La pericarditis aguda se caracteriza por el dolor que aparece en el centro del tórax y que a menudo irradia hacia la espalda, el cuello, los brazos y el hombro izquierdo. La inflamación del pericardio es la causa del dolor, un dolor que puede variar según la posición del paciente; más intenso cuando se está acostado boca arriba y más leve al sentarse inclinado hacia adelante. También se incrementa con las respiraciones profundas y, en algunas ocasiones, se presenta un dolor o molestia constante a la altura del esternón que se asemeja al infarto agudo de miocardio. Se pueden presentar otros síntomas que suelen durar varios días, entre ellos la fiebre, taquicardias, tos o molestias en la deglución. En el caso de que se produzca un derrame pericárdico pueden darse otro tipo de complicaciones añadidas como mareos o dificultades respiratorias, entre otros.

La pericarditis crónica se considera como tal cuando su duración va más allá de las 6 semanas. En buena parte de los casos se desconoce la causa, aunque no es extraño que la pericarditis crónica se desarrolle a partir de un cáncer, una tuberculosis o una insuficiencia tiroidea. Los efectos dañinos que se producen sobre el pericardio incluyen el engrosamiento, la calcificación y la retracción. Cuando se dé esta circunstancia hay que hablar de pericarditis constrictiva; un tipo grave de pericarditis que además puede provocar otras complicaciones como el aumento de tamaño de las venas del cuello, hinchazón del abdomen, los tobillos o las piernas, así como a un posible fallo cardiaco.

Causas de la pericarditis

La causa de la pericarditis es, en la mayoría de casos, desconocida. Sí se ha comprobado que afecta con mayor frecuencia a hombres entre los 20 y los 50 años de edad.

Aunque queda mucho por investigar respecto a las causas de la pericarditis, se ha constatado que a menudo se presenta como consecuencia de una infección. Entre estas infecciones están las de origen viral como la influenza, el virus de Coxsackie o el causante de resfriados o neumonía. Mucho menos común es la presencia de la pericarditis tras infecciones bacterianas, y aún menos en el caso de las infecciones por hongos.

La pericarditis también puede aparecer asociada con otras enfermedades, como puede ser el cáncer, el SIDA, la tuberculosis, el hipotiroidismo, la insuficiencia renal o la fiebre reumática.

Otras causas que se relacionan con la pericarditis abarcan la cirugía cardiaca, el empleo de algunos medicamentos, la radioterapia en el tórax o un ataque cardiaco.

Síntomas de la pericarditis

El síntoma por excelencia de la pericarditis, y que casi siempre está presente, es el dolor torácico. Este dolor puede diseminarse al cuelo, abdomen, hombro o espalda. Cuando hay infección pueden presentarse síntomas como la fiebre, escalofríos o sudoración. Independientemente pueden presentarse otros síntomas como la hinchazón de tobillos, pies y piernas, alguna dificultad respiratoria, sobre todo al estar acostado, cansancio, ansiedad y tos seca.

Tratamiento de la pericarditis

En caso de ser posible, es importante identificar la causa de la pericarditis. El tratamiento más habitual incluye la administración de dosis elevadas de AINE,s como el ibuprofeno, un medicamento que ayudará a aliviar el dolor y a reducir la inflamación.

Cuando la pericarditis no logra erradicarse en un plazo prudencial de dos semanas a lo sumo, o si esta reaparece, se puede incluir un medicamento llamado colchicina.

Si la infección es de origen bacteriano se emplearán antibióticos, y en el caso de que se trate de una infección fúngica, serán los antimicóticos los encargados de combatir la infección.

En algunas situaciones puede utilizarse otros medicamentos como los corticosteroides, por ejemplo la prednisona. También puede ser necesario el uso de diuréticos para el exceso de líquido. Sin embargo, cuando la acumulación de líquido afecta el normal funcionamiento del corazón puede ser necesario proceder a un drenaje del líquido mediante un procedimiento denominado pericardiocentesis.

En otros casos se requerirá la cirugía. Tal caso puede darse en la pericarditis crónica o recurrente o bien cuando se produce cicatrización o rigidez del tejido que envuelve el corazón. Esta circunstancia obligará a cortar o extirpar parte del pericardio. Este procedimiento se conoce como pericardiectomía.

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