En la primera mitad del S.XIX, la figura de Francis Gall, anatomista austriaco, propone una ciencia a la que pone el nombre de "craneología" a la que posteriormente se llamaría "frenología". Gall, propone que distintas regiones cerebrales están encargadas de distintos factores de la personalidad. El anatomista proponía que una protuberancia en una región cerebral encargada de una cierta característica de personalidad (delincuencia, vocación religiosa...) promovía que una persona tendiera a comportarse de una determinada manera.

La frenología tuvo una impresionante repercusión social y fue tomada muy en serio por la comunidad científica de las siguientes décadas, no obstante, en la actualidad, los estudios de la antropología y la neurología han desbancado la mayoría de las formulaciones de Gall, dejando a la frenología con la etiqueta de "pseudociencia".

Sin embargo, el planteamiento de Gall, aunque incorrecto en su manera de especificar, supuso un muy importante avance tanto para la psicología diferencial como para, sobre todo, la neurociencia. Para la primera, por ser la primera gran teoría científica que defendía que los rasgos de personalidad estaban marcadas por diferencias individuales a nivel orgánico y la para la segunda, a la que se refiere este artículo, por ser la primera gran teoría que defiende que distintas facultades se encuentran en zonas determinadas y aisladas del cerebro.

En la actualidad sabemos que hay áreas cerebrales encargadas del lenguaje, del procesamiento de la información... incluso de mediar nuestra vida afectiva.

La increíble historia de Phineas P. Gage

El acontecimiento que hizo a empezar a replantearse a la comunidad científica del papel del cerebro en nuestra vida afectiva ocurrió a las cuatro y media de la tarde del día 15 de septiembre de 1848, en la ciudad de Cavendish (Estados Unidos). Ese día, un grupo de obreros, liderados por un simpático, afable y trabajador capataz de veinticinco años de edad, llamados Phineas Gage, trabajaban en la construcción de una nueva línea de ferrocarriles.

El equipo de Gage, se encontró con una gran roca, que taponaba la ruta del ferrocarril, a la cual había que dinamitar. El propio Gage se encargó de ejecutar la operación. El primer paso consistía en perforar la piedra, para insertar pólvora en el vano creado, posteriormente, debía de apisonar la pólvora en el fondo, empleando para ello una barra de metal de un metro de longitud y 2 centímetros de diámetro. La fricción de la barra con la piedra, provocó que saltase una chispa que encendió la pólvora, produciéndose una explosión que lazó la barra, con tal mala fortuna que esta atravesó el cráneo de Gage, entrando por la parte derecha de su mandíbula y sobresaliendo por la parte central superior de su cabeza (quedándose allí atrancada), la explosión provocó además que Gage saliera disparado, cayendo a cuarenta metros de distancia.

Una vez en el suelo, sufrió severas convulsiones, pero lo realmente sorprendente es que, apenas cinco minutos después, fue capaz de levantarse y hablar con sus compañeros de una forma bastante locuaz, estos le llevaron a un hotel cercano, para una vez allí, avisar a un médico. Phineas, no necesitó ayuda para subirse o bajar de la camioneta, y subió hasta la habitación por su propio pie (todo esto con la barra de metal incrustada en la cabeza).

Los médicos lograron retirar la barra y curar las heridas (a pesar de una infección inicial, que pudo ser tratada correctamente). Lo que ninguno de ellos era capaz de explicarse era que a pesar de haber quedado destrozada un gran zona de su parte anterior del cerebro, su memoria, su lenguaje y sus sentidos no se habían visto alterados.

Apenas tres semanas más tarde, Gage parecía completamente recuperado y se reincorporó a la vida laboral. No obstante, las personas que le conocían, decían ver en él una persona completamente distinta. El Phineas Gage, trabajador y simpático que todos conocían "murió" para dar paso a un nuevo Gage, violento y desagradable. El nuevo Phineas presentaba repentinos cambios de humor independientes del contexto y además mostraba muy poco respeto por las normas sociales.

John Harlow, uno de los médicos que le trató tras el incidente de la barra escribió un par de libros acerca de este hombre llamados Pasajes de una barra de hierro en la cabeza (1948) y Recuperación de una barra de hierro en la cabeza (1968), en ellos, habla del repentino cambio de personalidad de Gage, de la siguiente forma: "El equilibrio entre sus facultades intelectuales y tendencias animales se destruyó”.

Gage murió en 1861, habiendo parecido numerosos ataques epilépticos y sin recibir una adecuada autopsia cerebral que permitiera esclarecer más acerca de su caso.

El descubrimiento del sistema límbico

Todo lo que se había escrito acerca de Gage provocó que la comunidad científica no se rindiera y, más allá de su muerte, tratase de dar una explicación a su trastorno.

En 1937, James Papez propone un circuito integrado por el hipocampo, el hipotálamo, el tálamo anterior y el giro cingulado como lugar de localización de las emociones en el sistema nervioso central (los modelos actuales también incluyen la amígdala y el área septal, así como otras áreas neuroanatómicas). Este circuito, integrado en lo que posteriormente McLean llamaría Sistema Límbico, se ha demostrado que tiene una incidencia directa en factores como el instinto sexual, la conducta alimenticia, la ira, la violencia, la memoria y la motivación. Efectivamente, el área destrozada del cerebro de Gage, formaba parte de dicho sistema.