En los últimos años, los medios se han hecho eco a menudo de los casos de pornografía infantil que, cada vez más, proliferan en la red. Desgraciadamente, la brigada de investigación tecnológica, junto a otros cuerpos encargados de investigar y perseguir los delitos telemáticos, no dan a basto y, probablemente, tampoco cuentan con los medios suficientes para atajar un problema de semejante envergadura y complejidad.

Hoy en día la pedofilia se ha convertido en un problema que, desde la irrupción de Internet, no ha parado de crecer. Esta nueva realidad exige disponer de la máxima información posible y saber como actuar, sobre todo, a nivel preventivo.

Las últimas corrientes pedófilas, por llamarlas de alguna manera, pretenden equiparar la pedofilia a otras opciones sexuales; una aberración que tal vez mereciera una respuesta más contundente. No cabe la indulgencia; el objeto de deseo de un pedófilo, llegue o no a convertirlo en realidad, es un menor.

¿Qué es un pedófilo?

Los términos pedófilo y pederasta, en muchas ocasiones, se utilizan indistintamente, cuando en realidad no son lo mismo. Un pederasta puede no ser pedófilo, de la misma manera que un pedófilo puede no ser pederasta.

El pedófilo es aquel individuo que siente atracción sexual exclusivamente por menores, aunque no necesariamente lleva a cabo sus fantasías sexuales. Si lo hace, entonces sería pederasta y pedófilo.

El pederasta es aquel individuo que mantiene relaciones sexuales con menores, aunque no sea ésta su opción sexual exclusiva. Más bien al contrario; la mayoría de pederastas tienen una vida sexual aparentemente normal y una vida social que no suele levantar sospechas. En este sentido conviene recordar que un porcentaje que oscila entre el 60% y el 80% de todos los abusos sexuales infantiles son perpetrados por familiares o personas muy cercanos al menor.

Perfil del pedófilo

Establecer el perfil de alguien que comete abusos sexuales contra menor no es sencillo. Y tampoco lo es en el caso de los pedófilos. Aún así, A.C.P.I. proporciona los siguientes datos orientativos:

  • Son varones en un 90% de las ocasiones.
  • Suelen ser mayores que los violadores de mujeres adultas, entre 30 y 45 años. Aunque hoy el 20% de las agresiones sexuales son cometidas por menores de edad.
  • Desempeñan profesiones más cualificadas que los violadores de mujeres y acceden a mejores trabajos.
  • Se encuentran integrados en el entramado social y con frecuencia están casados.
  • En el 85% de los casos conocen a su víctima.
  • En el 68% de los casos son padres o familiares.
  • No tienen antecedentes penales en el 80% de los casos.
  • Casi siempre actúan solos (98%)
  • En más del 50% de las ocasiones no recibieron muestras de afecto durante su infancia-adolescencia.
  • En más del 50% de los casos abusan del alcohol.
  • Presentan falta de empatía y baja autoestima.
  • Desarrollan disonancias cognoscitivas y un 66% niega sus crímenes o los minimiza.
  • En el 58% de los casos se niegan a recibir tratamiento.
  • En la mayoría de las ocasiones no padecen trastornos psiquiátricos, sólo en ocasiones trastornos de la personalidad y algunas veces trastornos psicopáticos (7’5%).
  • En el 90% de los casos tienen capacidad para controlar su propio comportamiento.
  • Presentan un elevado índice de reincidencia.
  • El 100% necesita tratamiento, aunque resulta poco efectivo con los pedófilos preferenciales.

Aspectos clínicos y psiquiátricos del pedófilo

En la opinión de muchos psicólogos y psiquiatras, los pedófilos se caracterizan por tener una personalidad inmadura, problemas de relación o sentimientos de inferioridad que no les permite mantener relaciones sexuales entre sus iguales. Se trata de individuos con trastornos narcisistas y con escasa autoestima. Su interés por los niños, además del puramente sexual, tiene que ver con el poder que pueden ejercer sobre ellos, contrarrestando de este modo el sentimiento de inadecuación característico de la pedofilia.

La razón por la cual una persona desarrolla tendencias pedófilas no siempre es evidente, pero según los expertos, puede estar relacionada con el aprendizaje de actitudes extremas negativas hacia la sexualidad, con el abuso sexual sufrido en la infancia, así como con sentimientos de inferioridad que se traducen en una incapacidad para establecer relaciones sociales normales.