La presencia femenina en los ayuntamientos españoles de pueblos y ciudades comenzó como una tímida incursión en el Estadio embrionario de nuestra democracia, allá por el año 1979, pero cada comicio local celebrado desde entonces ha concluido con una mayor incorporación de la mujer a la política local y las municipales de 2011 supondrán un nuevo repunte.

¿Cuál ha sido el papel de las listas paritarias en este progreso? ¿Han surgido nuevas generaciones de líderes prominentes que se comprometen con sus conciudadanos para concretar sus sueños de hacer grandes cosas? ¿La ciudadanía conoce mejor ahora a las mujeres que compiten por un cargo y por eso las eligen? ¿Quiénes y por qué votan por ellas?

Presencia de la mujer en las elecciones de 1979

En las primeras elecciones municipales democráticas celebradas en España en 1979 los ciudadanos eligieron a 8.054 alcaldes. Solo 96 de estos regidores eran mujeres, un minúsculo 1,2% frente a 7.958 hombres. Por su parte, el porcentaje de concejalas ascendía entonces al 3,2%, al ocupar este cargo 2.197 mujeres de un censo global de 68.007 concejales.

Como contrapartida a este panorama, las municipales de 2011 evidenciarán un nuevo avance cuantitativo en cuanto a la presencia de la mujer en los ayuntamientos españoles, en consonancia con lo que sucedió la última cita. Las elecciones celebradas el 27 de mayo de 2007 ya trajeron consigo un panorama bien distinto al de las variables primigenias que comentábamos.

En 2007, el número de alcaldesas pasó de la exigua centena de hace treinta años a 1.221 mujeres elegidas. Por su parte, el número de concejalas se incrementó en 18.239. Entonces fueron elegidas 20.436 mujeres; el 30,9% del total de representantes en los ayuntamientos. Los datos, del Ministerio de Política Territorial y Administraciones Públicas, hablan por sí solos.

¿Qué sabemos de las mujeres que compiten por un cargo?

La escalada ascendente de la mujer en el ámbito político más cercano al ciudadano, los consistorios locales, sintoniza con su creciente protagonismo en todos los ámbitos de la vida pública y trasciende también de los papeles tradicionalmente atribuidos respecto al cuidado del marido, los hijos, sus progenitores y la casa. Entre las razones que mayoritariamente se esgrimen para su salida efectiva del hogar están su creciente grado de autonomía e independencia personal, la incorporación en estudios reglados de todo tipo y, por supuesto, una mayor presencia en todos los colectivos laborales.

Aceptamos que la mujer ha conseguido mayores cuotas de representación en círculos de decisión debido a méritos propios, respecto a una educación y capacidades equiparables, como poco, a las de los hombres. ¿También gracias a habilidades propias de su condición de mujer? Sí. El escritor Eduardo Punset es muy explícito: “la empatía es una cualidad de la que están mejor dotadas las mujeres” (“El viaje al amor”, p. 52). Pues bien, precisamente, la habilidad para el reconocimiento de las emociones y los pensamientos de otra persona, así como la destreza para el autocontrol emocional son, sin duda alguna, armas estratégicas en el albero “pasional” que la política es a diario y, especialmente, en campaña electoral.

Listas paritarias

Por último, la consabida paridad hombres-mujeres que los partidos enarbolan en cada comicio ha favorecido la confección de listas paritarias. También en clave nacional encontramos reflejada esta cuestión. En España, el 36% de los parlamentarios del Congreso de los Diputados actual son mujeres frente al 21% que representaban en el año 1992. En efecto, otro paso hacia adelante; aunque el caso español está aún alejado de los porcentajes de otras latitudes más ejemplarizantes. Por ejemplo, en las elecciones celebradas en Suecia en 2010 el 45% de los parlamentarios elegidos son mujeres. Así lo testifica la Unión Interparlamentaria a través de su página web.

El cerebro no tiene sexo

Recapitulemos: la mujer es un valor en alza en la carrera política y cada vez son más las elegidas. Sin embargo, afrontamos una cuestión no exenta de conjeturas. Todavía encontramos testimonios de la incertidumbre que suscita una mujer candidata por su simple condición de mujer respecto a su idoneidad para el cargo. Cuando la gobernadora de Alaska, Sarah Palin, se convirtió en la primera candidata a Vicepresidenta de Estados Unidos por el Partido Republicano, blogueras de todo el mundo preguntaron: "¿Está cualificada?" Podría pasar por un comentario anecdótico. Pero lo cierto es que la mayoría de esas blogueras no cuestionaron, al menos a priori, la idoneidad del candidato republicano masculino a la Presidencia, John McCain. Asimismo, la pregunta adquiere relevancia si contextualizamos el acontecimiento verdaderamente trascendente: casi cien años después del sufragio universal, las mujeres estadounidenses aún no han alcanzado el cargo más alto del país.

Chacón vs. Rubalcaba

Resulta oportuno preguntarse si en el concierto español la previsible pugna entre Alfredo Pérez Rubalcaba y Carme Chacon, en unas virtuales primarias en el seno del PSOE para apadrinar el partido en la era post-Zapatero suscitará dudas equiparables. En cualquier caso, qué diferentes son estas blogueras que cuestionan la capacitación para la carrera política de sus congéneres, de Clara Campoamor (Madrid, 1888 – Lausana, 1972). Traemos al caso a esta política española no solo por su defensa a ultranza de los derechos de la mujer cuando no estaban tan reconocidos como ahora, o por ser principal impulsora del sufragio universal en España, logrado en 1931; sino porque sus palabras respecto a la cuestión que nos ocupa son elocuentes.

(...)”Resolved lo que queráis, pero afrontando la responsabilidad de dar entrada a esa mitad del género humano en política, para que la política sea cosa de dos, porque solo hay una cosa que hace un sexo solo: alumbrar; las demás las hacemos todos en común, y no podéis venir aquí vosotros a legislar, a votar impuestos, a dictar deberes, a legislar sobre la raza humana, sobre la mujer y sobre el hijo, aislados, fuera de nosotras”. ("El voto femenino y yo". p. 107).