfrentan a un examen o incluso los músicos cuando se preparan para dar un concierto.

Así mismo los depredadores suelen hacerlo antes de ir de caza y en muchas especies, bostezar precede al apareamiento.

Parece ser que la maquinaria cerebral que desencadena el bostezo se activa antes de un acontecimiento importante.

¿Es verdad que el bostezo oxigena el cerebro?

Un científico lo averigua.

En los años ochenta se desmintió la teoría más difundida en la que se decía que el bostezo era un impulso necesario para oxigenar el cerebro.

Ronald Baenninger, de Filadelfia, proporcionó a un grupo de voluntarios, un equipo portátil, pidiéndoles que presionaran una tecla en concreto cada vez que bostezaran con un seguimiento de un par de semanas. Después de recoger todos los datos, averiguó que la mayor frecuencia se registraba unos 15 minutos antes de alguna actividad que requería una especial atención o entrega.

Bostezar en grupo

¿Una ventaja evolutiva?

EL bostezo es contagioso, de eso no hay ninguna duda. Se activa el surco temporal superior del cerebro, en la misma estructura que funciona en la percepción de ojos y boca. Así pues, esta impulsión colectiva podría haberse consolidado a lo largo de la evolución como una herramienta para propagar el estado de vigilancia en grupo.

Aun se desconoce si es así, pero lo que nadie puede negar es la fuerza irrefrenable que nos empuja al bostezo.

¿A caso no ha abierto la boca más de lo normal mientras leía este artículo?