La Arqueología submarina es una disciplina dentro de la Arqueología que generalmente se emplea para descubrir pecios, restos y tesoros de naufragios, o construcciones artificiales que los movimientos sísmicos o las erupciones volcánicas de la Antigüedad hicieron sumergir bajo las aguas del mar.

Muy pocos investigadores esperan hallar nada parecido a unas pinturas rupestres sumergidas en una gruta submarina. Y sin embargo en el año 1991 un submarinista llamado Henri Cosquer descubrió en una cueva cerca de la ciudad de Marsella, a 37 metros por debajo del mar unas pinturas que, por lo inédito del hallazgo, sorprendería a la comunidad arqueológica y obligaría a desarrollar un campo totalmente novedoso: el estudio submarino de restos de la prehistoria.

Una explicación simple para un hecho casual

Sin embargo este hallazgo no oculta nada misterioso, más allá de las grandes y complejas alteraciones geológicas que ha sufrido la corteza terrestre a lo largo de la historia. Los arqueólogos que han estudiado estas pinturas: Jean Clottes, Jean Courtin y Luc Vanrell han investigado a fondo los motivos por los cuales está cueva se halla sumergida en la actualidad y han llegado a una explicación lógica.

Al final de la última glaciación, hace unos 10.000 años, el deshielo de las enormes capas glaciares que habían cubierto gran parte de Europa y Norteamérica provocaron que el nivel del mar subiera a cantidades inimaginables, cubriendo parte de los antiguos litorales costeros e incluso llegando varios kilómetros tierra adentro. Por ello zonas que antes eran colinas rocosas alejadas de la costa y con una altura a veces de hasta un centenar de metros por encima del nivel del mar quedaron entonces sumergidas bajo el agua.

Por esto las pinturas de la cueva Cosquer, llamada así en honor de su descubridor, aparecen hoy bajo la superficie marina. En cambio, cuando fueron realizadas hace unos 30.000 años se encontraban a 78 metros sobre el nivel del mar y a 5 kilómetros de la costa más cercana.

Inventario de las pinturas rupestres de Cosquer

El inventario de las pinturas realizado por los arqueólogos anteriormente citados cifra detalladamente la tipología de los dibujos en varías clases: imágenes de animales, manos impresas, símbolos geométricos, la imagen de un hombre muerto y representaciones de órganos sexuales, tanto masculinos como femeninos.

Estiman cuantificados en los lugares de la cueva donde han podido llegar un total de 187 dibujos de diversas especies animales, algunas extintas como el ciervo gigante Megaloceros, y unas 65 manos humanas impresas en rojo y negro, algunas de niños. Se cree que la representación de estas manos podía deberse a algún tipo de identificación social, de familia o de clan.

Los investigadores consideran que esta cueva no fue habitada permanentemente por ningún grupo humano, sino que eran visitadas periódicamente sobre todo durante dos épocas: hace 27.000 y 19.000 años, respectivamente

En busca del primer medicamento de la historia

El motivo de estas visitas podía deberse a cuestiones medicinales. Las estructuras geológicas naturales, las estalactitas y las estalagmitas de la cueva pueden darnos una pista acerca de ese motivo.

Estas estalactitas y estalagmitas aparecen en algunos casos rotas y rascadas, indicios que llevan a pensar a los científicos que tal vez los seres humanos del Paleolítico visitaran estos lugares en busca de uno de los remedios medicinales más antiguos conocidos: el carbonato de calcio. Quizás sea esta una de las pruebas más antiguas de su utilización por el hombre.

Por ello el estudio de la sumergida cueva Cosquer y sus pinturas resulta muy interesante para la Arqueología actual.