La parálisis facial de Bell, atendiendo a las estadísticas estadounidenses, afecta cada año a unas 30.000 o 40.000 personas. Esta enfermedad puede ocurrir a cualquier edad, indistintamente en ambos sexos y en personas previamente sanas.

La parálisis facial de Bell, también conocida como parálisis facial periférica, provoca daño en el nervio que controla el movimiento de la cara, concretamente el séptimo par craneal. No está clara cuál puede ser la causa. Se cree que pueda deberse a una inflamación del nervio en el área donde este atraviesa los huesos de la cara, a un virus o a una enfermedad autoinmune.

Existen algunos indicios que relacionan la parálisis facial de Bell con un tipo concreto de infección; el herpes zóster. Otras posibles causas que se barajan son enfermedades como el SIDA, la sarcoidosis, la enfermedad de Lyme o la infección del oído medio.

Síntomas de la parálisis facial de Bell

En ocasiones, la parálisis de Bell, justo antes de presentarse los síntomas de la enfermedad, puede estar precedida de un resfriado. Aunque pueden aparecer al cabo de dos o tres días, lo más habitual es que los síntomas aparezcan de un modo repentino, casi siempre a un lado de la cara, y pueden ser leves o graves. En los casos leves es más frecuente que lo perciban antes los demás que el propio afectado. Una vez han aparecido los síntomas, sea cual sea su gravedad, no empeoran con el tiempo. Los síntomas pueden abarcar:

  • Dificultades para comer o beber debido a la falta de control sobre los músculos de un lado de la boca.
  • Babeo (por la misma razón que en el primer caso).
  • Descolgamiento de la cara, sobre todo del párpado y de la comisura de la boca.
  • Hiperacusia.
  • Dificultades para cerrar el ojo.
  • Fasciculaciones o debilidad de los músculos faciales.
  • Dificultad a la hora de manifestarse a través de las expresiones faciales.
  • Resequedad en los ojos y en la boca.
  • Pérdida del sentido del gusto.
  • Dolor de cabeza.

Diagnóstico y exámenes para la parálisis facial de Bell

Por lo general, el diagnóstico de la parálisis facial de Bell se puede realizar mediante un examen físico completo y atendiendo a la historia clínica del paciente. Para descartar otras posibles causas de más gravedad, como por ejemplo un tumor cerebral que pudiera provocar síntomas similares, se puede recurrir a una tomografía computarizada de la cabeza o a una resonancia magnética, también de la cabeza.

Igualmente puede ser necesario efectuar un examen de los nervios que controlan los músculos de la cara. Para ello se procederá a una prueba de conducción nerviosa y a una electromiografía.

Tratamiento para la parálisis facial de Bell

En la mayoría de los casos no se precisa tratamiento alguno, ya que los síntomas empiezan a mejorar con relativa celeridad. De hecho, se estima que un 70% de las parálisis faciales de Belll se curan razonablemente al cabo del tiempo. Aunque también es cierto que pueden transcurrir semanas o incluso meses antes de que los músculos se recuperen y fortalezcan.

En cuanto a los masajes o los ejercicios de recuperación parece ser que no tienen ningún efecto negativo, aunque tampoco se ha podido demostrar que mejoren los síntomas ni que ayuden a una mejor y más pronta recuperación.

En algunos casos el especialista puede recetar gotas lubricantes para los ojos; básicamente cuando estos no puedan cerrarse por completo. Es posible que se requiera el uso de un parche mientras se duerme. A pesar de que en ocasiones se utilizan medicamentos, no está del todo clara la ayuda efectiva que proporcionan. En principio los corticosteroides servirían para reducir la hinchazón alrededor del nervio facial, mientras que otros medicamentos estarían indicados para neutralizar el virus causante de la parálisis facial de Bell.

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