La penicilina es un antibiótico que se obtiene de un hongo llamado Penicillum notatum. La penicilina actúa matando o impidiendo a las bacterias que se multipliquen, no obstante, cabe señalar que la penicilina solo es eficaz cuando las bacterias están creciendo o multiplicándose, y no cuando se encuentran en una fase latente.

Indicaciones de la penicilina

La penicilina combate con eficacia bacterias causantes de diversas enfermedades. Se utiliza en infecciones respiratorias, ginecológicas, urinarias, intestinales, dentales, del sistema nervioso, cutáneas, óseas, articulares, de los tejidos blandos o de transmisión sexual. Entre las bacterias más destacadas contra las que se muestra eficaz están los neumococos, los estreptococos, los meningococos, los gonococos, el clostridium tetani, responsable del tétanos, o la espiroqueta, causante de la sífilis.

A modo de prevención, la penicilina se utiliza en infecciones estreptocócicas, para la fiebre reumática, la cirugía cardiaca, la sífilis o la gonorrea.

Historia de la penicilina y su descubrimiento

Si a algún hecho le debe la fama el bacteriólogo británico Alexander Fleming, este no es otro que el descubrimiento de la penicilina, un antibiótico que supuso un paso de gigante en la evolución de la medicina moderna. Enfermedades que hace menos de cien años se consideraban incurables, se pudieron tratar con la penicilina.

Este antibiótico fue descubierto en el año 1928 y sería injusto no mencionar que el mérito de su descubrimiento y posterior distribución y empleo, no solo se debió a Alexander Fleming, sino a diversos investigadores. Por mencionar algunos de los más destacados, está el médico australiano Howard Walter Florey y el bioquímico alemán Ernst Boris Chain, que serían los iniciadores de una detallada investigación que promovería la fabricación y posterior uso de la penicilina. Fue durante la Segunda Guerra Mundial que la penicilina empezaría a utilizarse masivamente, y también donde quedaría claro su valor terapéutico.

Se puede decir que con la penicilina se inició la era de los antibióticos, y con ellos ha aumentado la esperanza de vida en casi todo el mundo.

Tipos de penicilinas

Con la sustitución de los diferentes radicales en la posición R se obtienen las siguientes penicilinas:

  • Penicilina G: Bencil-penicilina R.
  • Penicilina F: Pentenil-penicilina R.
  • Penicilina K: Heptil-penicilina R.
  • Penicilina X: p-Hidroxibencil-penicilina R
  • Penicilina V: Fenoximetil-penicilina R.
Entre todas ellas, la penicilina G o bencil penicilina es la más importante. Este tipo de penicilina se puede combinar con el sodio, el potasio, el calcio y la procaína.

Efectos secundarios de la penicilina

La alergia a este antibiótico es el efecto secundario más común y también el más importante. La reacción puede ser inmediata, dentro de los primeros 30 minutos, acelerada, a partir de la primera hora hasta los 3 días, o tardía, más allá de los tres días. La gravedad es variable, y puede ir de una simple y pasajera urticaria hasta un shock anafiláctico, situación, esta última, que sucede en un 0.2 %, con desenlace fatal solo en un 0.001% de los casos. Otro efecto secundario relativamente frecuente son los trastornos intestinales, básicamente la diarrea. También pueden aparecer náuseas y vómitos. Ocasionalmente se pueden producir infecciones adicionales, incluyendo la candidiasis.

Otros efectos secundarios que ocurren con menor frecuencia son el aumento reversible de enzimas aminotransferasas, trastornos hematológicos como la anemia, la neutropenia o la trombocitopenia, la hipopotasemia (muy raramente), la nefritis intersticial o la encefalopatía. Mencionar que esta última tiene una mayor incidencia en pacientes con insuficiencia renal.

Entre los pacientes con fibrosis quística hay mayores probabilidades de que se produzcan reacciones adversas, tanto a la penicilina como a sus derivados.

La penicilina durante el embarazo y la lactancia

La penicilina es uno de los antibióticos que se receta con mayor frecuencia a las mujeres embarazadas, ya que no existen pruebas de que la penivcilina llegue a provocar defectos de nacimiento. Las penicilinas, sin embargo, pueden cruzar la barrera placentaria, razón por la que a pesar de su aparente inocuidad, solo se recomienda su uso cuando sea absolutamente necesario.

Por lo que respecta a lactancia sucede algo parecido. Se excreta en la leche materna, aunque en pequeñas cantidades. De todos modos puede provocar en el lactante indigestión, diarrea o algunas reacciones alérgicas. Por todo ello deberá valorarse muy bien si los beneficios superan los riesgos a la hora de tomar el antibiótico.

Si el artículo te ha parecido interesante ayuda a su difusión con un clik en "me gusta".

Podéis seguir mis artículos en Twitter.