Hablar de educación es relacionar dos conceptos fundamentales: el educar, que es el proceso de transformación de datos mediante el análisis, la síntesis y la evaluación de una información recibida; y el aprendizaje, que es un proceso por el cual se adquiere una nueva conducta, se modifica una antigua conducta o se extingue, como resultado siempre de experiencias o prácticas.

A partir de esos dos conceptos se comenzó el diseño de paradigmas que hicieran más efectivo el aprendizaje de los individuos, especialmente en la educación formal. Así, el primer modelo de paradigma del aprendizaje se basó en los estudios acerca de los seres humanos desarrollados por John B. Watson y B. F. Skinner llamado conductismo, cuyas premisas básicas son el estímulo y la respuesta como determinantes de la conducta.

El paradigma conductista

Hablando de educación, el conductismo señala que el aprendizaje de los individuos debe enfocarse en fenómenos medibles y observables. Los procesos internos como el pensamiento, la motivación o incluso los sentimientos no son científicamente relevantes, pues no se pueden medir y tampoco pueden ser factor para que un estudiante adquiera o no conocimientos. El aprendizaje en el paradigma conductista ocurre solamente cuando se observa un cambio en el comportamiento, si no hay cambio no hay aprendizaje.

El maestro en el paradigma conductista

El trabajo del maestro en este paradigma consiste en desarrollar una adecuada serie de arreglos de contingencia de reforzamiento y control de estímulos previamente diseñados, entre los que destacan:

  1. El Estímulo Reforzador Positivo, que se presentan después de la emisión de la conducta y que genera un incremento de la frecuencia en la conducta deseada; el ofrecer puntos extras o incluso exentar estudiantes por un gran aprovechamiento académico son claros ejemplos. Lo que se pretende en este caso es que el estudiante se aplique más para lograr ese estímulo.
  2. Extinción, procedimiento que implica el quitar el estímulo reforzador positivo después de la emisión de una conducta contraria a lo que se busca del estudiante. El efecto es el decremento o desaparición de la frecuencia de la conducta reforzada.
  3. Castigo, en este caso se presenta al estudiante un Estímulo Reforzador Negativo después de la emisión de la conducta, una sanción con lo que pretende que el estudiante incremente una conducta de evasión a la conducta errónea.

El estudiante en el paradigma conductista

Se ve al estudiante como un sujeto cuyo desempeño y aprendizaje escolar pueden ser arreglados o rediseñados desde el exterior a través de factores instructivos, métodos y contenidos. Solo basta con programar adecuadamente los insumos educativos para que se logre el aprendizaje de conductas académicas deseables. Con esta visión, el estudiante puede aprender cualquier cosa, todo depende de la estimulación y reforzadores adecuados.

Aportaciones del conductismo en la educación

El conductismo, en la educación, es uno de los paradigmas que se ha mantenido durante más años y de mayor tradición; y aún cuando no encaja totalmente en los nuevos paradigmas educativos y ha sido constantemente criticado, entre otras cosas porque percibe al aprendizaje como algo mecánico, deshumano y reduccionista, sin embargo, este paradigma estableció las bases para que nuevas perspectivas del aprendizaje se pudieran desarrollar; el sistema numérico de calificaciones es obra conductista entre otras muchas cosas.

El legado del conductismo consiste en sus aportaciones científicas sobre el comportamiento humano, en sus esfuerzos por resolver problemas relacionados con el moldeamiento de conducta, que si bien no pueden solucionarse totalmente a base de "premio-castigo", nos enseña que el uso de refuerzos pueden fortalecer conductas apropiadas y su desuso debilitar las no deseadas.

Utilidad actual del paradigma conductista

Los principios de las ideas conductistas se aplican con éxito en la adquisición de conocimientos memorísticos, que suponen niveles primarios de comprensión, como por ejemplo el aprendizaje de las capitales del mundo o las tablas de multiplicar a través de recursos como son las canciones infantiles. Sin embargo, el paradigma conductista puede tener una limitación importante: que la repetición no garantiza asimilación de la nueva conducta, sino sólo su ejecución, el estudiante puede saberse las tablas de multiplicar pero no necesariamente sabe resolver un problema matemático en el que tiene que utilizar la multiplicación.

También los principios conductistas pueden aplicarse eficazmente en el entrenamiento de adultos para determinados trabajos, donde la preparación estímulo-respuesta es útil e incluso imprescindible, como son el utilizar una computadora o maquinaria, el uso de instrumentación especializada, entre otros.

Como se puede observar, la aportación conductista a la educación continúa vigente, en los programas escolares. Siempre habrá conocimientos que deban ser aprendidos memorísticamente, y ahí es donde las herramientas conductistas pueden ser útiles, sólo se requiere más especialización docente en este sentido.