En la fiesta judía del Pentecostés, también llamada la quincuagésima, por ser 50 días después de la celebración de la Pascua, lo que para los cristianos es el domingo de resurrección, se fecha el inicio de la iglesia, pues estando los discípulos de Jesús, asustados, encerrados en el llamado Lugar alto, orando, bajó el Espíritu Santo como dice Lucas en Hechos, en forma de Lenguas de Fuego, cumpliendo así la palabra de Jesús de que serían bautizados en espíritu y no solo en agua.

Pese a que Jesús se les había aparecido varias veces tras su resurrección, y habían visto su ascensión al cielo, los discípulos del Mesías, no sabían que hacer, estaban completamente desconcertados, asustados por lo que pensaban que les podía ocurrir a ellos, por ser seguidores de Cristo, tras haber sido testigos de su muerte. Pero ese día de Pentecostés, con la llegada del Espíritu Santo, la valentía y las fuerzas llegan a ellos, al entender, por fin, quién era realmente Jesús.

La fiesta judía

A los 50 días de la Pascua, los judíos celebraban la llamada fiesta de las 7 semanas, que en un principio era una fiesta agrícola, y posteriormente se convirtió en le recuerdo de la Alianza del Sinaí (ver Éxodo 34:22). Esta Alianza es el momento en el que Dios da al pueblo de Israel la promesa de la Tierra Prometida.

Vemos en Éxodo 19: 3-8 “Moisés subió al monte de Dios y Yahvé lo llamó desde el monte, y le dijo: «Habla así a la casa de Jacob y anuncia esto a los hijos de Israel: 4 `Vosotros habéis visto lo que he hecho con los egipcios, y cómo os he llevado sobre alas de águila y os he traído a mí. 5 Ahora, pues, si de veras me obedecéis y guardáis mi alianza, seréis mi propiedad personal entre todos los pueblos, porque mía es toda la tierra; 6 seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación santa.' Éstas son las palabras que has de decir a los israelitas.» 7Moisés fue y convocó a los ancianos del pueblo y les expuso todas estas palabras que Yahvé le había mandado. 8 Todo el pueblo a una respondió: «Haremos todo cuanto ha dicho Yahvé.» Moisés transmitió a Yahvé las palabras del pueblo”.

La llegada del Espíritu Santo

Sin embargo, tras la resurrección de Jesús y la Ascensión del Cristo al cielo para sentarse a la Derecha de Dios Padre, todo cambia. Los Cristianos despiertan de su largo letargo, los discípulos por fin comprenden quién es Jesús, y tras el bautismo de ellos en el Espíritu, (como cuando dice Lucas en Hechos de los Apóstoles, lenguas de fuego se posaron sobre sus cabezas y comenzaron a hablar en diferentes idiomas siendo comprendidos por todos cuanto les escuchaban) y la Iglesia comienza con el evangelismo que hace Pedro.

Se levanta perdiendo todo su temor, y Dios comienza a hablar por el Espíritu utilizando a Pedro, el mismo que había negado al Señor 3 veces por temor, el mismo que se hundió al caminar sobre las aguas por no dejarse sostener por la fe, y dicen las Escrituras que aquél día más de 3.000 personas de convirtieron. ¿Puede imaginarse algo así?

¿Quién es el Espíritu Santo?

Muchas veces hemos escuchado hablar de él, incluso quizás lo hemos mencionado o le hemos invocado en alguna oración. Piensa cuántas veces has sentido su acción sobre ti: cuando sin saber cómo soportas y superas un problema, cuando solucionas una situación que parecía imposible, cuando las palabras que dices parecen no salir de ti, y sin embargo consigues aquello que tanto deseabas.

Y es que cuando Jesús ascendió, nos dejó a todos una promesa, que enviaría al Espíritu Santo a habitar entre nosotros para que nos enseñe lo correcto o lo incorrecto y nos recordase sus palabras.

Con la fiesta de Pentecostés se recuerda aquella primera vez en que por gracia del Espíritu la primera Iglesia se levantó y comenzó a cosechar la mies que tanto había predicado Jesús. Pero es una fiesta que hoy en día seguimos celebrando, porque ese Espíritu sigue con nosotros, el mismo: Jesús, Dios, el Espíritu es el mismo ayer, hoy y Siempre.