Los animales sociales consideran su territorio como sagrado e inviolable. Para el perro no podía ser menos: es el espacio donde viven, se alimentan, se reproducen… La forma que utilizan los machos para delimitar ese territorio es con la orina, y suele coincidir con la vivienda del dueño y las zonas comunes, que rutinariamente y a diario suele visitar.

En la hembra el concepto de territorialidad es algo distinto: su territorio es definido por el macho dominante, que suele ser normalmente el dueño. Mientras el macho defiende el territorio usando la fuerza, la hembra se limita a avisar al macho alfa de la presencia de algún extraño cerca. Esta territorialidad se puede ampliar a lo que podíamos denominar “zonas neutras” como un parque o la calle misma, donde el perro olisquea la orina dejada por otros perros pudiendo deducir el sexo, la edad, las condiciones físicas, etc. En definitiva, el perro puede pensar en ocupar la zona neutra con él o expulsarlo en cuanto lo vea, produciéndose el conflicto.

Conflicto por la posesión de objetos

Además del territorio, los perros defienden lo que ellos consideran suyo: hueso, sofá, juguetes, y la diferencia estriba en que el animal no marca estas posesiones con la orina, ya que no defiende un territorio sino lo que considera como su propiedad privada.

Como particularidad del conflicto por posesión hay que mencionar la protección de la guarida, muy común en las hembras, la cual tiende a defender el territorio inmediato: el cubil, el comedero, su lugar favorito de la casa… Esta conducta es causada por la interpretación de esos lugares como zonas donde ubicar su camada o su futura camada. Esta es, quizá, una de las causas de conflicto más difícil de detectar, y agravada por su virulencia.

Conflictos jerárquicos. La jerarquía en los perros

Suelen darse en zonas neutras como los parques, y es muy común entre los machos, sobre todo en los que están acostumbrados a dominar a otros perros o a los miembros de la familia humana. Puede producirse por causas como la cercanía de una hembra en celo o por la posesión de algún elemento del entorno que consideren como un juguete o alimento.

Conflictos provocados por los dueños

Inconscientemente, los humanos podemos influir negativamente en la relación entre dos perros, sobre todo si conviven en la misma familia. El hombre habitualmente tiende a defender al más débil y a veces sin quererlo cuestiona la superioridad en jerarquía del otro perro. Esto puede producir un profundo desagrado en el perro dominante que, al sentirse desplazado, puede incluso cuestionar el liderazgo del macho alfa (el dueño) pudiendo llegar al intento de agresión de este.

Conflicto ante imposibilidad de huir: la mejor defensa, un buen ataque

Muchos perros, por las causas mencionadas anteriormente, ante una situación de conflicto pueden sentirse acorralados y sin salida. El miedo atenaza a cualquier ser vivo produciéndole una tremenda angustia que le provoca la rabia y la agresión. Algo similar sucede en el mundo canino, por lo que la respuesta es un feroz ataque.

¿Cómo afrontar una pelea de perros?

Lo ideal es intentar evitarla, pero en ocasiones no es posible. Lo principal es guardar la calma; no proferir gritos ni excitarse en demasía, ya que puede provocar más fogosidad en los perros y la mayoría de las veces es inútil porque no escucha lo que se le indica. También es contraproducente coger al perro por el collar, confiando que no nos morderá; en esos momentos no atenderá más allá de la amenaza de su contrincante, e incluso puede provocar una situación de desafecto hacia el dueño al sentirse sujeto por este, imposibilitándole la capacidad de defenderse y pelear por su vida.

Como debe actuar el dueño ante una pelea de perros

Para situaciones como estas, las soluciones son escasas y solo útiles para separar, en un principio, ya que luego es indispensable actuar con rapidez: separarlos, sujetarlos y si fuera preciso, atarlos. Es muy útil coger simultáneamente a los dos perros por la cola o por las patas posteriores: su ferocidad se verá atenuada al sentirse sin apoyo y permitirá el desconcierto de ambos rebajando su excitación. En muchos casos, si se tiene a mano, se utilizar el agua (manguera, cubo) para enfriar los ánimos. Esta práctica, aunque simple, es bastante efectiva. También es más que conveniente que el dueño de ciertas razas de los que llaman erróneamente “peligrosos” lleve una cuña de madera o de plástico para evitar que el perro cierre la boca y así impedir que mate o produzca graves lesiones al contrario.

Por último, recordar que ante cualquier pelea en muchas ocasiones no se detecta la lesión de inmediato, por lo que es imprescindible hacer una exhaustiva inspección al animal por si sufriera lesiones entre el pelo o extraños bultos que denotaran lesiones internas. Si fuera el caso no dude en acudir al veterinario.