Para los amantes de la historia, Pompeya y Herculano son dos visitas indispensables ya que en ellas podremos ver con bastante exactitud como era la vida cotidiana en una ciudad de la Roma Imperial. Estas dos ciudades estaban en una zona agrícola muy rica, muy cerca de Nápoles.

Tanto Pompeya como Herculano no tenían una gran notoriedad como ciudades, pero la Historia les recordará como las dos villas que quedaron totalmente enterradas por las cenizas y la lava del volcán. Precisamente esto permitió su magnífica conservación hasta la actualidad.

La erupción del Vesubio

Uno de los precursores de la erupción fue la intensa actividad sísmica que se produjo en el 63 d.C. Ésta ya afectó a las dos ciudades del sur de Italia. Estos movimientos sísmicos precedieron a la gran erupción de 24 de agosto del 79 que describió Plinio ‘el Joven’. El narrador romano residía en aquellos momentos en Miseno, a unos 20 kilómetros del Vesubio y que no quedó tan afectada.

Pompeya, situada a unos 27 kilómetros de Nápoles y a 17 de Herculano, fue donde los daños, tanto materiales como humanos, fueron espeluznantes. La tarde del 24 de agosto cayeron cenizas y piedra pómez pero más tarde la erupción perdió intensidad. Los habitantes pensaron que lo peor ya había pasado y volvieron a sus casas. Pero por la noche se produjo por diversos flujos piroclásticos (en términos de vulcanología, el momento más peligroso de una erupción).

Tal como indican las posiciones de numerosos cadáveres, muchos pompeyanos estaban durmiendo cuando se produjo esta actividad. Se encontraron cerca de 2.000 cadáveres sobre una población de 20.000. En Herculano, la erupción tuvo otro final. Tras la intensa lluvia de cenizas, al día siguiente descendieron grandes cantidades de pómez. Además la unión de los aguaceros y los lahares (una especie de fango mezclado con materiales a temperaturas muy altas) enterraron la ciudad. La mayoría de las muertes fueron provocadas por los vapores de azufre que asfixiaron a sus habitantes.

Excavaciones

Durante el siglo XVIII ya empezaron las excavaciones arqueológicas que continúan hasta en la actualidad. Los turistas y amantes de la historia pueden pasear por las calles de Pompeya, ver sus edificios públicos como el Foro –rodeado de importantes edificios administrativos-, el Templo de Isis, de Venus, el de Apolo, el de Júpiter, el Anfiteatro, la Casa del Fauno, el mercado, así como las tiendas, casas particulares y talleres.

También es interesante visitar la Basílica, que se remonta al siglo II a.C. Es un enorme edificio situado frente al templo de Apolo y en el que se resolvían los problemas de carácter civil y comercial. También se conservan diversos frescos y pinturas en los interiores de las casas, además de algún cuerpo de persona que quedó sepultada baja la lava del volcán.

Hay dos entradas a las ruinas de Pompeya: por la puerta Marina y por la piazza Anfiteatro. La más habitual es seguramente la primera. Las visitas se pueden hacer desde las 8:30 de la mañana a las 19:30. Se debe tener en cuenta que la visita es larga, no solamente por la gran extensión del parque arqueológico (45 hectáreas) sino porque hay cosas muy interesantes de observar. En verano, la visita puede ser eterna por el asfixiante calor y por el hecho que hay a penas árboles para salvaguardarse del sol. Sí que hay fuentes a lo largo del recorrido que alivian la excursión.

Herculano

Herculano, construida en las faldas del Vesubio, era más pequeña que Pompeya pero también han quedado muchos restos interesantes. Entre ellos, las casas particulares como la Casa del esqueleto o la casa Samnita y edificios públicos diversos como el teatro o también las termas suburbanas.

Para llegar tanto a Herculano como Pompeya existe un tren que circula por toda el área. Sale desde Nápoles (piazza Garibaldi) y tiene paradas en las diversas ciudades históricas que quedaron afectadas por el volcán.

El hecho de permanecer sepultadas por la lava y las cenizas durante siglos han permitido la conservación de los restos. La visita a la ciudad puede ser completada con una visita al Museo de Nápoles, donde se conservan numerosos restos de esta ciudad.