La clorofila es un pigmento de color verde que puede hallarse en las cianobacterias y en los cloroplastos de las células eucariotas, tal como sucede en el caso de las plantas y las algas. La clorofila es esencial en la fotosíntesis, proceso que se caracteriza por una serie de reacciones mediante las que las plantas sintetizan glúcidos o hidratos de carbono, obteniendo su energía a partir de la luz del sol, con la participación del dióxido de carbono y el agua. La clorofila fue descubierta por los franceses Pelletier y Caventou en 1817, cuando lograron aislarla de las hojas de una planta.

La clorofilina es un compuesto obtenido de la clorofila y que, a diferencia de esta, se disuelve en el agua, aunque conservando las mismas propiedades de la primera. Tanto la clorofila como la clorofilina se pueden utilizar como suplemento nutricional.

Beneficios de la clorofila

La clorofila es un antioxidante muy efectivo, oxigenando y desintoxicando las células. Refuerza el sistema inmune y actúa como desinfectante, estimulando la cicatrización de los tejidos dañados.

Ampliamente difundida es su capacidad como agente desodorizante, siendo muy eficaz para combatir el mal aliento provocado por el tabaco, el alcohol y ciertos alimentos, así como los problemas de olor provocados por la transpiración. También puede reducir el olor de la orina y de las deposiciones fecales.

La clorofila incide positivamente en el sistema circulatorio, en el hígado y los riñones, haciendo lo propio con la actividad intestinal, actuando como coadyuvante en situaciones de estreñimiento. La clorofila es un buen aliado a la hora de combatir la anemia.

Aunque no se ha comprobado su efectividad en humanos, la experimentación animal ha demostrado que ayuda a disminuir los niveles altos de colesterol y triglicéridos. Sus propiedades anticarcinogénicas y antimutagénicas convierten a la clorofila en una sustancia protectora ante ciertas toxinas, ayudando también a minimizar los efectos adversos que pueden ocasionar la administración de algunos medicamentos.

Tipos de clorofila

La clorofila se divide esencialmente en dos tipos; la clorofila a y la clorofila b. La clorofila a, cuya fórmula química es C55H72O5N4Mg, es la más frecuente, ya que constituye alrededor del 75% del total, mientras que la clorofila b, cuya fórmula es C55H70O6N4Mg, se halla presente en plantas, algas y algunas cianobacterias.

Existen otros tipos de clorofila, presente en mucha menor medida, que se encuentra en las algas rojas y algas primitivas. Es la clorofila tipo c1 y c2. Aún encontramos otro tipo, la clorofila d, que solo aparece en una especie de alga marina y en la cianobacteria Acaryochloris marina.

La clorofila en alimentos y suplementos

La clorofila se obtiene a partir de la ingesta de productos como las acelgas, espinacas, espárragos, col, lechuga y otras verduras. Pero también se puede obtener mediante suplementos en tiendas naturistas. No se aconseja su utilización en personas que presenten sensibilidad a alguno de sus componentes. Como efecto secundario se puede destacar el cambio de color que puede producirse en la orina o en las heces. Los suplementos pueden tomarse de diversas maneras. Una forma muy nutritiva y depuradora consiste en un licuado a partir de 5 guayabas o equivalente en piña, dos cucharadas de avena, una de polen, miel, 3 vasos de agua y 3 cucharadas soperas de clorofila. Es aconsejable tomarlo por la mañana, en ayunas.

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