El fenómeno no es nuevo, ni poco común, pero no por ello es menos atemorizante. Muchísimas personas se han quejado a lo largo de la historia de que al dormir algo o alguien se les sube encima. La experiencia continúa con una sensación de parálisis que se apodera de todo el cuerpo. Quizá la cosa que se tiene arriba, se piensa, es la causante de ello. El horror insta a gritar pero incluso eso resulta imposible.

Ya la palabra “pesadilla” fue acuñada tomando en cuenta esta impresión de estar bajo un peso.

Y si bien la vivencia es la misma desde la antigüedad, cada época y cada cultura ha encontrado una explicación distinta, o mejor dicho un culpable distinto, porque invariablemente todas las elucubraciones apuntan hacia el ataque de una criatura no humana.

Las pesadillas para los babilonios y griegos

Si se vivía en la antigua Babilonia y se tenía una pesadilla podía pensarse que todo era a causa del dios Alu, quien era el portador de las tormentas pero también prodigaba los malos sueños.

Ahora que si se era un griego clásico podía argumentarse que el gigante Elfialtes había sido el causante de la mala noche.

Pero nada sería tan verosímil en el medioevo como la hipótesis postulada por el Zohar, que acusaba de aquel trastorno a los célebres demonios íncubos.

El íncubo

La palabra romana incubus, señala Lecouteux, significa “que se acuesta encima”. Tras la homogeneización de los diversos espíritus paganos bajo el título de demonios, el íncubo resulto ser prácticamente el único responsable de las pesadillas aplastantes.

Estos demonios junto con su versión femenina los súcubos, tenían la particularidad no considerada en otras culturas, de asaltar sexualmente a los dormidos.

Podían presentarse disfrazados como el esposo o la esposa de la víctima, aunque no tenían ningún inconveniente en mostrarse tal cual eran mientras se introducían en los sueños del asediado.

La madre de Merlín tuvo un encuentro de esta naturaleza, cuenta el libro La Historia de Merlín. El resultado de dicho intercambio sexual derivó en el nacimiento del buen sabio. Pero en la mayoría de los casos no podía esperarse obtener otra cosa que un acceso de angustiada culpa cristiana.

Mare, la pesadilla

Muy lejos de ocasionar placer sexual, la Mare o Mahr, que dio origen a la palabra nightmare, era una aparición que se montaba sobre el pecho de los durmientes para inducirles dolor, dificultad para respirar y sueños horribles.

Frecuentemente se la asociaba con la forma de una yegua, aunque era bien sabido que tenía la facultad de cambiar su apariencia.

Podía hacerse pequeñísima y entrar por la cerradura de una habitación o a través de cualquier grieta en la pared.

La Mare no se conformaba con el ataque a los humanos. Los caballos y las vacas sufrían igualmente sus asaltos. El poseedor de alguno de estos animales debía estar pendiente de los síntomas.

Un caballo atacado por la Mare amanecería empapado en sudor, como si hubiera cabalgado toda la noche. Las vacas, por su parte, darían leche agria al ser ordeñadas.

Subida del muerto

Antes que la Mare, los “malos muertos”, asolaban a los durmientes del norte de Europa.

En la Historia rerum Anglicarum, Guillermo de Newbury narra la historia de una mujer que después de enviudar y llevar a cabo los ritos funerarios fue asaltada por la presencia de su marido.

El muerto había llegado a su casa esa misma noche. Tras entrar a su habitación y despertarla procedió a acostarse encima de ella sin más intención que la de aplastarla.

El duende y la pesadilla

El elfo de origen germánico que eventualmente se transformó en lo que se conoce como duende, fungió también como sospechoso de la parálisis del sueño.

Para Lecouteux, en su libro Enanos y elfos en la Edad Media, la acusación resulta injusta; los elfos eran originalmente seres de luz, y los duendes encarnaban a los benignos genios domésticos.

Con todo la gente llegó a dudar de su buena voluntad y consideró que eran ellos los culpables del malestar en sueños.

La vieja bruja en los sueños

¿Existió algún mal que no le fuera achacado a las brujas? Los malos sueños ciertamente no se libraron de ser adjudicados a sus hechizos.

En Estados Unidos e Inglaterra la sensación de ser aplastado mientras se duerme ha sido llamado The Old Hag syndrome o síndrome de la vieja bruja.

El nombre se conserva aún sabiendo que el verdadero culpable es el cerebro y sus conexiones. No se trata de nada serio, sólo de un trastorno del sueño. Pero quizá el término vieja bruja sea exacto en tanto que retrata con justeza la cara atroz de nuestros temores.