Durante la etapa novohispana se nombraron varios patrones de la ciudad de México para que intercedieran para su protección entre los santos figuraron: san Blas, san Antonio Abad, san José, san Nicolás Tolentino y entre las advocaciones marianas la virgen de Guadalupe y de los Remedios.

Santos patrones de la ciudad de México

San Antonio Abad conocido como el Padre de los Monjes. Vivió en la Tebaida, Egipto, donde hizo vida eremítica y se le considera como el fundador de la vida cenobítica. Su vida fue escrita por san Atanasio, quien hizo hincapié en los constantes triunfos que tuvo san Antonio Abad frente a las tentaciones del demonio. Fue nombrado patrón de la ciudad de México en el año de 1723, para evitar los incendios. Sus elementos iconográficos diagnósticos son: animales de granja, en especial, un cerdo, que simboliza también al demonio dominado. Su fiesta es el 17 de enero, día en que se acostumbraba bendecir a los animales.

Otro patrono de la ciudad de México y de las enfermedades de la garganta es san Blas, obispo y mártir. Se le venera en la iglesia de la Veracruz a un costado de la Alameda. De hecho en la puerta lateral se encuentra su imagen en un nicho. Su representación iconográfica es con atuendo de obispo, con dos velas formando una equis y un niño al que curó por tener una espina en la garganta. Su fiesta es el 3 de febrero.

San Nicolás Tolentino fue agustino, famoso en la iconografía porque fue frecuentemente representado en los cuadros de las Ánimas del Purgatorio, a quienes según la tradición, sacaba de ese sitio. A raíz de varios temblores, fue nombrado en el año de 1611, patrono de la ciudad de México.

Advocaciones Mariológicas patronas de la ciudad de México

El 27 de abril de 1737 el cabildo de la ciudad de México y las autoridades religiosas nombraron a la virgen de Guadalupe patrona de la ciudad. Además es considerada emperatriz de México y patrona de América y Filipinas.

La Virgen de Los Remedios se venera en Naucalpan de Juárez, pero también en Cholula, Puebla y en Comonfort, Guanajuato. Su leyenda es más o menos la misma. Junto con Hernán Cortés venía un soldado llamado Juan Rodríguez Villafuerte, el cual traía una escultura de la Virgen de Los Remedios, copia fiel de una que existía en España. Esta imagen mide unos 27 centímetros de altura, sostiene al Niño Dios con el brazo izquierdo y sobre sus pies se observa una media luna. Cuando los conquistadores llegaron a Veracruz improvisaron un altar en el que figuraba la Virgen de Los Remedios y entonces fray Bartolomé de Olmedo cantó la primera misa en México, esto sucedió el 21 de abril de 1519. Los conquistadores llevaban a la virgen como una de sus joyas más preciadas. En Tenochtitlán, Cortés entronizó un crucifijo y la imagen de la virgen de los Remedios. El 30 de junio de 1520, al darse la llamada Noche Triste, el soldado Juan Rodríguez tuvo que dejar la imagen en un maguey.

Cuenta la tradición que en 1540, el cacique indígena Juan Aguilar Tabar encontró a la Virgen y la llevó a su casa que estaba el cerro de Los Pájaros, en donde le hizo un pequeño altar y luego una ermita. En 1554 a la virgen se le construyó una ermita en el cerro de Otomcapulco, que fue donde se le halló. En 1565 se fundó la cofradía de Nuestra Señora de Los Remedios, para celebrar dignamente su fiesta. El regidor García de Albornoz acordó levantar una capilla en el año de 1574, la cual fue modificada en 1628. Al año siguiente se llevó a cabo la bendición. Las procesiones de la Virgen de los Remedios fueron muy importantes durante la época virreinal, ya que fue la patrona de la ciudad de México, al recaer el patronato de la cofradía en su Ayuntamiento. Es curioso que el santuario de la patrona de la ciudad de México ahora se ubique en el Estado de México.