Es un mito creer que los desacuerdos no forman parte del matrimonio sano. Las discusiones y desacuerdos son parte de cada relación. Es inevitable que dos personas que son distintas no sólo en sexo sino en formación e historia personal tengan puntos de vista diferentes.

La pregunta es: ¿cómo pueden un varón y una mujer que viven una relación matrimonial o de pareja, enfrentar sus desacuerdos sin que estos dañen su relación?

Lo que sabe una pareja sana

Una pareja sana emocionalmente entenderá y aceptará las diferencias que existen entre ambos.

Solo cuando seamos capaces de entender que somos distintos y entendamos que no vemos la realidad de la misma forma entonces podremos aprovechar precisamente esas diferencias para crecer como personas en un ambiente donde no sólo eso se respeta sino que se acepta.

Para resolver de manera adecuada los conflictos es preciso considerar algunos principios fundamentales:

1. Evitar el silencio

Muchos, ante conflictos de pareja, suelen callar y creen que de ese modo estarán evitando o terminando la controversia.

Lo que no entienden es que el silencio fácilmente se puede convertir en un medio para controlar, o manipular a su cónyuge. El silencio a la larga no da resultado.

Cuando el matrimonio no se comunica porque uno de los cónyuges prefiere callarse, ambos terminan experimentando frustración y una creciente sensación de fracaso. La pareja necesita aprender a hablar. Si no es posible conversar porque han aprendido a callar, es buena hora de solicitar ayuda a alguien de confianza y experiencia que pueda servir de “espejo” para las frustraciones que están viviendo.

2. No guarde "sellos emocionales"

El psicólogo y escritor Norman H. Wright, en su libro "Comunicación: La clave para su matrimonio", sostiene que algunas personas hacen con sus emociones lo mismo que con las estampillas: las coleccionan. Los llama "sellos emocionales".

Cuando eso ocurre, lo que sucede es que las parejas no ventilan adecuadamente sus emociones y prefieren "coleccionarlas". De esa forma pueden acumular fácilmente mucha hostilidad cuando esta no es resuelta de manera adecuada. Este es sin duda un método inadecuado para tratar las irritaciones o frustraciones.

Los sentimientos y emociones deben ser expresados abiertamente y nunca deberían acumularse. Es necesario aprender a expresar dichos sentimientos de una manera saludable lo que implica respetar y entender los sentimientos del otro.

Por otro lado, la expresión de sentimientos se aprende y debe ser asertiva, lo que implica no violentar, humillar ni manipular de ninguna forma.

3. Preparar el ambiente para la desavenencia

Esto parece muy complejo, pero en la práctica no lo es. Si se va a tratar algo delicado con la pareja, lo sabio es procurar que sea en el lugar y el momento oportunos. Una conversación tensa a las dos de la mañana no sólo es inoportuna, sino que además no sirve para solucionar problemas de fondo.

Quizá sea necesario desconectar el teléfono o no contestar si llaman a la puerta. Si hay hijos, es posible pedirles que no interrumpan y para que no se aflijan, decirles que se trata de una conversación importante y que hablarán con ellos cuando haya terminado.

Lo mejor y más saludable es buscar un lugar neutral para dialogar y citarse a una hora específica lo que les dará la oportunidad a ambos para prepararse psicológicamente. La forma en que aborden la discusión condicionará los resultados que se obtengan de la misma.

4. Atacar el problema, no a la pareja

Es un principio fundamental enseñado en mediación, concentrarse en las soluciones y no en los problemas. Es un cambio de enfoque que ayuda a las personas a desentrañar los conflictos.

Para que esto pueda darse es preciso respetar algunas reglas básicas pero que dan buenos resultados:

Reglas básicas

  • Evitar atacar a la pareja con sarcasmos e ironías que no ayudan a solucionar la situación.
  • Si es necesario ventilar alguna situación real que les está molestando, usar un lenguaje adecuado.
  • Circunscribirse al presente. ¿Qué sentido tiene acordarse de una situación que vivieron hace seis meses atrás?.
  • Evitar referirse a los familiares de ninguno de los dos. Eso no sólo puede resultar contraproducente, sino que además ofensivo.
  • Evitar hacer referencia a la apariencia de su cónyuge o a los defectos reales o imaginarios que posee, eso agrava la situación.
  • Evitar el dramatismo. Llorar para manipular o amenazar no colabora para la solución de los problemas que ha provocado la discusión.
  • Cuidar la forma de hablar y el contenido de lo que dice. Si se usa la frase “me molesta” en vez de la acusación “tú eres", los efectos serán mejores.
  • Expresar los sentimientos de manera honesta sin ser agresivos nos dará la oportunidad de encontrar soluciones al problema de fondo.
  • No apartarse del asunto que intentan resolver. Lo mejor es tratar de expresar con exactitud lo que discuten y no irse por la tangente.
  • No sacar a relucir cosas sin importancia o que no vienen al caso. En algún momento habrá que detenerse y decir: "Dejemos esta conversación y veamos de qué estábamos hablando. Por favor, empieza otra vez y te escucharé. Quizá hay algo que no he comprendido bien".
  • Cuando estén equivocados, admítalo y cuando tengan razón, cállese. Tener la humildad de reconocer que se puede estar equivocado. Cuando se reconoce honestamente que está en un error y que el otro tiene razón, da un paso gigante hacia la solución de los conflictos y fortalece sus relaciones matrimoniales.

Resolviendo problemas de pareja

Ninguna pareja puede evitar tener situaciones conflictivas, el secreto para que aquello no sea destructivo es enfrentar la desavenencia de manera constructiva. Una pelea no tiene porqué ser el fin de una relación, al contrario, puede ser el momento donde se ventilen diferencias que ayuden finalmente al enriquecimiento de la pareja.