La dopamina es uno de los neurotransmisores catecolaminérgicos más importantes del sistema nervioso central, interviniendo en la regulación de diversas funciones, como la conducta motora, las emociones y la afectividad así como la comunicación neuroendocrina.

La dopamina también se emplea como medicamento para incrementar la fuerza de contracción del músculo cardiaco, aumentando la frecuencia cardiaca y dilatando los vasos sanguíneos renales. El consiguiente aumento de la presión arterial puede producir efectos colaterales como taquicardia o hipertensión arterial. Por otra parte, debido a que la dopamina no atraviesa la barrera hematoencefálica, su administración no afecta de modo directo al sistema nervioso central.

La dopamina está indicada en el tratamiento shock séptico ocasionado por un infarto, hemorragia, agentes infecciosos u otros. También se utiliza en casos de oliguria y anuria debidos a fallos renales, en insuficiencia renal aguda o para tratar la hipotensión asociada a la extirpación del feocromocitoma.

Receptores de la dopamina

Se han identificado dos grandes familias de receptores para la dopamina. Los receptores D1, compuesta por los subtipos D1 y D5 y la familia de los receptores D2, con los subtipos D2s (D2 brazo corto), D2L (D2 brazo largo), D3 y D4. Cada uno de estos receptores tiene sus propias características que le confieren una función específica, y se encuentra distribuido de manera diferencial en diversas estructuras cerebrales.

Dopamina y alimentación

Resumiendo, el organismo produce la dopamina en el cerebro a partir de la tirosina que se ingiere con los alimentos. La alimentación con proteínas y antioxidantes mejoran los niveles de dopamina. Entre ellos están las frutas y verduras frescas, frutos secos, carnes como el pollo o el pavo, lácteos o legumbres. En sentido contrario, están los alimentos con alto contenido de azúcar, grasas saturadas, alcohol y alimentos procesados en general.

Dosis de dopamina

Las dosis que se deben administrar de dopamina difieren en cada paciente, tomando como parámetros a tener cuenta la edad, la enfermedad que hay que tratar así como la gravedad de la misma así como la respuesta del paciente al tratamiento.

La dopamina se administra por vía intravenosa en infusión continua, previamente diluido. La administración oral no es efectiva. No se recomienda el empleo de dopamina en pacientes menores de 18 años.

En términos generales podemos exponer las dosis que suelen emplearse, teniendo presente lo anteriormente referido, dividiéndolas en dosis baja, intermedia y alta.

La dosis baja, también denominada “dosis renal”, se administrará para lograr la dilatación de los vasos sanguíneos, aumentar el flujo sanguíneo de las arterias renales, mesentéricas y coronarias e incrementar la perfusión renal en general. Por todo ello, la dopamina actúa fundamentalmente como diurético. La dosis, en este caso, será de 0-5 a 5 mcg. por kg. al minuto.

La dosis intermedia o inotrópica se emplea para pacientes con shock o insuficiencia cardiaca, debido a su efecto al aumentar el gasto cardiaco y la presión arterial. La dosis será de 5 a 10 mcg. por kg. al minuto.

Las dosis altas o vasopresoras persiguen un efecto vasoconstrictor, aumentar la resistencia vascular sistémica así como la presión arterial. Las dosis serán de 10 a 20 mcg. por kg. al minuto.

Efectos secundarios y contraindicaciones de la dopamina

Los efectos secundarios más habituales asociados a la administración de dopamina incluyen náuseas, vómitos, taquicardia, dolor de cabeza, e hipertensión. Excepcionalmente, y asociado a infusiones prolongadas, puede producirse gangrena en los dedos. La extravasación local (escape de la dopamina fuera de la vena y dentro de la piel) puede provocar necrosis tisular (muerte de un tejido) que requerirá tratamiento de fentolamina con una infusión local. De todos modos hay que indicar que los efectos secundarios de la dopamina no son muy frecuentes.

La dopamina puede alterar ciertos resultados de análisis de sangre u orina. No debe emplearse este medicamento en pacientes con feocromocitoma. Asimismo, habrá que proceder con cautela en pacientes con taquiarritmia, hipoxia, hipercapnia y en acidosis en enfermedades vasculares como por ejemplo el síndrome de Raynaud.

La dopamina en el embarazo y la lactancia

No existen los estudios suficientes en mujeres embarazadas como para determinar su seguridad. No obstante, se ha utilizado la dopamina en algunas situaciones de especial gravedad sin que hayan observado daños en el feto. En cualquier caso, la utilización de la dopamina solo debe hacerse en caso de no existir otras alternativas más seguras.

Por lo que respecta a la lactancia se desconoce si esta se excreta en cantidades significativas en la leche materna. Tal y como sucede en el embarazo, la recomendación es no administrar este medicamento o plantearse la suspensión de la lactancia si el tratamiento con dopamina resulta imprescindible.

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