Un escritor nunca sabe en qué inesperado lugar se topará con una historia que contar, así que no es difícil que el encuentro le pille desprevenido desayunando en la barra de un bar, frente a un café con leche y un cruasán y sin nada donde apuntar. Fue en estas circunstancias, con la resaca de la noche anterior diluyéndose aún en la taza, en que Pau Palacios conoció a Roberto Lares: un joven relojero de Barcelona que le explicó el estrambótico Plan que había trazado para superar un suceso traumático. Un Plan para ganarle la guerra al tiempo que le llevó a Lisboa, a Lienz, a Múnich y a Mérida, y que proporcionó al escritor catalán un material de primera para empezar a dar cuerda a su primera novela: Furioso reloj (Ediciones Tria, 2012).

Un joven relojero barcelonés

“Llevaba tiempo pensando el argumento de otra historia a la que no acababa de encontrar protagonista –explica Pau Palacios por email –. De repente me imaginé a Roberto Lares e intenté meterlo en aquel argumento que me rondaba, pero se resistió con todas sus fuerzas.” Así que al autor no le quedó otra que escuchar lo que aquel extraño personaje tenía por contar. “Me entregué completamente a ayudarle a existir, documentándome y llenando poco a poco su biografía y sus conocimientos como él me los iba presentando.”

De esta forma, el escritor aprendió lo que era un escape y un regulador, el mecanismo de Antikythera, la rueda de Santa Catalina y el chino Su-Song. “Antes de empezar a escribir el libro no sabía nada de relojes –confiesa –. Y ahora no soy un experto, pero me defiendo bastante bien.”

El infierno de contar el tiempo

Tan bien como se defendería Roberto Lares, un acérrimo detractor de los relojes a pilas que tiene su taller instalado en el Gótico barcelonés. “Me fascina la mecánica de los relojes porque su base es de una simplicidad pasmosa –comenta el novelista –. El producto de los relojes, sin embargo, me aterra. Creo que son lo más inhumano que hay en el mundo.”

Pau Palacios no lleva reloj; aun así, mira la hora de forma compulsiva…

09:37

… ya sean en su teléfono móvil…

09:38

… o en la pantalla del ordenador.

“Aunque creamos que gracias a ellas conseguimos domar el tiempo, la verdad es que son ellas las que nos doman a nosotros y nos hacen bailar a su son –expone el escritor –. Las damos tan por descontadas que ni no nos damos cuenta de lo perversas que son y del razonamiento que esconden: lo único importante es la productividad.”

09:43

“El tiempo simplemente es.”

09:44

“Las horas, sin embargo…”

09:45

“…, son el demonio.”

De Barcelona a Lisboa, Lienz, Múnich y Mérida

Visto así, no es de extrañar que los personajes de Furioso reloj no paren de moverse por el mapa, y la Vane se vaya a un prostíbulo bávaro a trabajar, una estudiante holandesa venda huevos de Pascua para financiar su viaje cultural y el aventurero Acuña lleve cinco años recorriendo África, América, Australia y Eurasia. “Creo que la única manera de buscarse a uno mismo es viajando –apunta el dramaturgo, que ahora se va de bolos a Sao Paulo con la Agrupación Señor Serrano para participar en el Festival Iberoamericano de Teatro –. A mí me encanta viajar. Pero lo que de verdad me alucina es el viaje en sí, el desplazamiento de un punto a otro. En especial los viajes transoceánicos en avión. Es lo más parecido a estar fuera del tiempo, porque, como vas atravesando husos horarios todo el rato, resulta imposible saber la hora que es.”

El único viaje de este tipo que realiza Roberto Lares es a la Península de Yucatán. “Estuve de vacaciones en Mérida –apostilla el autor –. México me dejó alucinado y tuve clarísimo que Roberto Lares tenía que ir allí.” Pero el protagonista también viaja de Barcelona a Lisboa... “He vivido allí, las amo y son parte de mí.” De Barcelona a Múnich… “Tengo una amiga antropóloga de la transexualidad que me introdujo en el mundo de la prostitución muniquesa.” Y de Barcelona a Lienz… “He estado una vez y de paso. En realidad esa parte del relato está inspirada en Bressanone, un pueblo al lado de donde vivo ahora, en Italia.”

Furioso reloj en Internet

En cada una de estas ciudades, Roberto Lares tiene una misión ridícula que cumplir, y serán las múltiples voces narrativas del relato las que, en forma de informes policíacos, posts, emails y registros de audio vayan desvelando, sutilmente y con ingenio, el singular Plan del relojero.

No obstante, las aventuras de Roberto Lares van más allá de las páginas de Furioso reloj. “Mientras escribía la novela me di cuenta de que había una serie de materiales y de recursos que me apetecía usar pero que no cabían en un libro –como mapas interactivos que te permitan recorrer las mismas calles y locales que los personajes –. Así que, paralelamente a la escritura, empecé a confeccionar www.furiosoreloj.com.” Una web de la que se recomienda leer el Aviso legal para entenderla bien. Es posible que si hubiese pensado el mismo proyecto en el 2018, el relato habría tenido una única materialización en un ebook enriquecido. O en algo que aún no tiene nombre.”

Quizá, las agujas de Pau Palacios hayan corrido demasiado, y, por eso, haya tardado tres años en encontrar una pequeña editorial que, desligada de las presiones del mercado, se arriesgara a publicar una novela que, además de estar escrita con un estilo magistral y hacerte reflexionar… “Es un best-seller potencial: tiene sexo extremo, drogas, viajes alucinados, violencia incontenida y escatología en dosis industriales. (Risas)”.