Los psicópatas se encuentran fácilmente entre los asesinos en serie, violadores, pederastas o maltratadores, pero el psicópata más habitual es aquel que se adapta al medio, camuflado tras su apariencia de persona integrada socialmente, a pesar de que en su perfil no figure la empatía ni rasgo alguno que le permita ser permeable a las necesidades o sentimientos de los demás. De hecho está especialmente dotado para la insensibilidad al dolor ajeno, de ahí que no sienta remordimiento alguno por el perjuicio que pueda causar su comportamiento antisocial.

El término psicópata, en realidad, está en desuso en el ámbito de la psicología, y aunque resulte muy familiar, fue sustituido en el DSM por el de trastorno de personalidad antisocial.

Psicopatía. ¿Maldad o enfermedad?

Hay que distinguir dos conceptos que a veces se utilizan indistintamente para reflejar un comportamiento antisocial, y cuyo parecido etimológico suele confundir a los menos avezados en estos temas, con la colaboración, todo hay que decirlo, de los medios de comunicación, que suelen presentar a estos individuos como una mezcla de locos y enfermos. Sin duda existen los criminales que actúan con violencia, a veces extrema e inexplicable, y que viene precedida de una enfermedad mental: son los psicóticos. Pero también están los asesinos cuyo accionar no viene condicionado por enfermedad alguna: son los psicópatas. Los psicóticos son enfermos, los psicópatas no.

Hay que incidir, no obstante, en que la mayoría de psicóticos y psicópatas no son criminales, a pesar de sus rasgos antisociales –más evidentes en los psicóticos–. La diferencia radica en que el psicótico no es capaz de ejercer control alguno sobre sus actos, mientras que el psicópata es un controlador y manipulador nato y, por supuesto, plenamente consciente de sus actos, tanto en la planificación como en la ejecución de los mismos.

El sociópata

Casi todos los psicópatas sociales muestran una gran locuacidad, encanto y se presentan como grandes entendidos sobre temas que sólo conocen superficialmente. El objetivo es alimentar su ego ilimitado.

Con una elevada autoestima, fruto de su enorme egocentrismo, se creen con derecho a todo, sin más normas que las suyas. Su arrogancia, seguridad y ansia de dominación le lleva a desentenderse por completo de las consecuencias de sus actos ni a conocer, tan siquiera, lo que significa el sentimiento de culpa.

La mentira y la manipulación pueden ser utilizadas para un fin concreto o simplemente como un fin en sí mismo: la demostración de sus habilidades en el “arte” del engaño. Suelen confundir a la gente de su entorno, quedando estos atrapados en la telaraña que construye el psicópata para atrapar a sus víctimas, gracias a la convicción con que presentan sus argumentos distorsionados y la tergiversación de unos hechos que, si es necesario, retuercen hasta encajarlos en su realidad, desarmando, finalmente, a quien no reconoce ni previene las estrategias del psicópata.

El psicópata, en definitiva, es insensible a las emociones humanas básicas, y aunque puedan manifestar cierto dramatismo emocional cuando les conviene, en el fondo se trata de una exhibición vacía de contenido que no pretende otra cosa que vaya más allá de sus propios intereses.

El perfil del sociópata

El perfil del psicópata social no es tan notorio como el que presenta el psicópata criminal. Su faceta más destacada reside en la capacidad adaptativa y camaleónica para moverse y actuar en nuestra sociedad. Puede tener mil caras, siempre interpretando el papel que más le favorece y conviene a sus intereses y siempre, también, sin importarle lo más mínimo el daño que pueda ocasionar a los demás. Esta doble vida, con su cara amable de padre de familia, trabajador, e incluso hombre de éxito, oculta su verdadera esencia, la del manipulador, astuto, narcisista, maltratador, egocéntrico junto a otros rasgos que caracterizan al psicópata que utiliza, hiere, engaña y traiciona sin el menor escrúpulo.

Como indica Vicente Garrido, diplomado en criminología: "...en su actuar cotidiano están ausentes las mínimas habilidades que permiten establecer una relación sincera, predecible y plenamente humana".

El psicópata asesino

El psicópata puede haber desarrollado ese trastorno de la personalidad debido a una crianza en un ambiente marginal donde la violencia era la moneda de cambio habitual. Los comportamientos antisociales, en estos casos, son tanto una cuestión educacional como de supervivencia. Es la ley del más fuerte. Independientemente, o más a más, pueden haber crecido en un entorno familiar carente de las normas y valores esenciales, sin la relación afectiva que debería haberlo vinculado con sus progenitores. En consecuencia, el camino suele ser la asociación –y el aprendizaje– con malas compañías que acostumbran a transitar caminos de drogas, delincuencia, asesinato, etc.

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