En el 2009, Max Neef, premio Nobel de Economía, en una magistral conferencia en España, lanza unas cifras y comentarios al modelo económico mundial que dejan perpleja a la humanidad y con muy pocos argumentos para no actuar.

A raíz de la crisis económica mundial, las economías desarrolladas generaron un paquete de ayudas de gran magnitud para salvar los bancos y las corporaciones más grandes del mundo. Sin embargo, todos los días mueren miles de personas por hambre y desnutrición y para ellos los recursos no existen.

La FAO y los bancos compiten por los recursos

Max Neef, premio Nobel de Economía, deja en evidencia dos hechos ocurridos simultáneamente a finales del 2008.

Mientras la FAO saca un informe en que el que estima que en el mundo 1.000 millones de personas mueren al año por hambre y desnutrición producto de la pobreza, y que se requieren aproximadamente 30.000 millones de dólares anuales para ayudar a salvar esas vidas. Simultáneamente, expone, que la acción concertada de seis bancos centrales de USA, UE, Japón, Canadá, Inglaterra y Suiza solicitan recursos para salvarse de sus quiebras.

Estos bancos consiguen inicialmente 480.000 millones de dólares, luego el Senado de los Estados Unidos autoriza 700.000 millones, posteriormente se agregan 800.000 millones, y así sucesivamente hasta que en septiembre de 2009, un años después se completa un paquete total de rescate de 17 trillones. Al hacer la división de estos recursos entre los 30.000 millones de dólares que calcula la FAO para combatir el hambre, se tendrían 600 años sin hambre en el mundo.

La paradoja del hambre y la pobreza

El anterior escenario nos remite a una paradoja: la pobreza en el mundo, en palabras de Max Neef "Nunca hay suficiente para los que no tienen nada y siempre hay, más que suficiente para los que lo tienen todo. No hay recursos para salvar vidas pero hay suficientes recursos para salvar bancos".

En palabras de Ghandi: "En el mundo hay suficientes recursos para cubrir las necesidades de la mayoría pero muy pocos para la codicia de la minoría". Estas célebres frases deben llevar a los líderes políticos, religiosos, empresariales, culturales y de todo tema a reflexionar sobre el mundo que se ha construido para proponer nuevos modelos que enfrenten y contengan esta tendencia que no puede continuar porque ya está llegando a límites que rebasan la inmoralidad y la obscenidad. Con esto queda demostrado que el problema no es de recursos, sino de codicia y falta de liderazgos colectivos.

A combatir la desigualdad y la injusticia

Los análisis presentados por Max Neef demuestran como en los últimos 40 años la inequidad en la distribución del ingreso mundial se aumentó. Las cifras que suministró hablan por sí solas. En 1965, antes de que se implementara el modelo de globalización el ingreso per cápita de los siete países más ricos del mundo llamados "Grupo de los siete" G7 superaba en 20 veces a los siete países más pobres, en 1999 más de 20 años después de implementar la globalización este factor se aumentó a 39 veces, y en el 2009 se calcula que supera las 50 veces.

En síntesis, la apertura económica que derrumbó las barreras arancelarias que protegían a los países más pobres, al contrario de lo que se pretendía aumentó la inequidad y la pobreza entre los países.

Suficiencia y bienestar del nuevo modelo económico y social

La propuesta de Max Neef sobre el nuevo modelo sugiere que debe comenzar por reconocer los límites de la capacidad de carga de la tierra y de ese modo pasar de la eficiencia a la suficiencia y bienestar.

Disminuir las desigualdades es un imperativo impostergable porque sin equidad las soluciones pacíficas en el mundo son imposibles de lograr. Pero este nuevo modelo exige reemplazar los valores dominantes de codicia, competencia y acumulación por los de solidaridad, cooperación y compasión.

El desafío es lograr un nuevo paradigma que debe alejarnos del crecimiento económico a cualquier costo y superar la codicia y la acumulación como metas centrales del presunto bienestar social.

Privilegiar la producción y el consumo local

Dentro del proceso de transición se requiere ajustar menores niveles de producción y consumo, favorecer las economías locales y regionales y volver a las sociedades que miren hacia adentro, que protejan su actividad económica y estimulen el consumo de los bienes y servicios que ellas mismas oferten.

El urbanismo social, el fomento a las micro y pymes y la participación democrática en el desarrollo son algunos de los instrumentos que pueden contribuir a mejorar las la situación de los países más pobres.

Al final Max Neef propone es que la economía como las demás ciencias evolucione hacia la comprensión de los problemas del siglo XXI con teorías económicas de este siglo y no con las del siglo XVIII, como lo ha venido haciendo hasta ahora.