El mero el más representativo de los serránidos, junto con la cherna y la lubina, tanto por el tamaño que puede alcanzar como por la excelencia de sus carnes. Por estos motivos es muy perseguido y es difícil encontrar grandes ejemplares en aguas relativamente bajas. Conociéndolo mejor será más fácil protegerlo con eficacia.

Descripción del mero

El mero tiene un cuerpo grande y ovoidal. La cabeza es voluminosa, mientras que los ojos son proporcionalmente pequeños. Posee una boca amplia, con una mandíbula ligeramente prominente. Ambos maxilares están armados de 4 dientes ahusados, tras los cuales hay otros más pequeños y curvados hacia atrás.

Tiene una única y larga aleta dorsal, sostenida en su parte anterior por fuertes radios espinosos. La anal es más corta que la dorsal. La aleta caudal es ligeramente convexa y tiene su extremo ribeteado de blanco. Las aletas pectorales y ventrales están bien desarrolladas y se sirve de ellas para permenecer inmóvil, suspendido a media agua o en ña entrada de su cueva.

El mero es de color pardo rojizo, con manchas de un amarilllo blanquecino en todo el dorso. Hacia la parte ventral el color pardo se vuelve más pálido y tiende al amarillo. Carece de bandas sombreadas en las mejillas. En los individuos jóvenes las manchas son bastante más diferenciadas y visibles, pero con la edad los contornos se difuminan ligeramente y de las manchas no queda más que una tenue traza.

No alcanza los imponentes tamaños de sus primos tropicales, pero puede llegar a medir 1,5 metros y sobrepasar los 40 kilogramos. El tamaño medio es de 20-90 centímetros.

Hábitat y distribución del mero

Se extiende por el Atlántico y el Mediterráneo. Antaño era bastante común, pero en la actualidad se ha vuelto bastante raro. El mero es una especie que vive en aguas litorales y sublitorales, en fondos rocosos situados entre 1 y 200 metros, a veces más. Se establece en zonas que le permitan alimentarse fácilmente y encontrar abrigo en las anfractuosidades de las rocas; por tanto, los lugares preferidos por esta especie son aquellos en los que abunden las grietas y hendiduras, cavernas y rocas de cualquier tamaño.

El pulpo, su manjar preferido

El mero es un gran depredador. Su presa favorita son los cefalópodos, en particular el pulpo. Lo persigue con preferencia por la noche o al amanecer. En las restantes horas prefiere permanecer al abrigo de alguna piedra. También depreda sobre cangrejos y otros peces del litoral, como sargos y otros espáridos, múgiles, serránidos más pequeños y lábridos.

Cuando caza pulpos es agresivo y bastante activo: localiza a su presa desde lejos, la persigue y se abalanza sobre ella cuando se encuentra en fondos que no proporcionan refugio alguno a su víctima. Sólo desiste de su persecución cuando el pulpo consigue introducirse en una grieta demasiado pequeña.

Captura los peces al acecho, permaneciendo inmóvil entre las irregularidades del fondo submarino. Cuando una potencial presa se pone a su alcance, abre bruscamente sus fauces y crea una corriente de succión que arrastra al pececillo hacia el interior de la boca del mero.

El hombre, su mayor enemigo

Los jóvenes meros son víctimas de los depredadores litorales, como lubinas y congrios, pero una vez adultos carecen prácticamente de enemigos salvo el hombre, que los persigue sañudamente al ser muy apreciado en gastronomía, como lo demuestran las inmuerables recetas culinarias a base de mero.

El mero, un serránido sedentario

El mero es sedentario y territorial, que nunca se aleja mucho de su refugio cuando va en busca de alimento. Con frecuencia, busca refugios provisionales cerca de su área de caza.

El encueve principal tiene una gran importancia para el mero y debe cumplir varios requisitos. Han de existir, al menos dos entradas, poseer una iluminación indirecta y varias cámaras comunicadas entre sí. En cada cueva vive, por lo general, un único ejemplar, pero en grandes cavernas pueden instalarse varios meros. Cuando se encuentra dentro de su refugio es poco temeroso ante el hombre e, incluso, puede dejarse acariciar y alimentar, siempre que no haya sido perseguido. En caso contrario, mantendrá una distancia de seguridad.

El mero es bastante curioso, atento a cualquier cambio que se produzca en su territorio, e investigará cualquier alteración que se produzca en él.

El mero, primero hembra y luego macho

Los meros son hermafroditas proterogínicos. Maduran por primera vez a los 2-5 años y el cambio de sexo se produce a los 7-10 años de vida. Se reproduce en verano. Los huevos están revestidos de mucus y son depositados cerca de las rocas, en aquellos sitios donde las corrientes permiten una renovación continua del agua y una mayor oxigenación. Se conoce poco de su estado larvario. Los individuos muy jóvenes, de 3-5 centímetros, se encuentran, a menudo, en aguas muy someras y cálidas, a lo largo de las escolleras rocosas. El crecimiento de un individuo joven se estima alrededor de 700-800 gramos al año.

El mero, una especie a proteger

El mero se encuentra en la cúspide de la cadena alimentaria de los ecosistemas donde vive, por lo que su abundancia es reflejo de un hábitat marino íntegro. Por desgracia, muchas costas se han visto privadas de su presencia o se ha hecho escaso, por la persecución a la que le somete el hombre (es la pieza favorita de los pescadores submarinos) y por la alteración de su hábitat, con proliferación de puertos deporitvos, playas, cuyo mantenimiento precisa de frecuentes dragados que eliminan numerosas formas de vida, y vertidos, que contaminan las aguas costeras.

Sin embargo, su protección no es difícil, al tratarse de un pez sedentario. Allí donde se han declarado reservas submarinas, se ha observado un incremento notable de la población de meros y un mayor tamaño de los ejemplares avistados. También se están realizando estudios para su cría en cautividad, con resultados prometedores. Todas estas medidas deben permitir la recuperación de las poblaciones de meros para poder disfrutar de la presencia de esta especie y explotarla de una manera racional.