En los años 80-90, se produjeron diversos episodios de mortandad masiva de peces en las costas de Carolina del Norte y en la bahía de Chesapeake. Los peces aparecían flotando en masa, cubiertos de heridas sangrantes y coleando en un vano intento por respirar. El número de peces muertos en estas circunstancias, en el estuario de Neuse (Carolina del Norte), en 1991, alcanzó los mil millones de ejemplares. Sin embargo, cuando se recogieron muestras de agua, ésta aparecía libre de tóxicos. ¿Qué producía la muerte de los peces?

Pfiesteria piscicida

La Pfiesteria piscicida fue descubierta en 1988, en los estanques salobres de la facultad de veterinaria de la Universidad de Carolina del Norte, debido a la muerte de los peces que eran introducidos en ellos. El agua analizada parecía limpia, pero los nuevos peces contraían el mismo mal que sus predecesores y morían. Finalmente, repararon en la presencia de unos seres unicelulares, parecidos a los dinoflagelados, que abundaban en el agua justo antes de que los peces cayeran enfermos, desaparecían después de la mortandad y volvían a aparecer al introducir peces nuevos. La especie fue bautizada con el nombre de Pfiesteria en honor a Lois Ann Pfiester, una bióloga que realizó gran parte de las investigaciones iniciales sobre el dinoflagelado, y “piscicida” por su efecto letal sobre los peces. Hoy día se sabe que no se trata de una única especie, sino de, al menos, dos, por lo que se suele hablar del “complejo tóxico Pfiesteria” o, simplemente, “Pfiesteria”.

Una vez descubierta, se realizaron estudios a nivel mundial y se descubrió que se trata de una especie que se encuentra presente en las aguas de todo el mundo, pero que sólo provoca mortalidad masiva en presencia de nitrógeno y fósforo en gran abundancia. Es decir, en aguas con grandes aportes de contaminantes de origen humano (aguas fecales, abonos, residuos industriales…).

Las particularidades de Pfiesteria

A pesar de que los estudios iniciales clasificaban a este nuevo ser dentro del grupo de los dinoflagelados, pronto se descubrió que tenía un comportamiento completamente distinto y mucho más agresivo.

Los dinoflagelados son animales protistas (unicelulares sin núcleo celular definido), que poseen dos flagelos (especie de cola cuyo movimiento recuerda al del látigo), con el que pueden desplazarse en el agua. Justo antes de que los peces caigan enfermos, el aspecto de Pfiesteria es más o menos ése. Pero, a lo largo de su vida, puede cambiar de morfología hasta 24 veces. Además, Pfiesteria es capaz de producir una neurotoxina volátil que se desplaza por el aire y que puede producir desorientación, falta de equilibrio, amnesia… Mientras que los demás dinoflagelados tóxicos, se limitan a contaminar el agua. Las personas expuestas a dicha neurotoxina pueden presentar desde irritabilidad hasta síntomas similares al Alzheimer; y, aunque dichos síntomas desaparecen a los pocos meses, las personas afectadas pueden sufrir recaídas con el tiempo.

Ciclo vital de Pfiesteria

Pfiesteria es un organismo tremendamente adaptado. A pesar de ser unicelular, es capaz de cambiar de forma y de pautas de alimentación dependiendo del medio en el que se encuentre y del tipo de presa presente.

En ausencia de peces, este microorganismo no resulta tóxico y se encuentra en el fondo, en forma de cistes (estructura dura y resistente, que permite al organismo un estado similar al de la hibernación). Sin embargo, al detectar los excrementos y las secreciones de los peces, Pfiesteria sale de su hibernación y empieza a verter toxinas al medio; es su etapa de “dinoflagelado”. Dichas toxinas hacen enfermar a los peces: deterioran su piel, dañan el sistema nervioso y los órganos vitales y los hace entrar en un estado de letargo. Entonces, Pfiesteria cambia de forma: de dinoflagelados pasa a forma “ameboide” (es decir, con forma de ameba: sin flagelos pero con una gran capacidad para cambiar). Con esta nueva forma, ataca a los peces y se alimenta literalmente de ellos. Una vez realizada la matanza, cuando ya no quedan peces de los que alimentarse, algunos individuos pueden permanecer en el agua, en forma “no tóxica”, alimentándose de algas y reproduciéndose, o pueden volver a formar cistes en el fondo, en espera de una nueva cacería.

Actualmente, el “complejo tóxico Pfiesteria” se estudia tomando grandes medidas de seguridad: circuito cerrado de aire, cámaras de descontaminación, trajes especiales… El conocimiento de esta especie tan agresiva podría arrojar luz sobre grandes mortandades o afecciones neuronales para las que aún no se tiene explicación.