La Moringa oleífera es una planta tropical todavía muy desconocida en Europa, aunque su utilización y el reconocimiento de sus propiedades empiezan a llamar la atención en Estados Unidos y en el sur y en el centro de América, donde ya crece, junto a otros países como Camboya, Filipinas, Hawai o los trópicos y subtrópicos de África.

La moringa es un árbol de unos 4 o 5 metros de altura que, ocasionalmente, puede alcanzar hasta los 10 metros. Aunque crece en distintos tipos de suelos, no soporta las bajas temperaturas, de ahí que sea muy complicado cultivarlo en Europa, salvo en algunas pequeñas áreas más calidas.

La moringa ofrece muchas posibilidades medicinales y dietéticas, ya que su composición es variable, así como sus propiedades, dependiendo de cada una de sus partes; bien sean las raíces, las hojas, las semillas, los frutos, las flores, la corteza o las vainas. La ciencia ya ha corroborado sus efectos beneficiosos para el corazón, así como sus propiedades antihipertensivas, antiinflamatorias, diuréticas, antiespasmódicas y su aporte en el control de la diabetes y la reducción del colesterol.

Aunque en Europa aún se está esperando su aprobación, en los países donde crece la moringa ya se comercializa de distintas formas, como en la popular bebida “Moringa Zija”, que contiene todas las partes del árbol junto a otros ingredientes, como la clorofila.

Composición de la moringa

En la composición de la moringa destaca su abundancia en proteínas y vitaminas, fundamentalmente las vitaminas A y C. El polvo seco que se obtiene a partir de sus hojas es especialmente rico en proteínas; el 27% de su peso, mientras que también destaca su contenido en vitamina A, vitamina C (17 mg. por cada 100 gramos) y calcio, con 2 gramos por cada 100.

A veces las comparaciones sirven para comprender mejor de lo que se está hablando. En el caso de la moringa podríamos decir que las hojas secas contienes 15 veces más potasio que los plátanos, 10 veces más vitamina A que las zanahorias, 25 veces más hierro que las espinacas o 17 veces más calcio que la leche.

Beneficios de la moringa

El aceite de moringa que se extrae de la semilla posee una calidad y variedad de esteroles que lo sitúan bastante por encima de la mayoría de los aceites comestibles. Es rico en ácidos grasos, particularmente en ácido oleico, como el aceite de oliva; en tocoferoles y vitamina E antioxidante. Todas estas propiedades lo hacen especialmente indicado, entre otras cosas, para controlar los altos niveles de colesterol. El fruto de la moringa también posee estas mismas propiedades hipocolesterolemiantes.

Las vainas y las hojas de la moringa destacan por sus propiedades diuréticas, indicadas para la hipertensión, el colesterol alto, los lípidos plasmáticos y los trastornos cardiovasculares. Las hojas, en concreto, también tienen una acción protectora ante el crecimiento de ciertas bacterias patógenas. Tanto las vainas como las hojas son ricas en aminoácidos esenciales, calcio y vitaminas, convirtiéndolo en un alimento de gran importancia en algunas zonas donde la alimentación es un problema de primer orden.

La corteza de la moringa, en forma de extracto, también nos ofrece interesantes propiedades, en este caso antifúngicas y antibacterianas, sobre todo ante la presencia del Staphylococcus aureus.

La moringa también se utiliza en aplicaciones externas. El polvo de las semillas y las hojas de la moringa posee la capacidad de purificar y desintoxicar las aguas debido a su acción fungicida y bactericida; un efecto de gran valor en algunas zonas donde el agua potable, lamentablemente, aún sigue siendo un lujo que no está al alcance de todos.

La moringa y sus propiedades culinarias

A pesar de que en el mundo occidental aún existe bastante desconocimiento sobre las propiedades de este árbol, y más aún sus usos culinarios, en los países de origen, diversas partes de la moringa son ampliamente utilizados en la cocina.

Con las hojas trituradas y mezcladas con agua se obtiene el jugo de moringa, y cuanto a las hojas frescas, pueden utilizarse como una verdura más. Secas y pulverizadas, las hojas de la moringa también se emplean a modo de aderezo para los arroces, sopas y diferentes salsas. Las flores son ricas en carbohidratos, y cocinadas de diferentes modos, también se añaden a las ensaladas o pueden mezclarse con huevos batidos para hacer tortillas. Las raíces de la moringa, de aspecto parecido a la zanahoria, también son comestibles y tienen un sabor picante. Suelen emplearse como condimento. En cuanto a las semillas, lo habitual es tostarlas cuando están maduras. Su sabor es dulce, agradable y con un toque amargo.

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